Cuando el privilegio se torna un derecho

Con el dolor visible, como ocurre cada vez que la vida enfila cuesta arriba, reconoció que tenía el inmenso privilegio de poder darle otra oportunidad a su madre. La chance de pelearle el partido al cáncer con una terapia alternativa que hasta ahora no estaba en San Juan y cuyo costo ronda los 40.000 pesos. Admitió que tenía ese privilegio, en contraste con lo que le ocurre a la mayoría de sus comprovincianos.
También dijo que contaba con el compromiso de algunos médicos que no se cuenta en dinero. No cotiza en bolsa el accionar de un doctor dispuesto a correr el riesgo por un amigo. Producto de una posición importante en la sociedad, amasada a lo largo de años, sumó este otro beneficio. Un claroscuro más que jugó a su favor, a contrapelo de las mayorías.

Tragó saliva y no dijo nada más al respecto. Era obvia la diferencia entre su caso y el de otras personas menos afortunadas, que dependen estrictamente de lo que el sistema de salud tiene previsto como servicio promedio.

Pero no perdió nobleza su misión, esa de darle una esperanza a su madre contra la maldita enfermedad cuya sola mención provoca escalofrío. En definitiva, cualquiera que tuviese sus posibilidades llegaría hasta las últimas consecuencias en pos de aliviar el dolor de un ser querido.

Por eso la frustración puede llegar a ser inmensa cuando ese familiar sufrió en carne propia el desdén de un sistema acostumbrado a hacer diferencias. No en esta provincia ni en este país, sino en el mundo entero. Acaso pudiera omitirse en este apartado la pulseada de Barack Obama por modificar el régimen de seguros de salud en Estados Unidos.

Frustración, como simple sustantivo, queda corto. No alcanza ni remotamente para definir el sabor tras la muerte de Claudia Ferreira (26) y Alicia Isabel Cabrera (54) hace una semana, por el absurdo faltante de una cama en la terapia intensiva del Hospital Rawson o el más absurdo aún desacuerdo con las clínicas privadas para disparar una derivación inmediata. Murieron sin más posibilidades que las que había en el momento. Sin familias influyentes. Ni abultadas cuentas bancarias.

Queda mucho más por decir al respecto. Pero nada que no pueda resumirse en aquel silencio. Ese del hombre que se reconoció privilegiado por poder ayudar a su madre, más allá de las condiciones que le tocan a la mayoría.

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