¿Cuánto vale una moneda de papel?

Por Orlando Ferreres

Cuando en 1934 el dólar americano se devaluó en un 70 %, de 20,27 a 35 dólares la onza, se inauguró una etapa que hoy, siguiendo la jerga local de los últimos años, podríamos llamar de "tipo de cambio real alto". Esta decisión ayudó a los Estados Unidos a salir de la crisis del 30 y, al mismo tiempo, le permitió acumular reservas de oro por bastante tiempo.

Estas pasaron de 6038 toneladas en 1933 a 20.200 en 1942. A partir de ese momento, se mantuvieron estables porque ya la inflación iba alcanzando a la cotización oficial del metal. Como ésta continuó, el precio oficial del oro quedó muy relegado de su verdadero valor y comenzaron a mermar las reservas de Fort Knox. Posteriormente varios países, entre ellos Francia, comenzaron a devolver las reservas que tenían en dólares y a pedir a los Estados Unidos el oro correspondiente a cambio, lo que aceleró la debacle. Así, las reservas de Fort Knox bajaron a 9070 toneladas en 1971. Este proceso de tipo de cambio artificial no pudo sostenerse por la creciente inflación y en 1972 el Presidente Richard Nixon decretó el fin de la convertibilidad. De esta manera, puso fin al sistema internacional de patrón de cambio oro-dólar.

A partir de ese momento, la moneda norteamericana no guarda relación con nada. Es una moneda de papel. ¿Cuanto vale en el largo plazo? El valor del papel en el que está impresa: la inflación lo deteriora completamente. En 100 años, con la inflación anual estadounidense desde 1972, el valor de 100 dólares pasaría a ser de U$S 0,9. Es decir, una pérdida del 99,1 % del valor. El fin de esta convertibilidad implicó que la cotización del metal quedará librada a las fuerzas del mercado, por lo que ha tenido fluctuaciones importantes. Los aumentos del oro reflejaron los momentos de incertidumbre internacional y sus momentos mas bajos, la calma de los mercados.

¿Es el oro una moneda adecuada para mantener el valor en el largo plazo de las reservas de un país o el ahorro de la población? Sí, posiblemente es lo más seguro a largo plazo, pero tiene muchas fluctuaciones en el corto o medio. Además también puede aumentar el costo de su producción, por lo que no sería totalmente estable en el largo plazo. Está sujeto también a una fuerte demanda especulativa, que incrementa artificialmente su precio. Especialmente, en momentos en que no se sabe cómo puede evolucionar el sistema financiero internacional. Lo que se considera cierto es que aun cuando cambie totalmente éste sea a nivel mundial o local por una catástrofe o una guerra, el oro seguirá valiendo lo mismo o más.

Se tomó como base para calcular el precio de largo plazo del oro al año 1931. Es sabido que la determinación del año base es bastante arbitraria, de manera tal que puede estar sujeto a controversias. Vemos en el gráfico que siguiendo los precios al productor o al consumidor en 2001, el precio del oro estaba "barato" en U$S 272 la onza, cuando los indicadores del verdadero valor de largo plazo se ubicaban entre U$S 370 la onza y U$S 503 laonza según el índice que elijamos. También, cuando se especulaba que podía haber una guerra con Rusia, antes de la caída del muro de Berlín, en 1987, el precio del oro se separó mucho del valor de largo plazo, pero luego convergió.

Actualmente, el precio de U$S 930 la onza está ubicado muy por arriba del valor actual de largo plazo de U$S 473 según PPI o de U$S 605 según CPI. Esto refleja el grado de incertidumbre actual y hace que el oro no sea una buena cobertura para el largo plazo, pues está alrededor de un 85% por encima.

Lo lógico en una moneda de largo plazo es que no se vea afectada por ningún tipo de inflación. Para esto, su emisión debe ser completamente regulada, en base a un criterio físico. Una forma posible es establecer una moneda cuya emisión esté respaldada por el Producto Bruto Interno global, de manera que su cantidad no crezca más que la oferta de bienes y servicios. Esto va a traer la necesidad de tener un gasto público controlado completamente porque desde allí en adelante no habría inflación (= impuesto inflacionario = robo) que lo fuera licuando gradualmente en términos reales. Este es un buen momento para establecer los cambios sustanciales que el mundo requiere para recuperar la confianza en el futuro, entre los que se cuenta tener una moneda que mantenga el poder de compra con el paso de los años. Además de recuperar esa confianza, debemos establecer (y cumplir) las nuevas reglas de juego compatibles con un mundo económico estable, de tal manera que eviten caer en las mismas crisis dentro de algún tiempo. Esperemos que los líderes del mundo de este momento, aunque no parecen ser muy destacados, puedan hacer ese cambio imprescindible.

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