Cuando la gordura se confunde con hinchazón

Más allá del tono procaz, la respuesta de Buzzi a De Angeli dejó al desnudo lo que se debate por detrás, como proyectos políticos, en el seno de la Mesa. El papel de Carbap en el juego. La relación con Duhalde.
La firma del acuerdo entre el Gobierno y las entidades rurales desnudó los conflictos internos y hasta los diferentes intereses políticos que se mueven detrás de escena. Ayer, una serie de episodios, casi en tono de comedia, exhibieron el enfrentamiento entre dirigentes de la hasta ahora unida Mesa de Enlace. A las expresiones de rechazo del titular de la Federación Agraria de Entre Ríos, Alfredo De Angeli, al acuerdo alcanzado con el Gobierno (“Si yo hubiera estado allí, no habría firmado”), Eduardo Buzzi, titular de la FAA nacional, respondió sin filtros ni eufemismos: “A mí me tienen medio hinchado las pelotas estas bravuconadas de los tipos que exigen desde las rutas”. No fue un descuido: la actitud de Buzzi responde al interés de tomar distancia del dirigente entrerriano que no sólo rifó parte de su prestigio residual con la toma de un banco en Entre Ríos, sino que últimamente se ha mostrado cada vez más cerca del espacio político que ocupa y promueve una entidad ultraconservadora como Carbap, de estrecha relación con el ex gobernador Eduardo Duhalde.

Las relaciones internas en la Mesa de Enlace vienen heridas desde la revelación, por este diario, de las negociaciones secretas que mantuvo el titular de Sociedad Rural, Hugo Biolcati, con el gobierno nacional. Ayer, el segundo de De Angeli, Juan Echeverría, se encargó de recordarlo. Biolcati, dijo, “negoció a espaldas de los productores y a espaldas del pueblo la solución al problema lechero, que se resolvió exclusivamente en beneficio de un productor de 160 mil hectáreas, como él, seguramente en acuerdo con Milkaut, con el cual está asociado”. “Liberando la exportación de leche solucionó su propio problema y no el problema del conjunto de los productores”, agregó, antes de definir al aludido dirigente como “el clásico oligarca de la Sociedad Rural Argentina”.

Echeverría, un reconocido militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR), una agrupación ecléctica que ha oscilado durante las últimas décadas entre posiciones cercanas a grupos de ultraderecha (apoyó a José López Rega en los ’70) y alineamientos con grupos contestatarios que se confunden y mezclan con movimientos sociales (Corriente Clasista y Combativa, o el MIJD de Raúl Castells), no es considerado por sus pares como lo que podría denominarse “un dirigente orgánico”. Está encuadrado en la FAA, pero ello no garantiza que respete una línea de intervención política definida desde su conducción. Su rol no sería tan trascendente, si no fuera porque De Angeli le presta más atención a su opinión que a la de Eduardo Buzzi. Así fue desde el inicio del conflicto.

Más transparente, Carbap (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa) ha sido tradicionalmente el “ala dura” dentro de la conservadora CRA. Es la organización de origen de Mario Llambías, el titular de CRA, y muchas veces se dice que Carbap dice lo que Llambías piensa pero no expresa para no poner distancia con el resto de la Mesa. En realidad, Llambías esconde poco. Pero en la instancia de esta semana, en la que CRA firmó a desgano el acuerdo, fue Carbap la que se encargó de hacer público su repudio. En un comunicado, descalificó los acuerdos alcanzados en materia de leche, carnes y trigo afirmando que “lo convenido se mantiene en el plano de la retórica”.

Apenas unos días atrás, Pedro Apaolaza, titular de Carbap, mantuvo una cordial reunión con un viejo amigo de la entidad, Felipe Solá, tras lo cual señaló que “seguiremos acercándonos a todos los dirigentes que se comprometan con el crecimiento y un desarrollo sustentable del campo, sin alterar nuestro estilo de vida”. La frase se acomoda al look de próspero terrateniente que acompaña permanentemente a este dirigente rural.

Solá no es la única conexión conocida entre CRA-Carbap y el duhaldismo. Prácticamente desde el mismo inicio del conflicto con el gobierno, en marzo de 2008, la entidad buscó respaldarse en gobiernos, diputados, senadores y dirigentes en las sombras alineados en el peronismo de derecha, aun antes de que éste se constituyera en polo de atracción para una franja de la oposición. Operando desde ese espacio, CRA fue ganando peso en otras regiones y logró sumar a De Angeli en la cruzada. Cuando el entrerriano empezó a hacer circular su figura por afuera de su provincia, lo hizo de la mano de Carbap. Primero, porque lo invitaban a las concentraciones en la provincia de Buenos Aires. Luego, facilitándole el traslado en aviones particulares de sus dirigentes. Y terminó sentando a la misma mesa, vino y asado mediante, al “Melli” con el ex gobernador bonaerense. Jorge Busti, ex mandatario entrerriano, también aportó lo suyo al acercamiento.

Podría decirse que Buzzi apostó a un proyecto diferente, pero también buscando montarse en una franja de la oposición. Terminó frustrado y absorbido, como el vocero de la Mesa de Enlace en que se convirtió, por posiciones identificadas con la derecha rural ultraconservadora.

Estamparle la firma a la solicitada de rechazo a la “estatización” del comercio de granos fue el paso extremo. Puso en peligro de ruptura a su propia organización, por el cuestionamiento de quienes le exigieron respetar la línea histórica de FAA y la defensa de la intervención estatal en favor del pequeño productor. Entre los que le cuestionaron esto no estaba De Angeli, cuya “bravuconada”, tras el acuerdo de la Mesa con el Gobierno, le dio a Buzzi la oportunidad de recomponer públicamente su figura.

“Para De Angeli es fácil decir las cosas desde la distancia, no teniendo que hacerse cargo. Así, cualquiera. Yo también me voy a mi pueblo y hablo desde el piquete y no me tengo que hacer responsable, pero esto no es así”. le respondió Buzzi ayer a De Angeli. Este había puesto en duda la validez de un acuerdo en el que, señaló, quedaban muchos puntos oscuros. “Cuando se firma un compromiso, hay que tener claro todo. Yo no lo tengo claro”, reflexionó, antes de lanzar la frase que provocó la inflamación testicular de Buzzi: “Si yo hubiera estado, no habría firmado”.

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