"Cuando me llamó Diego, no le conocí la voz".

"Cuando me llamó Diego, no le conocí la voz".
Convocado para el amistoso del 12 contra Rusia, Dátolo revela detalles de la noche en la que se quedó "sin palabras" ante Maradona. Y afirma que quiere "ser el mejor" en un puesto sin muchos nombres.
"Yo no sabía que me iban a llamar, y encima acá era la una, una y media de la mañana, imaginate. Justo me estaba yendo a dormir cuando sonó el teléfono, así que, bueno, lo atendí, y cuando escuché que Diego me decía su nombre yo no podía ni contestarle, te juro que no me salían las palabras, me había quedado sin voz. Esto fue algunos días antes de la lista para el amistoso contra Rusia, así que yo ni me esperaba que me llamaran, y mucho menos Diego. Ni la voz le conocí, no entendía nada. 'Hace rato que te estoy siguiendo', me dijo, y me avisó que me había tocado a mí. Que esta vez, todavía no lo puedo creer, me tocó a mí".

Dátolo podría no haber sido Dátolo, este Dátolo. En el mundo del hubiera sido (los tantos mundos de la posibilidad) acaso haya ahora un zurdo que en algún momento brilló en Banfield, que hace algunos años pasó a Boca y que nunca más volvió a divertir a la gente mientras él también se divertía. La historia es repetida, nada original: joven habilidoso la rompe a los 20 ó 21 años en un club chico y se gana entonces la camiseta de un grande que a los meses ya le queda enorme, extra large, un grande que finalmente lo ve irse, empequeñecido, a la liga turca o a la mexicana, a cualquier club, no importa, porque todos tienen el mismo nombre: el olvido. Pero no, Dátolo no. Dátolo podría haber sido un Marino, pero no.

"Todavía me acuerdo cuando Boca quiso mandarme al Colo Colo, y yo, como no sabía qué hacer, fui a hablar con Román. Charlamos un rato, le pregunté qué le parecía, y entonces me dijo que él me veía potencial para jugar en Boca, que talento tenía y sólo debía saberlo explotar. Esas palabras no las voy a olvidar nunca, porque gracias a ellas me quedé en Boca. Y mirá todo lo que pasó después".

Mirá, sí, miralo: al fin titular, cuatro títulos y al fin también la gloria, la Bombonera y su ovación, el Napoli, y ahora, sí, Jesús, atendiendo al Señor, llamado por primera vez a su Selección.

-¿Sabés a quién tenés que agradecerle esto, no?

-¿Yo? ¿Eh? ¿A quién?

-¿Quién te dijo hace algunos años: "Conmigo vas a llegar a la Selección?

-(se ríe) La Volpe... Ricardo La Volpe. Me lo dijo en un entrenamiento. Entonces yo no sabía en qué tono me lo estaba diciendo, pero sí, sí, claro que me lo dijo.

-Un visionario, Richard.

-Fue una de las personas que más me dijo que tenía que empezar a sentir la marca, que para ser un jugador más completo no me quedaba otra que sentirla o sentirla. La verdad, tenía razón, aunque todo eso me costó mucho: aprender a retroceder, a hacer toda la banda. Bueno, por algo no hay tantos carrileros, ¿no? Es muy difícil mantener el ritmo, ir y venir todo el partido, tener el aire necesario para que cuando falte poco igual tirar bien un centro o tocar con claridad. Es entonces cuando aparece el amor propio, cuando te ves la camiseta y te decís: "No, loco, tengo que dar un poco más". Boca me enseñó eso.

-Jonás Gutiérrez se ganó la consideración general en el 0-0 ante Brasil, en las Eliminatorias. Entonces jugó bien, nada espectacular, pero se le valoró mucho que marcara, que cerrara al cuatro rival. Sin despreciarlo, ¿al habilidoso no le molesta que cotice tanto correr, y después vemos si hay buen pie?

-A mí me gusta muchísimo lo que hace Jonás, y te digo esto porque sé lo difícil que estar constantemente corriendo, tirándose al piso, tocando y yendo a buscar; para mí, la verdad, lo suyo es admirable. Entiendo que algunos piensen que quizá se puede correr menos y mejor, pero este fútbol es más físico que técnico, y si yo no estuviera físicamente como estoy, me pasarían por arriba. A mí me gustaba mucho Sorin, el ida y vuelta de la Bruja Berti. Esos jugadores me marcaron.

-Hablando de bandas: en el Napoli te han hecho jugar por la derecha.

-Sí, sí, y fue bastante raro. Es más, cuando me llamó Diego me preguntó de qué estaba jugando, y después la remató: "Yo te quiero por la izquierda, papá".

-Donde, insistimos, no hay mucho: Jonás, Di María suspendido, y ahora vos.

-Y yo quiero ser el mejor de todos en mi puesto. Este partido contra Rusia lo voy a tomar como si fuera mi última oportunidad en la Selección, quiero dar todo. Este es el deseo más grande de mi vida. Es una final.

-¿Te asombra la irregularidad de la Selección?

-No creo que sea así. La Selección está jugando bien, lo que pasa es que la Eliminatoria es muy, muy difícil. Será durísimo todo lo que queda hasta el final, así que tenemos que mentalizarnos que somos Argentina.

-Claro que no quedaría muy bien que le pidas una camiseta a un compañero, pero ¿hay algún jugador con el que aún no creas que vas a jugar?

-Obviamente (se ríe). Jugar con Carlitos y Messi va a marcar mi vida. No sé si pedirles una camiseta, je, pero con jugar ya estoy bien.

-En el 1-0 a Colombia se probó con tres puntas, y luego de que no funcionara se volvió a un esquema que te favorece: dos carrileros, Maxi y Jonás, con Tevez y Messi, justamente, arriba.

-Porque a los delanteros les conviene tener a dos tipos que vayan siempre por afuera. Si vos estás apretado y te están ganando la mitad, contar con dos carrileros te da llegada por las bandas, te desahoga. Un esquema así es más fácil para los que están arriba. O sea, tenés dos tipos por el medio que roban, trasladan, dos que rompen por afuera y dos delanteros que, así, seguro van a tener más posibilidades de recibir, de sorprender.

-Campeón con Boca, hoy en Europa, convocado a la Selección, ¿en qué número de centro errado a Palermo te dijiste: "No, loco, esto no va más"?

-(se ríe) No, pero es muy difícil decir eso.

-Y... fueron muchos, sí.

-(se ríe) ¿Qué va a hacer, no? Fueron momentos difíciles, muy difíciles. Yo no estaba preparado mentalmente, la verdad. Mentalmente me costó muchísimo, pero equivocarse también sirve para aprender, y yo aprendí, me levanté. Mirá, te voy a explicar: cuando me pasaban todas esas cosas yo me ponía a pensar en el esfuerzo de mi vieja para conseguir un pasaje para que yo pudiera ir a entrenarme, cuando en casa faltaba la comida, las cosas que los otros chicos tenían y yo no podía tener, lo que me costó jugar en Primera, y entonces me decía: "Si llegué hasta acá...". Y es ahí, entonces, cuando el orgullo te lleva a triunfar.

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