Cuatro claves de la chantocracia.

¿Cuál es el origen de la ausencia completa de interés que la ciudadanía siente por la campaña? Breve guía para reconocer a los chantas de la política, qué dicen de más y de menos, y por qué ya nadie los escucha.
Dice un relato de Eduardo Galeano que un misionero llegó ante un cacique guaraní para hablarle del credo cristiano. El sacerdote habló durante horas del contenido de la Biblia, mientras el cacique escuchaba atentamente. Al terminar su exposición, el misionero quiso escuchar la opinión del jefe indio. Este sintetizó su visión en corteses pero terminantes palabras: "Eso rasca –dijo-, rasca bien, y rasca mucho. Pero rasca donde no pica".

La anécdota puede servir como metáfora de la ausencia completa de interés que la ciudadanía siente por los debates políticos. Lo que dicen Kirchner, De Narváez o Stolbizer no rasca donde le pica al ciudadano común. Lo único que debaten es quién merece las candidaturas y los cargos, o bajo qué "marca electoral" se refugian, no qué proponen hacer para resolver los grandes problemas que torturan la vida cotidiana.

Nos gobierna la chantocracia. Son los padres del desguace del Estado en los 90, los inventores del corralito en el 2001, y los cráneos de la transversalidad y otras bendiciones criollas.

¿Cuáles son las características de esta clase emblemática?

1.DEMOCRACIA Y DICTADURA: EL DOBLE RASERO. La chantocracia pone el acento en los crímenes de la dictadura para discretamente absolver los crímenes de la democracia. Por ejemplo: declara feriado el 24 de Marzo para ocultar que el terrorismo de Estado empezó con la Triple A. El criterio es esquizode: por un lado, la chantocracia impide que un general sea velado en un regimiento con honores porque tenía una causa abierta por violaciones a los derechos humanos, o que asuma Patti como diputado por "falta de idoneidad moral". Pero por otro lado bendice a Aldo Rico -que además de sus antecedentes de represor, fue el más reciente golpista- o se alía con caciques sindicales que trabajaron codo a codo con la dictadura. Es que todo pasa por códigos corporativos de grupo, y no por nociones de justicia. Un auténtico chantócrata le otorga a unos el perdón, los honores y los ministerios, y a otros la persecución hasta en la tumba.

2 GENOCIDIOS NUEVOS & INDULTOS SECRETOS. La chantocracia habla permanentemente de la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, para tender un manto de olvido sobre el punto final que protegió a los banqueros y sus cómplices cuando se derogó la Ley de Subversión Económica. Un auténtico chantócrata pone el acento en el "castigo a los represores" para esconder el indulto a los organizadores del corralito.

La chantocracia habla de los derechos humanos y del genocidio, pero sólo de los 70: los derechos humanos de hoy, violados por un orden crecientemente injusto, no son objeto de escrutinio. El lento genocidio de las víctimas del delito, la miseria y la exclusión tampoco merecen medidas de urgencia y de excepción. Un auténtico chantócrata se llena la boca con críticas la represión ilegal de los 70, pero a la vez manda fuerzas militares a Haití a reprimir la rebelión popular en nombre del Imperio.

3. EL REINO DE LO ARBITRARIO. La chantocracia asume que el pueblo sabe que roban. Por lo tanto, cada vez maneja más cosas arbitrariamente –prebendas, candidaturas y empleos públicos-, porque es la única manera de obtener alguna colaboración forzada de los ciudadanos. Las candidaturas antes pasaban por el filtro de las elecciones internas en los partidos, el debate ciudadano y las asambleas. Ahora todo se maneja entre cuatro tipos: los que manejan la caja. Entonces, como no se sienten amados por el pueblo ingrato, designan candidatos a sus familiares y amigos. Lo mismo pasa con los empleos del Estado: no es posible acceder sin el visto bueno del príncipe de turno. Un auténtico chantócrata se dedica minuciosamente a poner sí o no en listas de candidatos para guardiacárceles o empleados municipales, y a llamar por teléfono para cagarle el nombramiento a un hijo de un dirigente opositor.

4 LA LOGICA DE LA REPARTIJA. La chantocracia vive obsesionada con el poder y los cargos. Toda su energía está puesta en cagar al enemigo del momento: chicanas, denuncias, campañas negras y agresiones. Pero cuando llega el momento, si hace falta, se hacen las paces y empieza la luna de miel. La alianza Selva - Zubeldía es un buen ejemplo. Martín Zubeldía le metió siete denuncias penales al intendente en cuatro años. El selvismo le mandó a quemar pasacalles, a pintar la casa con insultos y otras trapisondas. Ahora son aliados y el romance está a todo vapor. Otro ejemplo: la campaña contra De Narváez en la actualidad no significa que no pueda integrar una fórmula K, o CC, en el futuro. Un auténtico chantócrata pasa por alto cuestiones de programas de gobierno, lealtad personal y/o convicciones: se concentra en la necesidad del momento, arma campamento en cualquier lado y solamente atiende a los cálculos de la repartija.

Hay más, muchas más claves. La chantocracia, por ejemplo, vive mirándose en el espejo de los medios, y reclama todo el tiempo un pedestal por su obra: con menos que el aplauso y el elogio alcahuete, se siente injustamente tratada. Incapaz de soportar la realidad, manipula estadísticas y noticias. Como vive rodeada de lujos y le sobra la guita, la chantocracia tiende a creer que el resto del país vive en la abundancia y que la gente se queja al pedo. Por lo tanto, las críticas por el desorden, la violencia y el alud de ignorancia que vivimos diariamente se desechan como simples expresiones de negatividad. La chantocracia asume que gobernar es cortar cintas e inaugurar obras públicas, y que cada nuevo tramo de ruta, escuelita o plaza se le debe agradecer personalmente. Un auténtico chantócrata confunde el Estado y el partido con su persona, cree que sacar unos cientos de votos más que el resto le da autoridad para pasarse los derechos de los demás por el culo, y al día siguiente de la elección sale a cacarear cosas que dan vergüenza ajena.

La chantocracia ignora, desconoce profundamente que algún día, de alguna manera, lograremos que se vayan todos, y que no vuelvan. Y que entonces sí, festejaremos la fiesta de la democracia, nos abrazaremos en la plaza y sentiremos que al fin salió el sol en estas pampas heladas.

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