Una cuenta muy difícil de resolver.

La presentación mediática de los resultados será tan importante como la cantidad de votos que cada uno de los frentes que compiten en las elecciones obtenga el próximo domingo.
El problema no se simplificará poniendo sólo el acento en la cantidad de bancas y sufragios conseguidos o en el número de bancas perdidas con respecto a la composición actual del Congreso, que en el primer caso llevaría a decir que ganó el kirchnerismo y en el segundo, lectura que postula la oposición, que perdió. El tema más controversial será cómo se determina a qué fuerza nacional se le suman los votos en cada provincia donde no hay alineamientos unívocos.

El Frente para la Victoria va con ese sello en 16 distritos, pero en otras provincias el oficialismo nacional es representado por el Partido Justicialista o por frentes con otros nombres de ocasión. Sin embargo, también el PJ presenta en algunos distritos candidatos que son opositores al kirchnerismo. Y en algunos casos hay más de una boleta kirchnerista en la misma provincia, además de listas espejo, es decir que tiene los mismos candidatos con distinto nombre.

El kirchnerismo presenta candidatos en más de una lista que sumarán sin duda al total nacional en Jujuy (FPV y Frente Unión por Jujuy), La Pampa (PJ y Frente Amplio) y Misiones (Frente Renovador de la Concordia –del gobernador Maurice Closs– y Frente Justicialista). En Jujuy hay una tercera lista (Frente Primero Jujuy, de Carlos Snopek) que no se alinea con el gobernador kirchnerista Walter Barrionuevo, y se mantiene en la ambigüedad respecto del gobierno nacional. Snopek dice que votará con el oficialismo, salvo en los proyectos en los que no esté de acuerdo personalmente. Es probable que forme un bloque unipersonal, pero eso se sabrá recién el 10 de diciembre.

Otro caso se da en Santiago del Estero, donde competirá el oficialista Frente Justicialista para la Victoria, pero también el Frente Cívico por Santiago, que lidera el gobernador radical K Gerardo Zamora. Sus votos bien podrían ubicarse en la suma del kirchnerismo o en la de los aliados, como ocurre también con el Movimiento Popular Neuquino.

Una situación más compleja para interpretar es la que se plantea en Río Negro. El PJ lleva candidatos kirchneristas y en ese caso no hay dudas. Pero la lista del también gobernador radical K Miguel Saiz, Concertación para el Desarrollo, incluye radicales tanto oficialistas como opositores a nivel nacional.

Si el kirchnerismo presenta estas complejidades, una trama mucho más enrevesada tiene el Acuerdo Cívico Social, donde la UCR, la Coalición Cívica, el Partido Socialista y la Concertación Federal de Julio Cobos presentan la alianza completa en muy pocos distritos. En otros compiten un par de ellos contra otro par y en algunos la UCR, el PS y el ARI van con listas propias. También hay lugares –los más importantes son la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires– donde esos partidos no adhieren a la alianza que sellaron Elisa Carrió, Gerardo Morales y Julio Cobos.

Aun con esas dificultades para una interpretación sencilla, se puede desenredar el ovillo hasta admitir en 13 distritos el esquema del Acuerdo Cívico y Social como algo más o menos homogéneo. Los líderes de ese espacio dicen que conformaron frentes en 16 provincias, pero la constatación de Página/12 llegó a 13, porque hay lugares donde la UCR va con boleta propia y la alianza la sostienen el ARI y el PS y en otros esos dos partidos compiten cada uno por su lado.

Los distritos que se pueden sumar en una única columna al Acuerdo Cívico y Social son Buenos Aires, Santa Fe, Formosa y Santa Cruz. También en Corrientes, aunque allí los radicales de Cobos van en otra lista; en Capital Federal, Entre Ríos y Mendoza, pese a que el PS va con boleta propia en esos tres distritos; y las provincias donde la alianza es sólo entre la UCR y el PS como Chaco, Jujuy, La Pampa, Salta y Tucumán, lugares donde el ARI no se sumó pero tampoco se opone.

Distinto es el caso de Catamarca y San Juan, donde la UCR y el PS también formaron alianza pero con la oposición del ARI, que se bajó de las listas.

En dos provincias, Neuquén y San Luis, el frente es entre el ARI y el PS, mientras que la UCR compite sin socios. Algo similar sucede en Córdoba, donde esos dos partidos se sumaron a la Alianza Frente Cívico de Luis Juez y el radicalismo es el principal rival, con sus propios candidatos.

En Chubut, La Rioja y Tierra del Fuego, radicales y aristas van por su cuenta y los socialistas no compiten. En Misiones y Santiago del Estero se enfrentan la UCR y el PS y el que no lleva listas es el ARI. Y en Río Negro las tres fuerzas van con listas propias.

Ante este embrollo de alianzas y no alianzas, ¿intentarán los referentes nacionales del Acuerdo Cívico y Social sumar todo en su cuenta, más allá de los 13 distritos donde se conformó el frente?

La ecuación con el PRO, más allá de alianzas distritales, es más simple. Presenta listas en 9 distritos, aunque en la mayoría de ellos lleva expresiones del peronismo que quedó afuera del kirchnerismo más que fuerzas liberales, como en Misiones, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán.

Sin embargo, va a ser imposible contabilizar los votos de Macri y de Cobos en Corrientes ya que se integran en el Frente de Todos. Y en Mendoza el PRO hizo alianza con el Partido Demócrata, pero los seguidores de Felipe Solá se sumaron al Frente Cívico y Social de Cobos, la UCR y el ARI.

Por último, sin conformar una fuerza propiamente dicha, habrá un rubro para los peronistas no alineados ni con Néstor Kirchner ni con Mauricio Macri, como lo son Adolfo Rodríguez Saá, que con su partido Es Posible se presenta en 6 provincias; Juan Schiaretti en Córdoba; Carlos Reutemann en Santa Fe; Juan Carlos Romero en Salta; Ramón Saadi en Catamarca; y Augusto Alasino y Héctor Maya, que encabezan listas en Entre Ríos.

La cuenta final del 29 de junio –aunque esté consensuada por un congreso de matemáticos con posgrados en politología nacional– es muy difícil que deje conformes a todos los jefes políticos, porque en medio de tanto ruido será fácil tentarse con llevar a la canasta propia votos que quizá no les pertenezcan.

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