En Cuba, dudas por el embargo

Fidel Castro siempre ha estado obsesionado con los Estados Unidos. A los catorce años, en 1940, le envió una carta al mismísimo presidente Franklin D. Roosevelt, en la que le solicitaba un billete de diez dólares a vuelta de correo. El dinero nunca llegó a la escuelita de Dolores, en Santiago de Cuba, desde donde le escribió el joven Fidel a su "buen amigo Roosevelt". Fue un presagio de lo que sucedería años más tarde.
En plena Guerra Fría, y sin misivas de por medio, otro presidente demócrata, John F. Kennedy, aprobaba en febrero de 1962 un bloqueo económico, financiero y comercial a la isla por sus cada vez más estrechas relaciones con la Unión Soviética. Un bloqueo ?o embargo, en la terminología estadounidense? que se mantuvo durante 46 años y que continuará siendo el principal caballo de batalla entre el régimen de partido único y el undécimo presidente de los Estados Unidos en la era Castro.

El miércoles pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas condenaba el embargo una vez más, por abrumadora mayoría. Sólo Israel y Palau apoyaron a los Estados Unidos. Según las cuentas de La Habana, el bloqueo ha causado a la isla en todos estos años pérdidas por 93.000 millones de dólares. Pero Washington fracasó en su objetivo de tumbar al régimen, perjudicó a la mayoría de la población y entregó a Castro un arma ideológica invaluable para justificar la progresiva sovietización de la isla

"Lo coherente con el discurso de cambiar las cosas [del candidato demócrata Barack Obama] incluye levantar el bloqueo", señaló el canciller Felipe Pérez Roque al conocer la votación en la ONU. Al tachar a Obama de "respetuoso" con Cuba y al candidato republicano, John McCain, de "dinosaurio político", Pérez Roque expresó, a su manera, la postura oficial del régimen.

El ahora columnista Fidel Castro ha dedicado varias de sus "reflexiones" a las elecciones estadounidenses. De su pluma siempre punzante contra McCain se podría deducir que el octogenario ex presidente se decanta por Obama, a quien calificó de "trabajador" e "inteligente". Pero, curiosamente, las grandes crisis bilaterales de las últimas décadas las han protagonizado presidentes demócratas. En 1980, Castro le endosó a Jimmy Carter 130.000 marielitos (llamados así por haber partido del puerto de Mariel) en un abrir y cerrar de ojos. Y Bill Clinton se vio obligado a recibir a más de 30.000 balseros en agosto de 1994.

El preferido de la gente

Entre la población cubana, Obama es, sin lugar a dudas, el candidato preferido. Representa para muchos la expresión del cambio y de un posible fin del bloqueo. Pero el régimen no procesa los mensajes de la misma forma que el ciudadano de a pie. Para los sectores más recalcitrantes del gobierno, con el dogmático vicepresidente José Ramón Machado Ventura al frente, Obama supone, antes que nada, una incógnita.

El senador por Illinois ha prometido aplicar una "diplomacia directa" con La Habana y suprimir de un plumazo las leyes que restringen los viajes a la isla y el envío de remesas de los cubano-americanos a sus familiares. Es decir, darle la vuelta a la política de mano dura del presidente George W. Bush.

La invisibilidad política de Raúl Castro ha impedido a los cubanos saber qué opina su presidente sobre los planes de Obama respecto de la isla. Desde que lleva las riendas del país, hace más de dos años, Raúl ha ofrecido a Washington, en tres ocasiones, abrir un diálogo. La última vez, el año pasado, dirigió la propuesta al futuro inquilino de la Casa Blanca. Obama también se ha pronunciado en favor del diálogo. Si gana mañana, se podrá constatar el grado de compromiso de ambos gobiernos.

Con McCain en el Salón Oval, es decir, el continuismo político, La Habana podría seguir desplegando su propia agenda política, que se traduce en cambios mínimos, casi simbólicos, mientras la denominada generación histórica de la revolución continúe aferrada al poder, es decir, viva.

Pero si Obama es el próximo presidente de los Estados Unidos, esa agenda podría verse alterada. Aunque el candidato demócrata sólo ha mostrado su disposición a entablar el diálogo con la isla y a suavizar ciertas políticas, diplomáticos y observadores internacionales en La Habana conjeturan desde hace tiempo sobre las consecuencias que traería una hipotética derogación del embargo. Y la conclusión es unánime: "La transición se aceleraría al máximo". Un desafío que los dirigentes del Partido Comunista de Cuba no ven con buenos ojos.

En palabras de uno de los ideólogos del régimen, el dirigente histórico Armando Hart, si Obama vence y cumple sus promesas, "nacerá una nueva etapa en el combate ideológico entre la revolución cubana y el imperialismo".

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