Cuatro elecciones en una

Los discursos de campaña exhibidos hasta ahora parecen carecer de un hilo conductor, más allá de la etérea disyuntiva sobre seguir con el modelo K o apostar a cambiarlo.

Por Julio C. Perotti.

¿Qué votar el domingo 28? ¿La "defensa" de la provincia que gobierna hoy Juan Schiaretti frente al demonizado embate centralista del kirchnerismo? ¿La interna peronista que plantean los kirchneristas de Eduardo Accastello y Carmen Nebreda? ¿El lanzamiento anticipado de Luis Juez hacia 2011? ¿La resurrección del radicalismo, con Ramón Mestre y Oscar Aguad?

Los cordobeses no tendrán otra alternativa que apuntarse en alguna de las 13 opciones que encontrarán en el cuarto oscuro, entre ellas estas cuatro, sin saber muy bien cuál es el eje definitorio de esta elección.

Es que los discursos exhibidos hasta ahora parecen carecer de un hilo conductor, más allá de la etérea disyuntiva sobre seguir con el modelo K o apostar a cambiarlo.

Sólo buscar respuestas a aquellos dispares interrogantes iniciales servirá para confirmar que, al menos hasta el domingo 21, cuando los cuatro principales candidatos a senadores estén frente a frente ante las cámaras de televisión en el debate organizado por La Voz del Interior y Canal Doce, los habitantes de esta provincia se encontrarán sometidos a un bombardeo de mensajes sin un punto de conexión.

El que pega primero… Dicen los especialistas que siempre saca alguna luz de ventaja aquel postulante que logre imponer un tema de agenda.

Se recuerda, por ejemplo, que José Manuel de la Sota comenzó a cimentar su triunfo ante Ramón Mestre cuando instaló la rebaja impositiva del 30 por ciento como foco de la campaña. Y fue tanto así que el recuerdo de aquella medida le sirvió a De la Sota para apuntalar su reelección.

Aun antes, la esperanza fue el factor determinante en la victoria de Raúl Alfonsín en 1983; y la estabilidad económica, el de Carlos Menem. La continuidad le sirvió a Néstor Kirchner para cimentar la continuidad en manos de su esposa Cristina.

Podrá argumentarse, con razón, que éstas son elecciones parlamentarias y que su valor es transicional: los resultados consolidan a un gobierno o comienzan a preparar su despedida dos años más tarde, con la esperanza –por cierto– de que las cíclicas crisis argentinas no la aceleren, como ocurrió en otros tiempos.

Más de lo que parece. Más allá de que, en efecto, se definan senadores y diputados, el decurso de esta campaña va planteando situaciones que habrán de definir mucho más del futuro de lo que a simple vista aparece.

Es el caso del gobernante peronismo cordobés de Schiaretti, con Eduardo Mondino y Francisco Fortuna como cabezas de listas, decidido a convencer que nada lo une con el kirchnerismo y que está dispuesto, si sale bien parado de esta coyuntura, a buscar en otros lares su lugar bajo el sol.

No la tiene fácil, por cierto. La chequera de la Casa Rosada se expande por Córdoba, mientras Accastello perfila una campaña que tiende a convencer de que está amaneciendo otro justicialismo para reemplazar a éste.

No otra cosa representa la publicidad del candidato a senador e intendente villamariense con los rostros de Juan Perón y Eva Duarte en cuadros a sus espaldas. Además, su mensaje no contiene nada de kirchnerismo militante sino que parece estar orientado a una campaña de gobernador.

Casi convencido de que Córdoba es una causa perdida, en particular después del conflicto con el campo, el kirchnerismo intentará sentar en las elecciones un valor testimonial: viene tan de abajo que todo será capitalizado como ganancia.

Mientras tanto, rodeará a la Presidenta de unas cuantas figuras cordobesas, como lo hizo durante la visita del viernes a Río Tercero, aunque no logre una movilización popular potente.

Además, fuentes de la Casa Rosada aseguran que hay una orden de que Córdoba reciba la mayor cantidad de fondos de los que les corresponden, para quitarle así al Gobierno provincial una bandera de campaña. De hecho, el día antes de la presencia de la Presidenta, aunque atrasados, llegaron 70 millones desde la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) a la Caja de Jubilaciones.

Anécdotas de viernes. Quedó para la anécdota la ausencia de Schiaretti en ese acto, después de un sainete que sirvió al gobernador para que exteriorizara un enojo y hasta se sacara una foto con el vicepresidente Julio Cobos, para mostrarse, una vez más, en la peor vereda que el kirchnerismo tiene enfrente.

Era obvio que Schiaretti debía evitar a toda costa una foto con la Presidenta, que hubiese echado por tierra la declamación de opositor acérrimo a una administración que, retenciones mediante, quita más de lo que da a Córdoba.

Por cierto, en este viernes de conmemoraciones y reivindicaciones, al kirchnerismo se le escapó una tortuga: nada bien cayó en estos lares que el jerarca camionero Hugo Moyano, hasta ahora principal sostén sindical del Gobierno, aprovechara el acto por los 40 años del Cordobazo para venir a pedir el voto al oficialismo nacional, cuando no se recuerda que haya tenido una participación activa frente a los problemas que enfrentan las industrias de esta provincia, en particular las metalmecánicas.

Quedan por develar dos cuestiones más: cuánto le sirve esta elección a Juez para su aspiración de gobernar la provincia y cuánto oxígeno recobrará el radicalismo.

No me peguen, soy Juez. Juez todavía no se metió del todo en la discusión, más allá de que recorre el interior y que sus allegados consideran que la constante presencia mediática en Buenos Aires ayuda a instalarlo.

De momento, la principal preocupación que tienen en las filas del Frente Nuevo es lograr un control en las elecciones que no lo vuelva a alterar como ocurrió en las que perdió ante Schiaretti.

Si se ratifican las encuestas que lo dan primero, en este tramo final de la campaña Juez será el blanco de todos.

Por lo pronto, ya empezaron a pegarle porque resolvió que sea el tercer candidato a diputado, Ernesto Martínez, y no el primero, Gumersindo Alonso, el que enfrente el debate más importante de este ciclo.

Desahogo radical. Los radicales, de su lado, se montan sobre toda encuesta que los ubique peleando el segundo lugar. Cierta euforia los recorre cuando ven los números. "Venimos del fondo del mar y ahora no sólo respiramos, sino que hasta podemos nadar y hasta subirnos al podio", explicó uno de los candidatos, fanático de José Meolans.

Juecistas y radicales están dispuestos a pelearle al schiarettismo los votos del campo. En la UCR admiten que les va mejor con las organizaciones rurales y que les resulta más difícil competir con Juez entre los chacareros y que el peronismo oficial cordobés fluctúa entre ambos.

Pero el sector agropecuario es sólo una pata de esta elección, tal vez la única concreta. Las demás, todavía están difusas.

¿Qué votar el domingo 28? Pronto cada uno encontrará una motivación; si no, tal vez el debate del 21 eche luz sobre esta incertidumbre.

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