Cuesta arriba.

En otro día de clima adverso, Cabrera y el Pigu Romero tuvieron una tarea aceptable, pero están a varios golpes de la punta; el Gato Romero, al margen.
El 109° US Open quedará en la historia como el torneo que luchó incansablemente contra las condiciones climáticas. Cuando el cielo abrió un resquicio, el golf fluyó sobre la castigada cancha de Bethpage Black. Pero la bendición del buen tiempo siempre fue breve: invariablemente la tormenta volvió a hacer de las suyas y lo interrumpió todo, como también sucedió ayer. De todas maneras, la idea original se respetará a rajatabla y no habrá un campeón hasta que se completen los 72 hoyos.

Entre las contramarchas se mantienen en pie Angel Cabrera y Andrés Romero, aunque Eduardo Romero se despidió luego de no haber superado el corte clasificatorio. Fue el adiós para el jugador más veterano del torneo (54 años), que totalizó 147 (+7), a 3 del límite.

Tal como se acomodó el tablero hasta aquí, la certeza es que al campeón del Masters y al tucumano se les hará muy cuesta arriba ingresar en la lucha directa por el título. Es verdad: apenas se jugaron unos hoyos de la tercera vuelta y todavía falta mucho, pero los números son incontrastables. El dato concreto es que el Pato (+3) observa la punta a 11 golpes de distancia, mientras que Pigu (+5) marcha a 13, luego de que ambos jugaran apenas el primer hoyo de la tercera ronda, suspendida en sus albores por un diluvio. Hubo risas cuando una cámara enfocó a un señor muy mayor como único habitante de una enorme tribuna, estoico con su piloto negro, esperanzado por una reanudación que nunca llegó.

Al menos, el torneo se puso ayer al día con la culminación de la segunda vuelta, que les dio la clasificación a 60 golfistas entre 156. La curiosidad es que el primero y el segundo tras los 36 hoyos son familiares de ex jugadores de la NFL de fútbol americano. El padre de Ricky Barnes (132 golpes, -8), Bruce, actuó en New England Patriots, mientras que el abuelo de Lucas Glover (133, -7), Dick, defendió los colores de los Pittsburg Steelers.

Los argentinos salieron a jugar ayer con la presión de semejantes scores grabados en el leaderboard, que provocaron un corte bastante más exigente. Encima, Cabrera vivió otra vez la experiencia de compartir el grupo con Tiger Woods (+3, igual que el Pato) y el irlandés Padraig Harrington. Esto tiene sus ventajas y desventajas: es el desafío de codearse con los más encumbrados y el riesgo de estar en una atmósfera que en algún momento deviene en un desmadre. Jugar al lado del N° 1 es presenciar un tributo permanente del público hacia él a lo largo de 18 hoyos y, a la vez, ser partícipe de una fiesta del golf única. Pero, además, es soportar algún exabrupto derivado del exceso de cerveza. Hubo gritos de una mínima parte del público que molestaron a Cabrera y que lo sacaron de foco, aunque el propio Tiger se enojó con simpatizantes que se pasaron de la raya con él. En ese microclima el Pato construyó un recorrido de 69 golpes (-1) basado en un drive fiel y aciertos continuos al green. Al dueño del saco verde -que no le gusta excusarse con el mal comportamiento de la gente- le quedó el lamento de algunos putts errados por muy poco y el bogey en el hoyo 9, el último de la segunda vuelta porque salió del 10.

"Todavía estoy en carrera, faltan 36 hoyos. En el golf puede pasar cualquier cosa. Así como Barnes está -8 y yo +3, se puede dar al revés. ¿Por qué no? Falta mucho, éste es el US Open y me siento con chances", dejó en claro Cabrera, que ya ha demostrado su capacidad de cargar desde atrás. Aunque no tan desde atrás.

En tanto, Andrés Romero se reencontró con viejas y buenas sensaciones en sus golpes y no pasó mayores sustos para continuar vigente en este Major, sostenido con una vuelta en el par de la cancha (70). El Novato del Año 2008 en el PGA Tour revalidó su saludable costumbre de avanzar siempre en los torneos de Grand Slam, que parecen motivarlo especialmente. "Hacía mucho tiempo que no jugaba así, sobre todo porque tuve muchas oportunidades para birdie, algo que no me pasaba desde hace rato", dijo contento.

Luego de varios debates, y con la mirada siempre clavada en esas nubes amenazantes, la USGA decidió que lo mejor, finalmente, era proseguir ayer con el desarrollo de la tercera vuelta desde las 17.30. En el rearmado de las parejas, a Pigu le tocó con Tiger Woods y a Cabrera con el surcoreano K. J. Choi. Desafortunadamente, Romero tropezó con un doble bogey en el único hoyo que jugó, mientras que Cabrera firmó el par también en el primer capítulo. A continuación, lo de siempre: el regreso de la lluvia y los paraguas que volvieron a abrirse para dejar al US Open en veremos. El tozudo señor de la tribuna siguió allí hasta que vio que se habían ido todos, incluidos los golfistas.

132 fueron los golpes de Ricky Barnes en dos vueltas: Es el récord para 36 hoyos en la historia del US Open. La anterior marca (133) había correspondido a Jim Furyk y Vijay Singh, en el certamen de 2003, en Olympia Fields.

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