Cuesta hasta $ 600 el alquiler en la villa 31

Cuesta hasta $ 600 el alquiler en la villa 31
Es lo que se paga por una pieza; la mitad de las propiedades nuevas son para arrendar o para vender
Por la ventana del tercer piso donde vive Marlene puede verse la estación de Retiro y, más allá, las torres del centro porteño.

Esa vista quizá sea el único privilegio de la precaria habitación que alquila esta joven peruana en la villa 31. Sin embargo, paga $ 400 por mes.

En medio de la polémica por la prohibición de nuevas construcciones en el asentamiento de Retiro, los precios de los alquileres siguen aumentando.

Según los delegados y referentes sociales del lugar, en las villas 31 y 31 bis, hoy se puede llegar a pagar hasta $ 600 por el alquiler mensual de una habitación.

A pocas cuadras de allí, en Barrio Norte, es posible conseguir un monoambiente, con baño incluido, por poco más de ese precio, según averiguó LA NACION en inmobiliarias de la zona .

"Mucha gente construye un cuarto más encima de su casa y lo alquila para hacerse de unos pesos", coinciden los delegados consultados por este diario.

Es que el crecimiento demográfico de la villa es tal que nadie quiere quedarse fuera del negocio inmobiliario. Según las cifras oficiales, la población de las villas 31 y 31 bis creció el 20 por ciento el último año y ya supera los 40.000 habitantes.

En el gobierno porteño reconocen que los buenos dividendos que se obtienen por los alquileres son una de las principales causas tanto del crecimiento vertical como de la usurpación de terrenos en desuso.

El mecanismo

"La mitad de las construcciones nuevas son para alquileres o ventas. La gente ocupa un terreno, levanta una casita y luego la alquila", sostiene una fuente del gobierno porteño que sigue diariamente la problemática de la villa 31.

Frente al crecimiento desmesurado y ante los riesgos de hacinamiento y derrumbes, el gobierno de Mauricio Macri presentó una denuncia ante la Justicia, que resolvió instar al gobierno nacional (dueño de las territorios fiscales) a prohibir el ingreso de materiales para nuevas construcciones.

Luego de arduas negociaciones, ambos gobiernos llegaron un acuerdo: hoy, los cinco accesos principales al asentamiento están controlados por inspectores municipales que trabajan junto a miembros de la Policía Federal para que no ingresen más materiales.

Ladrillo a la vista

Según estima un equipo de arquitectos del gobierno de la ciudad, construir un piso adicional en una vivienda cuesta, como máximo, $ 5000.

La construcción de una habitación grande (5 x 5 metros) es tan sencilla como económica: primero, sobre el techo de una planta baja se levantan cuatro columnas hechas in situ , es decir, con moldes de madera que son rellenados con hormigón y hierro.

Luego se hace el piso, que está hecho sobre la base de viguetas de hormigón, ladrillos de telgopor y hierros cruzados. Sobre eso se aplica una carpeta de compresión. Las cuatro paredes son, por lo general, de ladrillo hueco, revocadas sólo en el interior.

De ahí el color rojo que domina cada vez más la vista panorámica del asentamiento.

¿Cuánto demora una obra de estas características? "Quince días", responden los arquitectos.

"Vivimos acá desde hace un año con mi marido. Pagamos más caro, pero es mejor que vivir adentro", dice Marlene.

"Adentro" significa "en las profundidades de la villa", donde no cualquiera puede alquilar una vivienda. "Hay códigos; hay que pagar derecho de piso, antigüedad...", enumera un vecino.

El ejemplo más contundente del florecimiento inmobiliario en el asentamiento de Retiro quizá sea el edificio de cinco pisos conocido como "el Sheraton", ubicado sobre la calle que linda con la terminal de ómnibus.

Su propietario, Carlos Adrián, asegura que no alquila ninguna de las diez habitaciones, aunque el tamaño del edificio invita a sospechar.

Antonio es otro de los habitantes que, empujado por la necesidad, tiene que pagar $ 350 mensuales para alquilar una habitación.

Hasta su piso se sube por una escalera caracol externa, de hierro, soldada sobre un poste delgado como el de un arco de fútbol. Con cada pisada, los escalones se estremecen.

"Para vivir acá, tenés que ser normal. ¿Qué es normal en la villa? Ser ciego, sordo y mudo", explica Antonio, con una sonrisa, sentado en su habitación.

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