Cuba: los hombres se van, el cambio sigue su rumbo

Por: Oscar Raúl Cardoso

El despido de dos funcionarios esta semana no muestra una interna entre los hermanos Fidel y Raúl Castro sino la necesidad de asegurar el nuevo rumbo de la Revolución.

Era así nomás. Ahora sabemos que el ex secretario del Consejo de Ministros y el ex canciller de Cuba, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, eran "yummies" como los habían bautizado en los años 90 algunos periodistas extranjeros. Fuera de la isla es una categoría irreconocible, pero allí es la versión marxista-leninista de los yupies capitalistas de los años 80. Yupies y yummies han caído en desgracia tanto aquí como allá y el presidente Raúl Castro no es admirador de yummie alguno, dicen.

¿Quién confirmó esta condición? Pues nada menos que el comandante Fidel Castro imputando a ambos cuadros de haber hecho uso intensivo de las "mieles del poder" que nunca ganaron, agregó lapidario. Es imposible no dudar sobre el valor de la lealtad en el régimen cubano; Pérez Roque fue durante años secretario privado de Castro en el poder y luego pasó otra década como canciller de Cuba. Nadie duda de que a Pérez Roque le haya funcionado la codicia con los cambios en cuarta, sobre todo porque el propio acusado pareció confirmarlo en una carta pública en la que aceptaba su nuevo destino de ocaso. ¿Pero recién ahora es visible este rasgo? Esto exige una cuota de fe en los adjetivos del comandante que está más allá de cualquiera que no sea un genuino "zelote" del castrismo.

Varios periodistas de Clarín, entre los que estaba este cronista, compartieron hace unos años una extensa reunión con Fidel Castro; varios de sus colaboradores estaban en el cuarto y guardaban disciplinado silencio. Sólo Pérez Roque se irguió en un momento y corrigió abiertamente a Fidel quien había dejado pasar en una pregunta el término "prisionero político". "Gracias, Felipito", acotó Fidel antes de volver a su extensa respuesta. Eran los tiempos en los que Pérez Roque no desmentía cuando alguien quería halagarlo con un destino presidencial y quizá esa haya sido una de las razones de su caída. Ah... el tiempo de las mieles. Hay una tradición de la Revolución: genera importantes y sofisticados cuadros diplomáticos que son dóciles a la hora de ser despedidos como Ricardo Alarcón en 1993 y aun antes Raúl Roa García en 1977. Otro del mismo grupo, Roberto Robaina, (1999) sobrevive hoy como pintor.

Algo similar podría decirse de Lage, hasta ahora reconocido como el responsable de las finas maniobras que permitieron a la Revolución escapar a la asfixia del "período especial" que sobrevino tras la caída de la Unión Soviética. Apenas desaparecieron los contadores soviéticos, aparecieron los rusos pero con los bolsillos cocidos y los puños apretados.

Lage, que también confesó en misiva pública, parece haber elegido el ostracismo más absoluto. Presentó su renuncia al cargo de vicepresidente del Consejo de Estado, donde se esperaba que siguiera aun cuando perdió la cartera de ministro. En total lo ministerios afectados por los cambios en la cima fueron siete.

¿Qué dicen los "cubanólogos" de todo esto? Hablan de disidencias entre Raúl y Fidel que ya no se pueden esconder, una versión que hicieron circular tras su reciente visita los miembros del equipo que encabezó la presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Y también se ha ligado la información a las versiones sobre la muerte cercana de Fidel que hizo circular el Departamento de Estado. Pero conviene recordar lo que la mayoría de estos pronósticos olvidan: todo régimen quiere perpetuarse en el tiempo y en Cuba el liderazgo trabaja para asegurar la vida de la Revolución.

Los que creen que Fidel está intentado impedir el modelo chino que, dicen, Raúl admira, olvidan que el comandante fue y vino hacia el capitalismo otras veces en medio siglo de revolución. Entre 1982 y 1984 liberó zonas a la propiedad privada (casas particulares, autos de alquiler, entre otros bienes) y justificó entonces la modificación diciendo que "hacer una revolución no era barato y ésta necesita dinero". Fue durante el III Congreso del Partido Comunista Cubano cuando Fidel habló cinco horas y media sobre reformas económicas. Los precios de níquel y azúcar habían colapsado aunque no tanto como hoy.

El más reciente ejemplo fueron las gambetas a lo ideológico que llevaron a Fidel a sortear el "período especial" que paulatinamente fue transformando a Cuba en un capitalismo de Estado. ¿Por qué no pensar que estos "despidos" son necesarios para comenzar el proceso de cambio que, todos dicen, Raúl llevará adelante de modo ineluctable? Como desactivar el antinorteamericanismo estentóreo de figuras como Pérez Roque para generar condiciones de diálogo con Washington. Sobre todo ahora que hasta conservadores como el senador Richard Lugar (Republicano-Indiana) está promoviendo un levantamiento del bloqueo comercial.

No puede escapar a la percepción que Fidel fue visto en público -por primera vez desde el 2006- en los mismos días del anuncio de Raúl y luego salió a apoyar sus decisiones. Como en otras épocas convendría no subestimar a La Habana.

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