Cuando el reloj de la recaudación atrasa y los tiempos apremian

Néstor Kirchner tiene un reloj en su tablero, casi el único que toma en cuenta y mira todo el tiempo: es el que marca la recaudación impositiva. Si anda bien, aprieta el acelerador, decide más gasto público y se despreocupa por la montaña de subsidios. Pero si pasa lo contrario, mide donde pone plata o pisa freno, como ahora con los tarifazos que buscan achicar la insostenible factura de subsidios.
Igual que sus antecesores, el actual director de la AFIP, Ricardo Echegaray, tiene siempre a mano la performance fiscal del día, para cuando Kirchner se la pida. El problema es que a veces ese reloj atrasa o no muestra la dinámica real de la recaudación; es, al fin, una foto del momento.

En el IVA, refleja la evolución de las ventas del mes anterior. Y con Ganancias, utilidades de mucho antes todavía. Entre ambos suman casi el 50 % de los ingresos de la AFIP.

Otro dato que el reloj tampoco registra es la tendencia efectiva de la recaudación. Cuenta poco si las cifras marchan decididamente para arriba, porque lo más probable es que sigan aumentando. Pero si vienen en baja, como ahora, el instrumento no canta el riesgo grande de que continúen en la pendiente.

Y pasa, precisamente ahora, que los ingresos fiscales están jaqueados por el frenazo de la economía, aunque el INDEC lo niegue, y por la caída de los precios de la soja y el petróleo, imposible de ocultar. Esos efectos se advierten en un trabajo del estudio LCG, que dirige el ex ministro Martín Lousteau. Fue hecho en base a las estimaciones trazadas, para 2008, en el Presupuesto Nacional de 2009 y transmite el quiebre en la recaudación durante el último trimestre del año pasado.

Por derechos de exportación se habían calculado $ 44.382 millones, contra $ 36.055 millones efectivos: aquí hubo 8.327 millones menos. En la Seguridad Social la brecha ascendió a 2.374 millones y en el IVA, a 1.354 millones. Entre los tres, según LCG, anotaron un desfasaje de 12.055 millones.

La planilla del Presupuesto fue elaborada hacia agosto del año pasado. Y la conclusión, que vale para otros casos, aquí salta sola. No se acertó con la dimensión de la crisis internacional, ni con su impacto en la Argentina y se subestimó el repliegue de la economía doméstica. En algún sentido, algo semejante a un reloj detenido en ese mes.

En agosto de 2008, los funcionarios tampoco contemplaron el bajón que se pronostica para el Impuesto a las Ganancias, ni mucho menos la pulverización de los recursos que aportan los derechos de importación. Todo a causa, también, de la contracción de la economía interna.

En la AFIP se admite que se están destruyendo los ingresos del comercio exterior, los que salen de los impuestos a exportaciones e importaciones. No ven tan mal a IVA y Ganancias y muy bien a la Seguridad Social, este año con fondos notoriamente engordados por el traspaso del sistema privado al Estado.

Sin embargo, no por nada la gran apuesta del momento está en el blanqueo y la moratoria impositiva: Echegaray busca hacer allí caja rápida y suplir lo que escasea por otros lados. Parte del mismo esfuerzo es el armado de una red de reaseguros con los bancos, para inducir la declaración de plata en negro o ponerla a cubierto de eventuales, futuras demandas por lavado de dinero.

Hay quienes también entreven un intento por aventar el temor a los juicios, en los fideicomisos hipotecarios proyectados por algunas provincias. Así sean una forma de captar recursos, el supuesto es que con la constitución de sociedades de ese tipo sería posible resguardar identidades. Está claro que el filón es la plata que ya entró al país y no fue declarada.

Aunque resulte expresión del frenazo económico y sacuda a la AFIP, en el derrumbe de las importaciones hay otro cantar: permitirá mejorar el saldo del balance comercial, tanto que en algunos despachos oficiales arriesgan un superávit de entre 1.200 y 1.300 millones de dólares en enero. Ni de milagro se llegará a los 12.000 millones previstos en el Presupuesto para todo el año, pero economistas del Gobierno evalúan ahora más cercano un saldo final de 6.000 a 8.000 millones de dólares.

Probablemente al Estado le sobren pesos. El punto es que precisa dólares para pagar deudas en esa moneda, cuando quedó atrás el tiempo en que la súper soja y el petróleo a 100 dólares aportaban fuerte a la oferta de divisas y al superávit comercial.

En la misma dimensión entra la necesidad de pisar la salida de capitales; simplemente, porque presiona sobre las reservas e implica pérdida de depósitos y subas en las tasas de interés. Con la liquidación de las AFJP, en octubre la fuga había bordeado los 5.000 millones de dólares. Hoy, a puro control sobre los operadores, anda por los 1.000 millones mensuales.

Se dice que Kirchner le teme, ahora más que nunca, al desorden cambiario y que según como ve las cosas decide tocar el dólar o poner el freno. Parecido al caso del reloj impositivo, aunque nada garantice acertar con los tiempos, con las decisiones y los efectos de las decisiones, tal cual se nota. Eso sí, el verdadero ministro de Economía sigue siendo el mismo.

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