"Cuanto antes le pongamos un freno a los Kirchner, más rápido nos vamos a subir al tren"

Alfonso Prat-Gay, candidato a diputado por la CC, se queja del cortoplacismo oficial y asegura que el país tiene una oportunidad enorme que sobrevivirá a los K, aunque éstos hayan hecho todo por dejarla pasar.
Alfonso Prat-Gay es un hombre de fe y convicciones profundas. Quizá por esa razón, cuando tomó la decisión de pisar el barro de la política, ni siquiera dedicó un minuto de su tiempo a evaluar las fallidas experiencias de otros economistas que antes que él pegaron el salto, pero naufragaron en el intento. Le pasó a Domingo Cavallo, a Roberto Lavagna y al propio Ricardo López Murphy, que después de haber cosechado en 2003 un millón de votos para la Presidencia, en 2007 ni siquiera le alcanzó para rozar un 2%.

Es que Prat-Gay asegura que no lo amilanan los desafíos. En 2002, cuando el país ardía, el actual primer candidato a diputado nacional por la Coalición Cívica en la Capital no dudó un minuto en aceptar el llamado del ex presidente Eduardo Duhalde para tomar las riendas del Banco Central, con solo 37 años de edad. Hoy, a sus 43, admite que entonces era "demasiado infanto-juvenil y no consciente de las dificultades", pero sabía muy bien adónde apuntaba: "La vocación por lo público la tuve siempre", afirma. Sin embargo, fue su encuentro personal con Lilita Carrió, algunos años después, el real disparador de su carrera política. "Charlando con ella me di cuenta de que podíamos llevar los valores a la práctica. Que no era meramente un discurso. Que ella tenía esa convicción y que estaba, además, en una transición de lo testimonial a un armado que pudiera gestionar".

Prat-Gay recibe a El Cronista Weekend en sus oficinas de la calle Posadas, en el barrio de la Recoleta. Está fatigado por el trajín electoral, pero se lo nota entusiasmado con una campaña que -asegura- no le da respiro.

El tono pausado que utiliza al hablar, no le quita fuerza a sus definiciones, contundentes a la hora de criticar al matrimonio Kirchner. Dirá, por ejemplo, que el actual Gobierno "no tiene capacidad para pensar más allá del día de mañana", que "la Argentina tiene un problema de competitividad", que "las grandes decisiones de Cristina han sido siempre para acumular caja" o que "la inflación es uno de los resultados moralmente inaceptables de este mal llamado modelo".

En tiempos de verba irascible, propios del estilo K, Prat-Gay asegura que es posible otro modo de hacer política y dice que ve en Gabriela Michetti, la postulante del PRO en la Capital, "una competidora y no una enemiga".

¿Cómo nació su vocación por la política?

Cuando salí del Central me tomé seis meses sabáticos por dos razones. En primer lugar, porque yo era un recipiente de una cantidad de información que no debía ser privatizada y, en segundo lugar, por una cuestión más biológica. Con tiempo para pensar me empezó a surgir con mucha claridad el camino de lo político. Yo la vocación por lo público siempre la tuve, nunca dejé de tenerla.Tuve la suerte de llegar a un cargo tan alto como la Presidencia del BCRA antes de los 40 años, pero me di cuenta de que hacía falta una vuelta de rosca más para cambiar las cosas y la única herramienta disponible es la política. Cuando estaba en ese proceso, la conocí a Lilita.

¿Carrió lo convenció de ingresar a la política?

Nos convencimos mutuamente. Conocía su trayectoria y siempre tuve una admiración muy especial por la defensa que ella hacía de los valores. Y charlando con ella me di cuenta que podíamos llevar los valores a la práctica. Que no era meramente un discurso, que tenía esa convicción y que estaba además en una transición de lo testimonial a un armado que pudiera gestionar. Fue el lugar adecuado y el momento adecuado de dos personas con mucha química.

Seguramente pensó, antes de dar el salto, en otros economistas a los que no les fue muy bien en política. ¿Teme que le pase lo mismo?

No. Lo mío venía desde otro lugar. No reniego de mi profesión, pero soy una persona antes de ser economista. Lo que me movilizaba era el descubrimiento de que no alcanzaba con aquello que yo pensaba que podía alcanzar, que era mi bagaje técnico. Hacía falta algo más amplio y eso fue lo que me conectó con Carrió.

Dijo en otra entrevista que a los 18 soñaba con ser ministro de Economía o presidente del BCRA. ¿Ahora con qué sueña?

Estoy ajustando el sueño. Esa proyección a los 18 años parecía disparatada, y me costó más de una discusión en mi seno más íntimo. De que "estas cosas no se proyectan, que estas cosas suceden". Pero estas cosas suceden si uno las proyecta. De lo que aún no estoy seguro es de si fue una bendición o una maldición que sucediera tan temprano.

El llamado llegó en un momento muy especial en el país.

No dudé un segundo. Era demasiado infanto-juvenil y quizá no demasiado consciente de las dificultades.

¿Le molesta cuando se dice que Lilita se derechizó ral convocarldo?

No me molesta. Yo sé lo que tengo para ofrecer, cuáles son mis inclinaciones y objetivos. No tengo que dar explicaciones ni nada. Las etiquetas las pondrán los demás y la historia juzgará las acciones.

¿El Gobierno adelantó las elecciones porque está pensando en un ajuste para después de junio?

Yo creo que este gobierno no tiene capacidad para pensar más allá del día de mañana. Me parece que adelantó las elecciones porque veía que las dos fuentes de poder que siempre tuvo, el apoyo -no me queda claro si de la gente o de las estructuras- y la caja, se le estaban esfumando. Y lo que hubo fue un cálculo de almacenero de Kirchner, de que en esa tendencia esas dos cuestiones desaparecían antes de octubre. Lo que no calculó fue que el propio adelantamiento cambiaba la dinámica.

¿Hay que esperar una devaluación a mitad de año?

Hay que preguntarle al Gobierno. Si esta fuera una entrevista como consultor económico, yo me sentiría obligado a darles un pronóstico. Lo que ya no puedo hacer es pronosticar la irracionalidad. Argentina tiene un problema de competitividad y esto lo sabemos todos.

¿Qué piensa de la estrategia K, "yo o el caos"?

Es una irresponsabilidad y una falta de respeto a la gente. Una muestra de desesperación. Quien está haciendo todo lo posible para que Argentina vuelva al 2001 es el oficialismo. La crisis y la recesión que tiene Argentina hoy tienen todavía muy poco que ver con lo que sucede afuera y todo que ver con lo que sucede adentro. La salida de capitales no empezó por la crisis internacional, empezó por las batallas insólitas de Kirchner contra los argentinos.

¿Le incomoda tener que confrontar con Gabriela Michetti en esta elección?

Yo no tengo que confrontar con Michetti. Voy a competir, no hace falta confrontar. Por definición, no creo en la política como una confrontación. Me encanta que esté Gabriela del otro lado porque veo en ella una competidora no una enemiga y sé que Gabriela piensa igual.

Hoy Michetti aparece imbatible en las encuestas. ¿Carrió se bajó a un tercer lugar en la lista para no enfrentarla?

Lo que parece difícil es imaginar que haya un político dispuesto a aceptar espacios secundarios. Lilita tiene un comportamiento moral diferente al de casi todos los dirigentes políticos de la Argentina. Ella lo que tiene en mente es que la Argentina no termina en la General Paz y el mundo no termina en 2009. Nosotros estamos detrás de un proyecto nacional que tiene una primera parada en el 2009 y tiene una parada final en el 2011. No lo niego, con Lilita al frente de la lista podríamos haber obtenido un diputado más en Capital. Pero, ¿cuántos más diputados ganamos por tenerla haciendo campaña en todo el resto del país?

¿La inflación es una bomba de tiempo después del 28 de junio?

No, pero es uno de los resultados moralmente inaceptables de este mal llamado modelo. El kirchnerismo aprovechó una situación internacional inmejorable, no para construir las bases de un crecimiento estable y de largo plazo, sino para maximizar el crecimiento de corto plazo y para concentrarlo en pocos. Bien medida, la inflación llegó a estar en el 35% en algún momento del año pasado. Se podía evitar.

Siempre se habló de la falta de un modelo económico de K. En el BCRA, ¿cómo se movían en esa incertidumbre?

Yo estaba a cargo de una entidad autónoma y, por lo menos en mi caso, nunca hubo una instrucción, una sugerencia ni nada. Mis diálogos con Kirchner eran de cuestiones ajenas al BCRA. Me llamaba para escuchar mi opinión. Y en esos diálogos no recuerdo que se haya hablado de modelo. Tampoco creo que tenga que haber un modelo. Lo que tiene que haber es gestión todos los días, un norte. Este fue el gran problema de Kirchner. Más allá de las cuestiones de transparencia, en términos de gestión no fue mala la primera parte de su Presidencia, pero fue muy malo todo lo que vino después de los primeros dos años, entre otras cosas, porque no se adaptaron al cambio de circunstancias. El primer síntoma de que las cosas no estaban funcionando fue la aparición de la inflación y el primer síntoma de que las cosas solamente podían empeorar fue la manera en que el Gobierno la tomó. Primero, tapándola con controles de precios y, después, ignorándola con los dibujos estadísticos.

Y en el frente fiscal, ¿cuándo las cosas se van a poner serias?

Las cosas ya están serias. En marzo de este año el Gobierno tuvo déficit. Es más, hubiera tenido déficit primario si no fuera por las transferencias de las antiguas AFJP. Lo claro es que el superávit fiscal, que siempre estuvo muy atado a la coyuntura internacional, se fue gastando en parte por una política fiscal irresponsable; esto se nota mucho menos a nivel nacional que provincial. El eslabón mas débil de la cadena fiscal está en las provincias. Es muy probable que algún gobierno provincial enfrente el dilema de volver a las mal llamadas cuasimonedas para financiarse.

¿Y en el tema deuda?

A nivel nacional el problema no es tanto la recaudación, que cae en términos reales, o el gasto, que creció de más, sino los compromisos de deuda que, más allá de los bombos y platillos con los que quisieron aturdirnos en 2005, lo único que se hizo fue ganar tiempo. Se habló de quitas que nunca se obtuvieron en la práctica y eso se paga. El tiempo que se compró se acabó y hoy la Argentina enfrenta vencimientos a partir de mitad de año y el año que viene que en este marco de falta de financiamiento local y extranjero es un problema.

¿Qué podemos esperar a partir del 29 de junio?

Hay una debilidad fiscal manifiesta que ni siquiera la oculta el Gobierno. Incluso desde antes que asumiera Cristina, lo único que ha intentado el Gobierno en el aspecto fiscal es aumentar impuestos. Si uno hace el recorrido de las grandes decisiones fiscales de Cristina, han sido siempre decisiones para acumular caja. Las AFJP, el aumento tarifario, el aumento del monotributo. Toda la política fiscal de CFK ha sido tremendamente contractiva en el sentido de aumentar impuestos en un momento donde la economía entró en recesión. Esto es exactamente lo opuesto de lo que hace cualquier gobernante con algo de sentido común.

Dicen que en toda crisis hay oportunidad. ¿La tenemos los argentinos?

La oportunidad es tan grande que no hay duda de que va a sobrevivir a los Kirchner. Y eso que Kirchner ha hecho todo lo posible por dejarla pasar. Por eso, cuanto antes le pongamos un freno a los Kirchner, más rápido nos vamos a volver a subir a ese tren del que nunca nos tuvimos que bajar. La Argentina podría duplicar su producción de alimentos en un período corto y proveer al mundo. El tren siempre puede volver. Lo que hay que tratar de restablecer son los vínculos de confianza. Lo que nos falta a los argentinos es tener esa locura de creer en el otro.

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