Cultura de la bengala y fallo a la argentina

Por: Marcelo A. Moreno

Un fallo extraordinario ha producido la Justicia argentina. Dictaminó que los integrantes de banda organizadora del recital fatal, encargada de la seguridad, la venta de entradas y la revisación de los que ingresaban al local están exentos de culpa en relación a la tragedia.

Más extraordinario resulta porque Callejeros desde hace tiempo propiciaba el lanzamiento de bengalas en sus presentaciones, casi como una forma de cultural de ceremonia rockera.

Omar Chabán -señalado chivo expiatorio desde el vamos del desastre-, a pesar de haber advertido al público aquella noche terrible sobre el horror que podía desatar la pirotecnia, se llevó la peor parte.

Y Aníbal Ibarra, destituido en su momento por su presunta responsabilidad, hoy -libre de culpa y cargo- ¿debería ser restituido en su cargo? Para las ex funcionarias imputadas las penas fueron más que mínimas.

Atrás de la devastación asoma, como telón de fondo o media sombra, una difusa ideología que privilegia la sinceridad brutal -el "aguante", el "pogo", el "mosh"- como fetiche de la autenticidad asociada a un desprecio absoluto por las formas. Formas que, en materia de seguridad, no suponen un ocioso formalismo sino la clave normativa para evitar calamidades.

No parece casual que Callejeros haya organizado el fin de semana anterior un recital al que acudieron unos 15.000 seguidores. Quizá fue un mensaje nada cifrado sobre la fortaleza de su "aguante".

Lo cierto es que luego de un largo y complejo proceso nada se sabe sobre los autores materiales de la tragedia. A pesar de los innúmeros testigos que sobrevivieron, aquellos que dispararon la catástrofe quedaron impunes y acaso libres.

Quizá permanezcan como una sombra más entre tantas sombras, atronando con su silencio el sonido feroz de un rock que celebra la muerte.

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