Cuando se pierde el crédito, reina la desconfianza

Por Walter Brown

El calendario suele ser el peor enemigo de un dirigente. Basta el simple paso del tiempo para que el devenir de los hechos deje en evidencia a quienes pretenden reflejar una realidad diferente a la que percibe la sociedad. Reincidir en inexactitudes, ocultar información de interés público y descargar culpas en terceros para minimizar problemas tiene un costo que se paga con el descreimiento.

Cuando mes a mes el Indec informa que el costo de vida aumentó levemente, pese a que hasta los consultores más cercanos al Gobierno señalan lo contrario. O los funcionarios hacen fila para repetir que la inseguridad es solo una "sensación" instalada por los medios, mientras se producen robos en la misma Casa Rosada. O que el dengue no es una epidemia, pese a que los casos de infectados se multiplican por miles, día a día, pasando de provincia en provincia; el crédito se agota y la desconfianza crece.

Y es en ese escenario en el que la oposición encuentra el hilo conductor que le permite aunar fuerzas para afrontar un desafío político superior. Lo hizo cuando tuvo que votar contra el esquema oficial de retenciones móviles. Y lo hará ahora para establecer una red de fiscales que observen las elecciones en cada mesa del país, allí donde un gobierno siempre está presente pero no todos los partidos llegan.

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