Cuestión de tiempo(s)

"¿Cómo hacemos para ganar en el 2011? ¿Cómo hacemos para ganarle la presidencial a Julio Cobos y para no perder la Provincia?". Esa es la pregunta que se hacen en masa y desde hace tiempo dirigentes de todos los niveles del peronismo bonaerense alineados en el oficialismo, es decir, bajo la conducción de Néstor Kirchner. Y el interrogante tiene por ahora, también masivamente, dos respuestas: "el justicialismo tiene que llegar a esas elecciones unido" -léase, juntos los que hoy son oficialistas, los que se fueron al PJ disidente, los que se engancharon en otras opciones- y "Kirchner no puede ser el candidato a presidente".
Esa misma pregunta, para llegar a la misma respuesta -que abre instantáneamente cuestionamientos a las conducciones partidarias tanto nacional como bonaerense, y que, en cuanto a "cómo no perder la Provincia" incluyen a la gestión de Daniel Scioli- fue el fondo de la charla que mantuvo el lunes pasado un nutrido grupo de diputados oficialistas bonaerenses con el titular de la Cámara baja, Horacio González, como anfitrión de un almuerzo en una quinta de Pinamar.

Los trascendidos de lo conversado en ese encuentro funcionaron, sin embargo, como si los legisladores hubiesen lanzado una bomba neutrónica en un paisaje -el del oficialismo- armonioso, cubierto de buena onda y alta sintonía, que tomó por sorpresa a sus inocentes habitantes.

Hubo interpretaciones sobre la reunión que la presentaron como una rebelión; nerviosos intentos de que se desmintiera que se escucharon críticas a Kirchner, Balestrini -el vicegobernador titular del PJ provincial- y Scioli, que se tradujeron en un comunicado de cinco de los 22 diputados asistentes al almuerzo no sólo negando cuestionamiento alguno sino cubriendo de elogios altisonantes al ex Presidente y al Gobernador; y una caza de brujas sobre quiénes "habían hablado", que derivó en rumores que aludían al malestar de "Olivos" con González y a la concentración de la ira de Kirchner sobre el jefe del bloque de diputados oficialistas, Raúl Pérez, y la presunta orden de desplazarlo.

Lo cierto es que unas cuantas decenas de intendentes, legisladores y referentes territoriales y partidarios del peronismo bonaerense, por no decir todos porque siempre hay excepciones, desgranan las mismas críticas a los líderes partidarios, y se plantean la misma inquietud sobre las próximas elecciones, cada vez que dos o más de ellos se sientan a una misma mesa.

Sin diferencias sustanciales con lo que en el oficialismo se denomina "el proyecto", las objeciones a Néstor Kirchner en el plano político suelen coincidir, desde esas miradas, en su concentración de poder y en no sólo la ausencia de debate y participación en las decisiones en el seno del partido, sino la creciente furia con que desde Olivos se sale a cortar cualquier diferenciación, matiz o "intento de crecimiento" que despunte en el peronismo. Las críticas alcanzan, así, a los ejecutores de esa línea política en la Provincia, el gobernador Scioli y su vice Balestrini.

En el plano gubernamental, en tanto, los mayores cuestionamientos sobre la administración nacional recaen sobre lo que definen como "el estilo", la "falta de diálogo" y, más aún el "espíritu confrontativo" con que se desarrollan las políticas desde la Casa Rosada. Con relación a la administración de Scioli, en cambio, la mayoría de los dirigentes rescatan justamente su "estilo" y "actitud dialoguista" y concentran sus preocupaciones en algunos aspectos de la gestión.

NADA NUEVO POR AQUI

De este estado de revulsión en el peronismo provincial ya hubo señales antes de los comicios del 28 de junio pasado. Algunos dirigentes habían percibido durante la campaña que la relación de los Kirchner con la sociedad bonaerense se deterioraba aceleradamente. Pero después de la derrota en esas elecciones el proceso de debate interno y de búsqueda de recomposición ante la sociedad se hizo masivo.

Suena a inevitable en un universo de dirigentes que, según sostienen, no sólo no pudieron aportar una coma al diseño de la estrategia electoral, al discurso proselitista ni al formato de la campaña, sino que además sostienen que recibieron la presión de Kirchner y de Scioli para ser candidatos "testimoniales" en esos comicios. Y de la derrota, a manos de Francisco De Narváez, de la lista que encabezaron el ex Presidente y el Gobernador, a la búsqueda de "candidatos ganadores" para el 2011 hay una derivación tan instantánea que no es necesario explicar.

Por eso, quienes conocen la situación del oficialismo bonaerense no se sorprendieron por el contenido ni el tono del almuerzo de los diputados bonaerenses en Pinamar, tan parecido a tantas otras reuniones de tantos otros dirigentes. En todo caso, lo que resulta más sorprendente es, por un lado, que se demoren tanto las manifestaciones públicas de ese estado de cosas; y por el otro, el aire de distraídos y el silencio con que reacciona el resto de la dirigencia, por no hablar de los que salen a tapar el sol con las manos.

La explicación de esa "lentitud" pasa, en un entramado complejo, por algunos ejes clave. El debate abierto en el oficialismo no incluye la idea de rebelión ni de ruptura con gobiernos -el nacional y el provincial- a los que consideran propios; y de hecho, si de los legisladores se trata, han votado todas las leyes que les ha pedido Scioli y hace apenas unas semanas adecuaron la reforma electoral al planteo de Kirchner, pese a las diferencias que tenían en esa materia. La idea que se va imponiendo en este sector no es irse, sino sumar a los peronistas que ahora están afuera del esquema partidario. Otro eje es la dependencia financiera de los intendentes del gobierno nacional, no sólo para hacer obras sino aún, en muchos casos, para pagar sueldos y proveedores; dependencia que Olivos ata a que no haya voces discordantes. Y en esa situación, la clave es el tiempo. Para la mayoría de los dirigentes, está en marcha un proceso que no ha alcanzado su punto de maduración. Pero para la mayoría, también, es un proceso irreversible.(Fuente: EL DIA)

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