Cuando la inseguridad viaja en taxi

Por: Ricardo Roa

Todo es posible. Pero cuesta creer que en el crimen del taxista Rodríguez haya sólo una discusión de tránsito, como sostenía la primera hipótesis. Porque el taxista tenía un prontuario de 30 años difícil de igualar. Y porque el principal sospechoso es un abogado de taxistas que andaba armado por la calle

Ahora se sabe que el muerto cometió delitos en tres países. Había sido condenado a cinco años de prisión por robos en 1974. Salió y volvió a entrar a la cárcel varias veces y en Uruguay fue detenido, se fugó y desde aquí, extraditado. Lo acusaron también por dos homicidios que no llegaron a la condena. Es una historia con muchos capítulos incompletos y borrosos aún, como el de los sobreseimientos. ¿Ignoraba todo esto el gremio de taxistas cuando corrió a reclamarle al ministro Fernández seguridad para los choferes?

Por lo que se ve, si alguien necesitaba seguridad eran los pasajeros. Es notable que con semejantes antecedentes Rodríguez trabajase en un servicio público. Fernández vio allí un hueco por donde colar otra embestida contra Macri. Y preguntó maliciosamente "por qué la Ciudad le otorgó el registro". Macri también encontró su propio hueco y contragolpeó con un uno-dos: la licencia se la dio la gestión kirchnerista anterior, explicó. Y eso porque el taxista presentó el certificado de Reincidencia otorgado por el ministerio de Justicia, que controla Fernández. Siempre la política. Y donde se pueda, también escaparle al bulto, como el dueño de la empresa de RadioTaxi, que no asume ninguna responsabilidad por los que trabajan allí. A los choferes sólo les pide el registro profesional. Ningún otro dato en un servicio que promete, sobre todo, seguridad al pasajero.

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