Cuando las promesas no se pueden transformar en ataduras

La Presidenta sorprendió y anunció obras por las que la actual gestión municipal y anteriores vienen peleando desde hace varios años. En el marco del rearmado político del kirchnerismo, ¿los anuncios son también una moneda que sirve para seducir a los intendentes díscolos, como Zúccaro? ¿Y si no cumple con las expectativas, qué pasará?
Los anuncios sorprendieron. Mucho. Muchísimo. Tanto, que una vez dejado de lado el shock inicial, abren una serie de interrogantes respecto al fondo de las promesas que dejó, el martes, la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner en Pilar.

Los puños cerrados del intendente Humberto Zúccaro, las cejas formando amplios arcos sobre sus ojos, abiertos como nunca, y su ancha sonrisa, traducían y reflejaban la sensación de muchos. Una universidad, un hospital, asfaltos y caminos cambiarán, en caso de concretarse, sustancialmente la calidad de vida de los pilarenses.

Pero como un grande que muestra un dulce a un chico y luego vuelve a cerrar la mano, Cristina se hizo desear. Bastante. Tardó 10 meses en venir a Pilar por primera vez, y, encima, repartió tantas obras clave para la actual gestión que hasta por un momento pareció que sólo su presencia podría hacerlas llegar. Nada más.

Por eso, una vez que el helicóptero volvió a elevarse y con él Cristina del suelo pilarense, la pregunta, pese a la excitación lógica de la sorpresa y el impacto de los anuncios, no parece caprichosa, sino más bien lógica.

¿Qué respuesta espera ahora Cristina Kirchner, y su marido y titular del PJ Néstor, por parte del intendente?

¿Cómo no relacionar esas promesas a un pedido, tácito, claro, de irrestricto apoyo del jefe comunal a la gestión nacional?

De hecho, uno de esos anuncios lo pergeñó Cristina en el atril de la USAL, frente al público, luego de intercambiar algunas palabras con el jefe comunal: la de la Universidad Pública.

Sólo hizo falta que Cristina escuche y diga: “Al edificio del Pellegrini lo van a tener por 99 años”. Así de simple. ¿Tan simple?

Otra de las obras, la del Hospital, fue analizada por Cristina el fin de semana, en Olivos, luego de que la Ministra de Salud le llevara la carpeta que hace meses tiene en sus manos. La intención de hacer un hospital lleva viva más de 4 años (tiempo en el que el matrimonio Kirchner estuvo en el poder). Pero para cristalizarla hizo falta que Cristina llegue en persona. Luego de haber leído el proyecto algunas horas antes. Fácil. ¿Tan fácil?

Se sabe que en el rearmado de la fuerza kirchnerista en la provincia de Buenos Aires, sobre todo luego de la caída de la Presidenta en las encuestas, generada por el desgastante enfrentamiento con el campo, la necesidad de tener a los intendentes del conurbano del lado suyo es clave. Incluso a los díscolos. Como el caso del intendente Humberto Zúccaro.

Hasta ahora, Pilar no ha recibido, por ejemplo, obras de agua y cloacas, como sí le han tocado a otras comunas de la zona; es el Municipio que menos escuelas públicas tiene en relación con el aumento de la matrícula; también ha quedado enormemente relegado en el reparto de las viviendas sociales, con distritos de la región que en relación a N.B.I y personas en emergencia habitacional reciben 20 veces más cupos.

Por eso, ahora la llegada de obras clave para la gestión del intendente Zúccaro, que en caso de concretarse podrían, porque no, poner al jefe comunal en las puertas de un tercer mandato (las obras llevarán por lo menos dos años o más en ejecutarse), también constituye un claro mensaje político hacia el jefe comunal, que lo obligará a posicionarse, sin dudas, más cerca del kirchnerismo, al que ha criticado en más de una oportunidad, si es que no quiere que esas obras se escurran de sus manos como lo hace el agua por entre los dedos. Las promesas convertidas en la peor de las ataduras.

Y ese paso impactante, sorpresivo, y que prometía ser triunfal, de Cristina será un muy mal recuerdo. Pero no para el intendente solamente, sino, y sobre todo, para Pilar.

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