"¿Cuánta gente conoces cuyo padre haya muerto por un país?.

Hijo de un líder guerrillero y criado por un senador socialista, Ominami desafía a los políticos tradicionales
A los 37 años el cineasta Marco Enríquez-Ominami se ha convertido en el nuevo fenómeno de la política chilena. A seis meses de la elección presidencial que repite la histórica disputa entre la Concertación, con Eduardo Frei, quien ya fue presidente (1994-2000) y Sebastián Piñera, apoyado por la derecha y que ya fue derrotado por Michelle Bachelet, este diputado díscolo renunció al Partido Socialista y desafió el tablero oficialista al presentarse como carta presidencial independiente. Irrumpió con el mismo mechón de pelo sobre la frente que caracterizó a su padre, el líder del MIR Miguel Enríquez, quien murió en un enfrentamiento con la policía secreta de Pinochet (DINA). Marco no lo conoció. Tenía sólo 5 meses cuando partió al exilio a Francia junto a su madre, la periodista Manuela Gumucio. Su álbum de fotos fueron recortes de diario. Y su cable a tierra, su padre por amor: Carlos Ominami, senador socialista, quien deberá escoger entre el apoyo a su hijo o su repostulación al Senado.

Requiere de 35 mil firmas para que su nombre figure en el voto. Y en solo tres meses ha logrado remecer y asombrar. Casado con una periodista y padre de dos hijas, el jueves pasado concentró la atención cuando se conocieron los resultados de la encuesta CEP.

Obtuvo 15%, Piñera el 34% y Frei, 29% de las preferencias. Pero el padrón electoral es casi el mismo que en 1988. ¿Para qué le alcanzan los votos que capta hasta ahora?

Para ir a segunda vuelta. Alguien sin partido y vapuleado por todos que en tres meses sube de 0 a 14% versus dos candidatos a la baja, ¿a quién hay que preguntarle si va a segunda vuelta? A ellos.

¿Cuándo decidió ser candidato?

En octubre de 2008 hicimos un decálogo programático que firmaron 30 parlamentarios, la mitad de la fuerza de la Concertación. El motor fui yo. Y decidí que no iba a trabajar para una candidatura presidencial que no lo suscribiera. El primer punto decía: primarias abiertas y fundacionales. Ahí se generó una oportunidad: cuatro líderes evitaban la competencia. Mi gran discusión con las elites concertacionistas es que ellos dicen que yo no he entendido que fuimos electos para gobernar con la misma matriz y lógica. Y es todo lo contrario: Bachelet es presidenta porque las reglas cambiaron para siempre en Chile.

Lo que dijo fue que Michelle Bachelet era un producto mediático.

Dije algo mucho peor, algo así que era como la Fanta y la Coca-Cola. Y lo dije cuando fui electo diputado porque al igual que ella, fui elegido contra un orden. Cuando se produce la derrota de la Concertación en las municipales, nos volvemos a juntar los diputados díscolos. Y digo que hay una oportunidad para que se nos escuche y que hagamos de las primarias un tema de forma y fondo: ¿está dispuesta la Concertación a escuchar otras voces? Si me hubieran dejado participar, habría obedecido el resultado. El problema es que no se pudo ni siquiera expresar esa visión.

¿La deuda pendiente es política o social: hincarle el diente a la brecha en redistribución del ingreso?

Es la política la que está crisis. La redistribución del ingreso, de acceso y calidad de la educación, todo lleva a que la colusión o el miedo han impedido las reformas fundamentales. Lo he visto.

¿Cuál es el lobby que usted considera el más perverso que ha visto desplegarse en Diputados?

Uno que no es lobby pero es el más inquietante: la derecha se ha transformado en guardiana de la Constitución. Lo impresionante es ver hoy -y ya no en 1990- a la derecha sin matiz ni pudor como un verdadero pitbull de la Constitución diciendo ¡eso no se toca!

Dijo "pasaremos a segunda vuelta y haremos historia".

Haremos historia. Este período es el más difícil de todos. Por la fatiga de cuadros, excelencia y de estilo de una coalición. Y lo segundo, es que la Presidenta Bachelet develó algo no establecido: terminar con la monarquía presidencial. Por eso los chilenos la instalan en La Moneda. Por eso ahora vamos a derrotar al conservador que haya que derrotar.

¿Frei y Piñera son lo mismo?

Tienen similitudes que me preocupan. Los dos son demócratacristianos, son accionistas, tienen un obispo que los defienda, ambos tienen un joven de una organización de la Iglesia Católica, a cargo de sus comandos y los dos acaban de descubrir que existían las minorías sexuales. Sigo creyendo que en Chile hay una generación de políticos -con la que estoy peleando-, fascinante y que se fue fatigando. Me he llegado a convencer de que esa generación -no toda- está invadida de miedos y ha perdido coraje.

¿Miedo a qué?

Al cambio, a nuevas voces, a no controlarlo todo. Y Chile cambió. Cristián Cuevas es un ejemplo. Que un dirigente sindical de la izquierda chilena reconozca su homosexualidad es inédito.

¿Cómo puede querer ser presidente de este país después del mapa de horrores en su familia?

Porque mi padre murió por este país. Y eso me dejó una gran pregunta y me obligó a construir mi chilenidad. La he buscado desesperadamente y la he encontrado. ¿Cuánta gente conoces cuyo padre murió por un país?

¿Dónde está hoy su domicilio político?

En la izquierda. Soy parte de una minoría crítica que va creciendo. Y como a la gente no se la evalúa ni por de dónde viene ni por lo que tiene, sino por a dónde va y lo que sueña, allí se complica todo. Hoy soy independiente, con un equipo de gente libertaria, desinhibida de miedos, implementando políticas transformadoras y enfrentando a los conservadores de derecha y de izquierda. No creo que sea bueno seguir atribuyéndole el monopolio del conservadurismo a la derecha porque hay uno en la izquierda. Y ese sí hay que develarlo.

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