Cuestión de fondo(s)

En un paisaje en el que todo funciona a media máquina, vacaciones mediante, y en este enero especialmente caluroso, las dificultades financieras de la Provincia no se toman, sin embargo, descanso, traducidas en reclamos de proveedores y prestadores de los más diversos rubros, y en un clima de preocupación en algunos despachos oficiales -no en todos- que también va en aumento. Y en estos días quedó claro que, desde ahora y durante varias semanas, esta problemática se verá centralmente expresada en las negociaciones salariales con los gremios docentes.
La trascendencia capital de la negociación por los sueldos con maestros y profesores está a la vista. Los gremios docentes no lo dicen oficialmente pero piensan sentarse a la mesa con un pedido de aumento del 20%. Y la mejora que se conceda a ese sector será tomada como parámetro por los sindicatos de las restantes áreas de la Administración pública provincial y de los otros Poderes; un universo -docentes incluidos- cercano a los 500 mil empleados.

En el propio Gobierno, entonces, aunque descartan de plano -al menos por ahora- que el incremento que se otorgue llegue al 20%, estiman que el costo global de la mejora salarial para este año podría rondar los 3 mil millones de pesos. Una cifra significativa que irá a engrosar los 10.700 millones de necesidad de financiamiento que ya prevé el Presupuesto de gastos y recursos de la Administración bonaerense para este año.

NUNCA ES FACIL

Las negociaciones salariales con los docentes siempre han sido un capítulo complejo. Algunos datos lo explican. La Provincia tiene cuatro millones de escolares sobre 10 millones de todo el país; y ni siquiera hay un número absolutamente exacto de su cantidad de educadores, pero supera los 300 mil, un tercio de los que tiene el país. Estos números alcanzan para entender la relevancia del sector en factores tan disímiles que van desde su peso en el Presupuesto estatal, hasta la calidad educativa en que se desarrollen cuatro de cada diez argentinos, pasando por la crisis en el funcionamiento familiar cotidiano que generan a millones de bonaerenses los paros docentes que suelen formar parte de las discusiones salariales.

Desde esas condiciones permanentes, las partes llegarán a la negociación de este año con una fuerte acumulación de reproches y tensiones. Los gremios docentes se sentarán a la mesa con la carga del frustrado intento de obtener un aumento de sueldos ya en el último trimestre del 2009; con el enojo por los descuentos sobre los salarios de los días de paro, molestos por el veto de una ley que disponía el pago de un premio a un grupo de jubilados que se quedó sin ese beneficio por haberse retirado durante la emergencia económica de hace unos años.

Llegarán también los docentes a la discusión con una bronca nueva: juran que el Gobierno se había comprometido a hacer la primera reunión paritaria para el 20 de este mes, pero ese día pasó y ni siquiera han sido convocados para una fecha cierta.

El clima no es menos tenso del otro lado del mostrador. La administración de Daniel Scioli se sentará a negociar con un sector que el año pasado, como metodología para este tipo de discusiones, aplicó diez días de paros, cinco para forzar el aumento salarial que finalmente se dispuso en marzo, luego de que las clases comenzaran demoradas por esas medidas de fuerza, y cinco durante el último mes del ciclo lectivo.

RECUERDOS DEL FUTURO

Lo cierto es que, por ahora, esas tensiones están estallando hacia adentro del propio equipo de gobierno, que el viernes protagonizó marchas y contramarchas sobre la convocatoria a los gremios para iniciar la discusión paritaria incomprensibles para quienes habiten fuera de los muros del Palacio de la calle 6.

Ese día, el titular de Educación, Mario Oporto, arrancó anunciando que el lunes se comunicaría con los sindicalistas para fijar una fecha de reunión que sería en el transcurso de esa misma semana. El anticipo fue ratificado por la tarde por órganos de la Gobernación. Pero cuando anocheció, desde la Jefatura de Gabinete se comunicó que no había convocatoria ni fecha para iniciar la paritaria docente.

No sería la primera vez que la relación con los gremios docentes hace crisis hacia adentro del gobierno bonaerense. En marzo del 2007, el ministro de Economía, Gerardo Otero, que encabezaba la negociación con los maestros -la titular de Educación era Adriana Puiggrós, que se preservaba de esas discusiones-, renunció a ese cargo porque el gobernador de entonces, Felipe Solá, aceptó la orden de la Casa Rosada -Daniel Filmus era en aquellos días el ministro federal de Educación- de otorgar un aumento salarial superior al que Otero sostenía que la Provincia podía conceder, en el marco del déficit global y de una necesidad de financiamiento que iba a rondar en ese 2007 los 4.400 millones de pesos.

También habría un "toque nacional" en las contradicciones del viernes pasado. El ministro de Educación de esa esfera, Alberto Sileoni, todavía no le puso fecha al arranque de la paritaria nacional y en la Rosada no querrían que las provincias comiencen a discutir antes. Pero en la gestión de Scioli, la cara visible de la negociación es el responsable de la cartera educativa, Oporto, quien por estas horas evaluaría plantear mañana en la Gobernación que cumplirá con su promesa de llamar ese día a los gremialistas y convocarlos a una reunión -que podría ser informal, y no oficialmente un plenario paritario- para antes de que termine la semana. Creería el funcionario que "la necesidad de no demorar el diálogo será comprendida". Y si no... (Fuente: EL DIA)

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