Cuando las changas cada vez alcanzan menos

El barrio Las Flores, en el sur de la ciudad, refleja como pocos la situación de miles de familias cuyos ingresos cayeron en los últimos meses y debieron reclamar ayuda estatal. Relatos en primera persona y denuncias de irregularidades.
Es mediodía y hace frío. Elvira Martinez hace cola junto a otras mujeres en la puerta del Comedor Jesús Pan de Vida emplazado en el Barrio Las Flores. Tiene 36 años, ojos cansinos y "un poco de vergüenza". "Mi marido siempre trabajó, pero hace tres meses que no consigue nada. En la empresa de construcción donde trabajaba está todo parado. Es la primera vez que vengo a un comedor", confiesa a Rosario/12. Cuando la situación no dio para más Elvira, que es madre de dos hijos, se anotó y permaneció dos semanas en lista de espera, donde todavía hay 60 personas aguardando a que las llamen. Según relevamientos oficiales en un año creció significativamente la demanda social en Rosario. El Ministerio de Desarrollo Social de la provincia incorporó a 7500 niños como nuevos beneficiarios de la copa de leche y hay unos 16.500 en lista de espera. El aumento de la pobreza puso al descubierto la existencia de 53 comedores que vendían la mercadería o sencillamente no la entregaban. Tan sólo en Las Flores hay registrados 55 instituciones de las cuales "la mayoría no funciona" según denunciaron los propios vecinos. A eso se suma una nueva denuncia: comercios que estafan a los beneficiarios de la tarjeta de ciudadanía única y que esta semana comenzarán a ser investigados.

El secretario de Municipios y Comunas del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia Julián Galdeano explicó que esta semana la dirección de Control Urbano de la municipalidad realizará operativos en pequeños comercios que retienen la tarjeta de ciudadanía única a los beneficiarios. "Les venden mercadería por 45 pesos y en el ticket le cobran 80. Por eso vamos a auditar algunos almacenes que ya fueron denunciados y si es necesario irán a la justicia", anunció. En Rosario hay 58 mil beneficiarios de este sistema que consiste en la acreditación de ochenta pesos mensuales para comprar alimentos. "Y tenemos tres mil solicitudes más que en su mayoría pertenecen a madres adolescentes de entre 13 y 16 años", explicó el funcionario.

Mientras tanto unos 41 comedores y copas de leche han sido cerrados por mal funcionamiento y otros doce tendrán próximamente el mismo destino. La causa por malversación de fondos públicos tramita en los tribunales provinciales y está a cargo de la jueza Roxana Bernardelli. "Estamos tratando de constituirnos como actores civiles para poder acceder al expediente", contó Galdeano. Y afirmó que hasta el momento "hay varios procesados en la causa", aunque no pudo especificar cuantos.

Los propios vecinos dan cuenta de las irregularidades. "Me sorprende que sean 55 los comedores registrados en Las Flores porque apenas funcionan once, de los cuales ocho no hacen más que entregarle mercadería a la gente dos veces al mes", detalló Soledad Aminchiardi, al frente del comedor Jesús pan de vida que funciona desde hace 17 años en el Barrio. Y sostuvo: "La gente no denuncia por miedo. A mi muchas veces me amenazaron por contar esto".

Lo cierto es que los espacios comunitarios que sí están brindando ayuda se ven desbordados de solicitudes de ingreso. "Tenemos unas 60 personas en lista de espera. Son familias que no tienen recursos, pero que no podemos incorporar masivamente porque tenemos estipuladas cierta cantidad de raciones", contó Aminchiardi. El espacio perteneciente a la parroquia de Itatí entrega 930 raciones de alimento. "Antes la gente faltaba o elegía el menú pero ahora vienen todos los días, no importa lo que haya", señaló ejemplificando el recrudecimiento de la pobreza.

La misma evaluación hizo Claudia Fleitas, líder del movimiento Libertador San Martín, una agrupación que tiene a su cargo 30 comedores en distintos barrios de la ciudad y donde hay 900 personas en lista de espera. "Hasta hace poco había gente que iba dos o tres veces a la semana, pero ahora van todos los días y es muy difícil dar respuesta porque el dinero que recibimos es el mismo desde hace cinco años". Por dar un ejemplo Fleitas cuenta que el centro comunitario ubicado en Platón al 1200, en Barrio San Martín sur, recibe un cheque por parte de la Secretaría de Promoción Social de la municipalidad por un valor de 490 pesos para alimentar a cien niños. "Son cinco centavos por chico. Con eso no hacemos nada. Los referentes del barrio terminan mangueando harina y grasa a los supermercados para poder hacer algo", denunció.

El secretario de Promoción Social municipal, Fernando Asegurado desmintió la denuncia: "Todos los años se incrementa el monto de las partidas para que se pueda dar asistencia social", sostuvo. Aunque admitió que en el último año creció un 25 por ciento la demanda de asistencia alimentaria. Según explicó, los sectores más afectados fueron los trabajadores de la economía informal. Changarines y albañiles que perdieron el empleo así como recolectores informares que vieron caer estrepitosamente el precio de los productos que recogen.

Es el caso de María Caballero, de Barrio Las Flores. "Soy ciruja cuenta con desazón , trabajé cinco meses para cobrar 68 pesos porque el kilo de plástico vale 20 centavos. Tengo un hijo de 11 años que es discapacitado y no me alcanza para nada". De lunes a viernes María recurre al comedor de calle Flor de Nacar al 7000 donde recibe el desayuno y el almuerzo. "A la noche no comemos", aclara, encogiéndose de hombros, pero sin soltar la porción de milanesas y fideos que acaba de recibir.

Detrás de ella una chica de tez morena y bajita tiene algo que decir. "Mi marido, Angel, era changarín en el puerto y se quedó sin trabajo. Ya debemos tres meses de alquiler y nos pidieron la casa. Soy del Chaco, acá no tenemos a nadie y nos vamos a quedar en la calle", repite, con angustia junto a sus hijos, una nena de dos años y un varón de nueve meses. Marcela Gómez se llama, y afirma que hasta el año pasado nunca había pedido ayuda en un comedor.

Las historias se suceden silenciosas y angustiantes, en los pasillos de comedores comunitarios de Rosario. Son en total 750 los que están registrados oficialmente. Y alrededor de cien más los que pugnan por abrirse. Como en el asentamiento de Travesía y Olivé donde luchan desde hace meses para que se abra un comedor. "Aquí hay una copa de leche", contó a este diario Zulma Espíndola, al frente del centro comunitario Rayito de sol, al que concurren cien niños. "Desde hace un tiempo notamos que cada vez más chicos vienen a buscar la leche y hay 200 familias que se inscribieron a la espera de que comience a funcionar un comedor porque no hay ninguno que realmente dé de comer a la gente", afirmó.

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