La culpa no es del cerdo sino...

Por: Ricardo Roa.

Cristina dejó de ser de Cristina. De pronto hace bromas, aconseja como si fuera sexóloga o dietista y hasta se permite publicitar su vida íntima. Dice que el cerdo puede reemplazar perfectamente al viagra. Y que si uno come pechuga y hace ejercicios, siente que puede volar con sus sueños, como los pollos.

Está claro que comer chancho no es afrodisíaco ni estimula el deseo sexual. Y que lo que vuela no son los pollos sino el precio de la carne vacuna, que nos está quitando el sueño: según algunos cálculos, en enero subió más de un 20%.

Esto es lo serio: la insuficiencia de la producción ganadera y la falta de una política para el sector. Por más que haya quienes se tomen al pie de la letra la asociación presidencial del cerdo con el viagra. Y si en cualquier caso la demanda llegara a crecer, será necesario producir más o aumentar las importaciones: el 35% del consumo local se abastece con compras a Brasil y Chile.

Bienvenidos sean los chistes de la Presidenta si consiguen que la dieta de los argentinos empiece a cambiar. Que se consuma menos carne de vaca y más de cerdo y pollos, algo que muchas veces se intentó sin ningún éxito.

La Presidenta cambia el discurso antes crispado, con pretensiones de erudición y modales de maestra. Lo hace luego de los resultados, pobres por cierto, que aportó la otra Cristina. Y en medio del enorme desgaste por la crisis del Central.

Cuesta pensar que la Cristina original haya salido de escena. La que no tiene vocero y usa la cadena oficial a destajo. Y levanta el dedo y amonesta a periodistas y disciplina las conferencias de prensa como si fueran clases magistrales. La que en pleno conflicto con el campo llamó yuyito a nuestro principal producto exportador. Se verá si es un cambio o un ardid, puro maquillaje.

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