Cuba quiere que Cristina frene al chavismo y lo cuide a Obama

Cuba quiere que Cristina frene al chavismo y lo cuide a Obama
• CASTRO CREE QUE SI SE AGRAVIA A EE.UU. EN CUMBRE DE LAS AMÉRICAS, DETENDRÍA APERTURA
El Gobierno de Cuba le reclamó en las últimas horas a la Argentina que Cristina de Kirchner modere en la cumbre de presidentes, que comienza mañana, sus críticas a los Estados Unidos, y evite la «chavización» de la reunión, con el propósito de dejarle espacio a Barack Obama para que avance en las medidas de desbloqueo de las relaciones con la isla. La Presidente no dijo que no, pero una serie de oportunas enfermedades en el vértice del poder criollo le da más dramatismo a una gestión que La Habana cree es la clave para que el presidente de los Estados Unidos no reciba en la Cumbre de las Américas el trato hostil que le dio la América morena a George W. Bush en Mar del Plata en 2006.

A ese propósito, el vicecanciller de Raúl Castro, Alejandro González Galeano, visitó a Cristina de Kirchner dos veces en una semana (justificó la frecuencia de los encuentros con un «andaba de gira por la región y pasé de nuevo por acá»). Para pacificar las agresiones a su presidente, Washington ya logró que Evo Morales, maquinista de aquel tren fantasma que arribó a Mar del Plata cantando el «rulo, rulo» con el boliviano a la cabeza, acompañado por una murga que sumaba a Diego Maradona, Emir Kusturica, Manu Chao, Silvio Rodríguez, Miguel Bonasso, Víctor Heredia, Teresa Parodi y un seleccionado de piqueteros continentales. Morales ha hecho todos los esfuerzos que ahora intenta Cuba para amigarse con Washington y ya dijo que no estará en la Cumbre de los Pueblos, batucada paralela a la presidencial de Puerto España.

Lo que no quiere Cuba ahora es que Chávez se apodere del micrófono y entonces los mismos cantos antiyanquis que expongan a Obama, de nuevo, agraviado por el patio trasero, con lo cual no podría avanzar en la liberación de las relaciones. Los u$s 500 millones adicionales que recibirá Cuba este año por la reapertura de viajes y envío de remesas es un cañonazo que derrumba cualquier prejuicio político o ideológico.

La charla que mantuvo la Presidente con el vicecanciller González Galeano y el embajador en Buenos Aires, Aramis Fuente Hernández, desnudó una trama más que atrayente. Primero, que Cuba ha dejado de controlar a Chávez, seguramente por la caída del precio del petróleo que lo convertía en el gaucho rico del pueblo, a quien se le toleraban sus excesos en razón de la billetera. Por eso La Habana acude ahora al gendarme del sur que es la Argentina, que más allá de los estereotipos es uno de los socios privilegiados de los Estados Unidos en la región.

En la reunión del martes a la noche en Casa de Gobierno (de la que se disculpó el canciller Jorge Taiana porque tenía turno con el dentista -los Kirchner, especialmente Néstor- son muy contemplativos en todo lo que es odontología), el vicecanciller de Castro ponderó hasta el lagrimeo lo mucho que puede hacer la Presidente en este asunto. Contribuyeron a la emoción del instante los efectos del romadizo que sufría ya a esa hora Cristina de Kirchner, quien suspendió toda la agenda de ayer y puede demorar su partida hacia Puerto España, prevista para hoy para mañana. González Galeano destacó el rol de la Presidente en la apertura de las sesiones de la cumbre de mañana: dirá el primer discurso como representante del país que organizó la cumbre de Mar del Plata. No sólo puede sepultar los restos del destrato de su esposo a los Estados Unidos; también, y es la esperanza de los cubanos, instalar el tema Cuba como La Habana quiere. Es decir, mitigar las críticas a los EE.UU. como responsable de la crisis global, bajar el tono del rechazo al bloqueo de la economía de los Estados Unidos, y entonar los sones de una nueva era de paz y prosperidad entre los vecinos del mar de las Antillas, que también Caribe llaman.

Este rol de bastonera le importa mucho a Cuba porque quiere también apartar a Brasil como árbitro de sus relaciones con los Estados Unidos. Esto encantó al Gobierno argentino porque le permite retomar la doctrina diplomática acerca de la región, que ha sido siempre pelear para que Brasil no se convierta en el vocero de ella ante el resto del mundo. Cayó mal ayer en el Gobierno que fuera el asesor presidencial Marco Aurelio García quien anunciase la reunión entre Obama y los países de Unasur, cuando en realidad había sido una gestión entre Washington y Michelle Bachelet, presidente de turno de esa liga de naciones que soñaron Lula da Silva y Eduardo Duhalde y que es hoy una OEA de cabotaje que ni puede nombrar a un secretario (Néstor Kirchner sigue postulándose).

Halago

Para realzar el papel de la Argentina, el vicecanciller cubano destacó ante Cristina de Kirchner su actuación en la cumbre del G-20 y todas las señales de amistad que exhibió con el presidente de los Estados Unidos. Con ese antecedente, la halagó el enviado de los Castro, tiene asegurado el papel de moderadora de los exabruptos que pueden lanzar contra Estados Unidos Chávez y sus acólitos, que quieren aprovechar la oportunidad para hacer mercado-internismo ideológico. Lo menos que necesita Cuba hoy es que se repita el cuadro de 2006 y que la opinión pública de los Estados Unidos reciba noticias de maltrato a su presidente. Si eso ocurre, Obama se quedará sin espacio para avanzar en la apertura, que es la única vía que tiene Cuba hoy para remontar los efectos de la crisis internacional en su ya desvalida economía.

A Cristina de Kirchner no le disgusta este rol de controladora de Chávez, a quien ha ido apreciando menos a medida de que caía en el último año el precio del petróleo. Cuando era el prestamista único de la Argentina debía tolerar que se apoderase del micrófono en el Salón Blanco y hablara horas, o que organizase partidos políticos y agrupaciones que disputaban poder al peronismo y le causaban quejas por competencia de punteros propios.

Para los cubanos deshacerse de Chávez refleja un viejo resentimiento del hermano de Fidel hacia Chávez, motivado en razones castrenses. Raúl ha dicho que, como militar, no puede permitir que un coronel le dé órdenes a un general.

Los cubanos saben también que lo que haga la Argentina sobre Cuba es importante para Washington, que conoce la relación especial que históricamente han tenido Buenos Aires y La Habana, y que se remonta a tiempos anteriores al castrismo. Ya antes de asumir el equipo de transición de Barack Obama hizo consultas en Buenos Aires sobre el tema Cuba. En noviembre del año pasado, como contó en ese momento este diario, Dan Restrepo -hoy en el Nacional Security Council- recogió ideas en noviembre pasado de varios funcionarios argentinos. Restrepo es un norteamericano nieto del ex presidente de Colombia Lleras Restrepo, cuyo padre se quedó a vivir en los Estados Unidos. Es quien le preparó la agenda para América Latina cuando trabajaba en uno de los think tanks más importantes del Partido Demócrata, el Center for American Progress. Este Restrepo escuchó y transmitió con interés a sus mandantes una idea de diplomáticos argentinos para que el nuevo presidente mejore sus relaciones con Cuba, que es el canje de detenidos en Florida por espionaje a favor de Castro a cambio de la libertad de un grupo de disidentes. Esta idea no se ha llevado a la práctica, pero puede ser el próximo paso aperturista del presidente estadounidense hacia los Castro.

Consejos

En ese informe que levantó Restrepo en el viaje previo a la asunción de Obama se aconsejaban varias medidas cuya necesidad detectó en heredo-cubanos jóvenes de los Estados Unidos, que votaron por el candidato demócrata y que creen que ese país debe hacer gestos de apertura. Entre ellas estaban el alivio del bloqueo permitiendo los envíos de dinero y viajes a la isla, algo que la vieja guardia del anticastrismo de Florida había rechazado durante muchos años.

El cerco sobre Trinidad y Tobago lo completó el propio Fidel Castro, que no despega de la PC escribiendo «Reflexiones» que cuelga de la página «DebateCuba» transmitiendo señales más que amistosas hacia el presidente estadounidense: «No deseamos lastimar a Obama en lo más mínimo, pero él será presidente durante uno o dos períodos. No tiene responsabilidad de lo ocurrido y estoy seguro de que no cometería las atrocidades de Bush. Tras él, sin embargo, puede venir otro igual o peor que su antecesor. Los hombres pasan; los pueblos perduran», dijo hace algunas horas.

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