Cumbre Cristina-Lula por las barreras

El anuncio de la jefa de Estado, sobre el cierre de la jornada, apaciguó los ánimos. Antes, los ministros Débora Giorgi y Amado Boudou habían criticado con dureza a Brasil. "No se va a tolerar" que se frenen los productos perecederos, alertó el jefe de Economía.
Los gobiernos de Argentina y Brasil volvieron a amplificar su disputa por las trabas al comercio bilateral. La ministra de Industria, Débora Giorgi, aseguró que "no existen" las restricciones locales a las cuales la administración de Lula dijo haber respondido bloqueando envíos en la frontera. Y agregó que la Casa Rosada "no privilegia el ingreso de productos chinos" respecto de los provenientes del mayor socio del Mercosur, como denunció el ministro de Planeamiento vecino, Paulo Silva. El ministro de Economía, Amado Boudou, subió la apuesta al advertir que "no va a tolerar" que se frenen productos perecederos de exportación. Pero desde Chile, la presidenta Cristina Kirchner intentó bajarle el tono y adelantó que mantendrá "una charla" con Lula para pulir diferencias.

"Vamos a tener una reunión con Lula y vamos a poder arribar a una conclusión acorde con los intereses del Mercosur. Vamos a charlar con Lula sobre mecanismos no contemplados en el Mercosur", dijo Cristina antes de concluir por la noche su gira trasandina, aunque no dio detalles sobre cuándo sería el encuentro.

La escalada bilateral comenzó la semana pasada, cuando las trabas brasileñas empezaron a regir y dejaron varados a transportistas de ajo, aceites, trigo, vinos y alimentos elaborados. El martes último, el vicecanciller Alfredo Chiaradía convocó al embajador vecino, Mauro Vieira, y le transmitió que consideraba el hecho "inaceptable". Pero tal como informó el miércoles Crítica de la Argentina, el enviado de Lula ratificó las medidas y las adjudicó a que la Argentina empezó antes a reclamar las autorizaciones conocidas como "licencias no automáticas".

Desde Chaco, Giorgi dijo ayer que "no existen licencias no automáticas (que se entreguen con demoras) de 150 días a Brasil". Así respondió a Paulo Silva, quien había denunciado el jueves en un encuentro empresarial en Mar del Plata que mientras los permisos brasileños de paso tardaban 15 días en otorgarse, los argentinos demoraban diez veces más.

Giorgi enfatizó que "no existe de ninguna manera desvío de comercio en detrimento de Brasil y a favor de China", como sostiene el poderoso empresariado industrial paulista. Y agregó que "es justamente al revés, porque en los productos a los que se aplican licencias no automáticas, Brasil ha ganado participación relativa respecto de China".

Los permisos que exige Argentina son obligatorios para el ingreso de zapatillas, ojotas, telas, electrodomésticos y ropa. Como se piden sin importar de dónde provengan los embarques, los demás socios del Mercosur los consideran una traba paraarancelaria. Y Brasil decidió responder con la misma moneda pero para bienes perecederos.

"Esto es grave. Nosotros no lo vamos a tolerar", dijo Boudou. Y agregó que "es distinto decir que hay un problema con las ojotas que con la fruta".

A diferencia de los empresarios brasileños, que cerraron filas con el gobierno de Lula y defendieron los bloqueos para intentar voltear las trabas argentinas, los ruralistas de CRA sostuvieron que la decisión de Brasilia es una "respuesta a idéntico mecanismo" que aplicó nuestro país. A su juicio, "la improvisación y las medidas desacertadas en la política comercial internacional a veces vuelven como un búmeran sobre la producción nacional".

CRA también denunció "graves pérdidas" para los productores de aceitunas, cebolla y aceites, muchos de los cuales sólo son adquiridos por el principal socio del bloque sudamericano. Y recordó que aunque la Presidenta se había comprometido en el G-20 a "no tomar medidas proteccionistas", ahora "parece borrar con el codo lo que había firmado con la mano ante los mandatarios más importantes del mundo".

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