El Cucaiba desembarcó en Pergamino para intentar una ablación de órganos

El martes a la noche y a partir del reporte de un caso de muerte cerebral en el Hospital San José, profesionales del Centro Unico Coordinador de Ablación e Implante llegaron para realizar las pruebas de confirmación del diagnóstico y evaluar el estado general del donante. El procedimiento no pudo concretarse en función de la existencia de compromiso renal en el paciente, un joven cuya familia había tomado la decisión de ser donante.

Aunque el procedimiento finalmente no pudo realizarse, el martes por la noche desembarcó en Pergamino un equipo de profesionales del Centro Unico Coordinador de Ablación e Implante de la provincia de Buenos Aires (Cucaiba) con el propósito de evaluar el estado de un paciente internado en el Hospital San José con un cuadro de muerte cerebral y potencial donante de órganos, a partir de la decisión de su familia.

Notificada la situación, un primer contingente de profesionales llegó por vía terrestre hasta el nosocomio para efectuar las primeras pruebas en un joven con diagnóstico de muerte cerebral producto de una herida de arma de fuego. Luego, entrada la madrugada de ayer otro grupo de profesionales, lo hizo por vía aérea para completar las pruebas que indican protocolos específicos y terminar de definir la viabilidad o no de realizar la ablación en función del estado general de mantenimiento del paciente.

En diálogo telefónico con LA OPINION, el doctor Sebastián Caldentey, jefe del Servicio de Terapia Intensiva del Hospital San José, confirmó que "efectivamente desde el Hospital pedimos la presencia del Cucaiba, que inmediatamente envió a sus profesionales para concretar las pruebas que deben efectuarse para determinar si el operativo de ablación podía o no realizarse".

"Esto ocurrió el martes a la noche, pero luego de evaluar al paciente determinaron que no podía concretarse el procedimiento en virtud de que detectaron compromiso en algunos órganos, una situación muy común, que impedía la realización de la ablación", agregó Caldentey, que destacó "el profesionalismo y la excelente disposición de los profesionales del Cucaiba que hicieron todos los intentos y evaluaron minuciosamente la posibilidad, atendiendo a que se trataba de un paciente joven que había entrado en muerte cerebral hacía un par de días".

"El compromiso de órganos como los riñones, a los que hay que mantener bajo determinadas condiciones, frustró la posibilidad de que se concretara el operativo, a pesar de la celeridad con la que se actuó desde que la familia prestó su conformidad a donar los órganos", explicó el jefe del Servicio de Terapia Intensiva del Hospital San José, que agregó que "cuando llegaron los profesionales para certificar la muerte encefálica ya era tarde".

Un engranaje complejo

El dispositivo para evaluar la posibilidad de una ablación supone la puesta en marcha de un engranaje complejo desde el punto de vista sanitario. Cuando en alguna Terapia Intensiva hay una persona con un cuadro de muerte cerebral, se hace la denuncia a la jurisdicción, en este caso al Cucaiba, que inmediatamente manda al equipo de neurólogos, enfermeras y terapistas para certificar la muerte encefálica, que es un criterio indispensable para ser donante y para confirmar que se trata de un donante apto.

Como el corazón sigue latiendo por instinto, y artificialmente se lo mantiene con el respirador y se suministran drogas para mantener la presión arterial, es un estado que no puede durar mucho y eso hace que la tarea deba ser sumamente rigurosa. Una vez que el equipo de profesionales especializados certifica la muerte, que no es un diagnóstico que se hace en un minuto porque se cumple con períodos de hasta seis horas para hacer las evaluaciones correspondientes, otro equipo concreta la ablación cuando el estado de los órganos del paciente es apto.

En esa evaluación previa se atienden, además de los aspectos neurológicos, cuestiones relacionadas con la historia clínica y el estado de mantenimiento general de la persona fallecida.

A la par de ello, cada vez que se pone en marcha un operativo de ablación ya se comienza a pensar en el posterior implante. Esto supone pensar en el receptor e iniciar una compleja búsqueda de compatibilidades, priorizando a quienes están en los primeros lugares de la lista de espera.

Cada una de estas decisiones se toma atendiendo al tiempo, que juega un rol fundamental. En este caso, y aunque la llegada del equipo del Cucaiba y el reporte de las autoridades sanitarias locales se dio en tiempo y forma, complicaciones orgánicas del paciente, producto de que el cuadro de muerte cerebral se había declarado en los días previos, frustraron el dispositivo, algo que según los propios referentes del Cucaiba sucede con frecuencia en función de que muchas veces se dilata la decisión de donar los órganos de un ser querido. En ese tiempo, en el que conviven la urgencia de una determinación, el dolor por la pérdida y todos los dispositivos que debe poner en marcha el sistema sanitario para asegurar el buen estado de los órganos, se juega la verdadera diferencia entre la vida y la muerte.

Comentá la nota