Dos cuatro y una negra.

Dos cuatro y una negra.
El recurso del perdedor es el estigma que carga la jugada del ¿ex? presidente Kirchner. En Tucumán son cartas de triunfo por una oposición que se va al mazo. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
En las grandes truqueadas, siempre hay un contendiente que se levanta y propone que si se tiene dos cuatro se puede cambiar las cartas o en algún momento sugiere un canto errado. Por lo general se trata del recurso de último momento de un perdedor que no está dispuesto a soportar la humillación, ni las cargadas, ni mucho menos a sentir en la boca la saliva amarga de la derrota.

Néstor Kirchner es un peleador callejero. No quiere perder a nada. Y parece que en octubre perdería o, por lo menos, no le alcanzaría para llegar. Como buen fajador, antes de levantarse de la mesa y aceptar la derrota, cambió las reglas de juego y adelantó las elecciones.

¿Llegan a octubre? ¿Cuántos legisladores van a perder? ¿Se podrá aguantar el dólar? ¿A cuánto va a estar a fin de año? ¿Tienen plata para soportar la crisis? Van a ganar, pero perderán legisladores. Es el principio del final de la era K. Se le están yendo los diputados y senadores, y los gobernadores no confían en los K…

Mientras se revolcaba en el piso escuchando estas preguntas y razonamientos, se levantó y pegó el tortazo. El conflicto del campo pasó a segundo plano. La inflación no importa por ahora. Los despidos se volvieron fantasmas. Los argentinos quedaron groggy con el impacto. Ni hablar de la oposición.

Mientras el oficialismo acomoda las candidaturas, los opositores se ponen a discutir y hasta se pelean por saber si está bien o mal lo que hizo el presidente virtual -¿real?- de la Argentina. Cuando muchos lo daban por muerto y hasta preparaban discursos para el velorio, Kirchner resucitó y dejó a todos espantados y divididos.

Pingüino pícaro

La jugada y la picardía demuestran una habilidad política como pocas. Pero para que se cumpla se forzará hasta la estructura legal del país.

No es nuevo para los argentinos que “la ley se respete cuando conviene y se sancione para que convenga”, tal cual lo describen Ricardo Ferraro y Luis Rappoport. En el libro que escribieron conjuntamente (Presidencialismo absoluto y otras verdades incómodas) destacan: “las leyes no se respetan, porque se formulan de tal forma que sea fácil su violación o se diseñan para reforzar el presidencialismo absoluto y el clientelismo”. Esto es lo más grave de la decisión de Kirchner. El país había embarcado en un año electoral que llegaría al puerto el 25 de octubre y, de un día para el otro, le cambiaron las reglas de juego. De la misma manera, varias veces en la Argentina se quedaron con los ahorros de los ciudadanos, y otras, con la democracia.

“Como además -siguen Ferraro y Rappoport- la población es víctima y cómplice de la misma cultura personalista, tiene una actitud escéptica y transgresora ante la ley porque, con lucidez, aprecia que las instituciones no son parejas para todos”.

El adelantamiento de los comicios es más de lo mismo que se venía viviendo. Las instituciones y la ley están después de los intereses personales de quienes manejan el poder.

Sin vacaciones de julio

El problema real comenzará el 29 de junio. Gane quien gane. Ese día se sincerará el país. Todas las preguntas que se hicieron más arriba empezarán a encontrar sus respuestas. El ambicioso dólar, la silenciosa crisis, los rotosos bolsillos, el incómodo salario, la perseverante presión tributaria y la bulímica coparticipación pasarán a ser problemas indisimulables.

El tercer punto para estar atentos será la transición que irá desde el 29 de junio hasta el 10 de diciembre. En ese lapso habrá un Congreso real y otro virtual para hacer y deshacer desaguisados, según las necesidades del poder.

Si Kirchner cambió todo de golpe es porque sabía que no llegaba a octubre. Un gobierno paternalista como este, que hizo depender todo de la caja estatal, está dando un mensaje muy grave con esta decisión.

El golpe de timón fue brillante, pero el capitán sabe muy bien que la brújula no tiene imanes y, por lo tanto, el destino del barco es incierto.

La fiesta alperovichista

En el oficialismo tucumano se vive una fiesta. El timonazo no se sentirá. Por el contrario, profundizará este sistema de instituciones débiles y de personalismo todopoderosos.

José Alperovich seguirá adelante. La lista de senadores seguirá dependiendo del grado de familiaridad o de amistad con el mandatario. Beatriz Rojkés, sin necesidad de ninguna compulsa o discusión, ya está seleccionando el despacho que ocupará en el Senado (¿Será el mismo que dejará Julio Miranda?). Jorge Gassenbauer tiene la virtud de ser tan cercano a José que no sólo siguió siendo amigo cuando estaban peleados sino que le asegura que renunciará para que el gobernador ocupe ese lugar, si llegara a hacerle falta y no pudiera ser reelecto.

En la lista de diputados que se delineó en los últimos días sigue firme la postulación de Osvaldo Jaldo. De esa manera el legislador Sergio Mansilla podrá seguir calentándole la oreja al gobernador para que en el Ministerio del Interior -que quedará vacante- se siente Sergio Acevedo. Así, Mansilla dejará de decir burradas como “hay que provincializar los comicios” o sugerir que Stella Maris Córdoba es “una trasnochada”, y volverá a controlar a gusto y paladar las comunas. El segundo lugar en diputados sería para Córdoba. De este modo, el gobernador cumple con el pedido de Kirchner. El tercero, para el turístico Juan Salim; y el cuarto, para cumplir con el cupo gremial, sería para Roberto Jiménez.

Fuera de este listado quedará nada menos que un caudillo del peronismo, como Alberto Herrera. Es una figura que a veces despierta rechazo en el electorado independiente, pero es una herida absurda para el peronismo y hasta podría traerle un costo a Alperovich que, cada vez más, se aleja del justicialismo y se acerca al alperovichismo, a él mismo.

La oposición tucumana está más desarmada. El timonazo encuentra peleadas entre sí a cada una de las expresiones políticas. Salvo a Fernando Juri, que está dispuesto a meter en su scrum a Raúl Topa, a José Carbonell, a José Costanzo, a dirigentes de izquierda, del medio y hasta a gremialistas descontentos. En el radicalismo José Cano y José Ignacio García Hamilton pelean por ser candidatos a senador. Más allá de cómo diriman sus ambiciones, tienen tan agrietadas las bases que sus imágenes corren el riesgo de deteriorarse. Eso no les pasa a los Bussi. Ellos tienen deteriorada la imagen por su pelea fratricida. Luis José hasta podría terminar expulsado del partido en cualquier momento.

La oposición tucumana tiene la oportunidad (siempre y cuando no estén financiados por el partido del Estado) de actuar con inteligencia y no con la incoherencia y mezquindad con la que reaccionaron los opositores en Buenos Aires.

Hielo en el chichón

El timonazo de Néstor fue una bolsa de hielo para el chichón que crece en la Legislatura. Los integrantes de la Cámara no se recuperan de la zamarreada que les dio el gobernador cuando les dio un aumento de $ 2.500 en la dieta y después se lo quitó como quien roba un caramelo a los chicos. A la larga, Alperovich sufrirá las consecuencias de este juego, en el que quiso salvarse a costa de los demás. No sólo les quitó la plata, sino que se metió en un poder que no le compete y demostró que a los legisladores no les importa tanto la dieta sino los más de $ 40.000 que reciben aparte. El presidente de la Cámara se siente más cómodo siendo un títere del gobernador que defendiendo a los 49 legisladores.

Si al presidente virtual no le interesa respetar las leyes, cómo pedirle a esta provincia que transparente la realidad de los legisladores para que no sean rehenes y representen al pueblo sin ataduras.

“Los dirigentes pierden así su liderazgo y su responsabilidad docente. No confrontan desde la grandeza. Avalan la pequeñez y prefieren las mentiras cómodas a las verdades incómodas”, infieren Ferraro y Rappoport.

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