Cuentas que quedan para el mediano plazo

Por Hernán de Goñi

El cierre anual de la recaudación tributaria, que se conocerá hoy, es uno de los escasos datos positivos con los que terminará el año económico. El número rondará los $ 304.000 millones, casi en línea con la meta fijada en el Presupuesto.

Está muy por debajo de lo alcanzado el año previo, ya que los efectos de la crisis (recesión interna y caída del comercio exterior) se hicieron sentir con fuerza en las arcas del Tesoro. El único factor que contribuyó a sostener los ingresos del sector público fueron los aportes de las desaparecidas AFJP, que el Ministerio de Economía comenzó a registrar como fondos corrientes de la seguridad social desde el último mes del 2008.

Lo que no hubo en estos meses fue prudencia en la administración del gasto. El Gobierno perdió así dos de los pilares sobre los que definió su modelo. El superávit comercial se lo llevó puesto el parate en el comercio global. Y el superávit fiscal fue sacrificado en el altar de las políticas contracíclicas. Esta decisión tuvo efectos positivos, algo que no puede dejar de reconocerse. El aumento del empleo público sirvió para compensar parcialmente la pérdida de puestos en el sector privado. Y la enorme cantidad de fondos derivada por el Estado en obras de infraestructura y subsidios a familias y empresas, sirvió para sostener el consumo y la actividad económica.

Pero esto no es gratis. Muchas de estas políticas se financiaron con recursos extraordinarios (las utilidades del Banco Central y la ANSeS, y el aporte que hizo el FMI). El problema que deja hacia adelante es un piso de gasto público difícil de reducir y la necesidad de contar cada año con más recursos corrientes o con nueva deuda. Una cuenta que quedará para saldar después de 2011.

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