Cuando calienta el sol

“A Macri le pongo un 6,50”

Francisco De Narváez tiene una cuenta regresiva en su página web que culmina el día de las elecciones. “Hoy faltan 277 días”, advierte. Como si se tratase del protagonista de la serie 24, el dirigente pasa su enero en plena campaña, de la costa al conurbano, del conurbano a un canal de televisión y de nuevo a la costa.

En diálogo con Página/12, en un alto en el camino en sus oficinas de Las Cañitas, De Narváez argumenta a favor de unir a toda la oposición contra los Kirchner. “Me gustaría que la Presidenta esté mucho más en Washington que en La Habana”, sostiene.

–¿Ve una oposición uniéndose en la provincia de Buenos Aires?

–Es deseable, sin duda, porque esta vez se juega la continuidad de una forma de hacer política, que expresa el kirchnerismo. Tenemos que dejar de ser el felpudo de la política nacional e intentar una unión de toda la oposición a través de una interna, que es lo que yo propongo.

–Carrió pone límites: Duhalde y Macri, concretamente.

–El límite siempre existe. El mío es el kirchnerismo.

–¿Se siente duhaldista?

–No, soy peronista de la provincia. Y Duhalde es un muy importante dirigente del peronismo. Tengo una relación de respeto y amistad. Pero el gobierno de Kirchner es mucho más duhaldista que yo.

–¿Cómo ve una candidatura de Reutemann?

–La veo bien, porque mejora el nivel de los futuros candidatos. Es una persona sensata, y que habla poco, lo que me parece una virtud.

–Felipe Solá también “se ve presidenciable”...

–Todo político se ve presidenciable. Es como que alguien que juega al fútbol piensa en algún momento que puede ser Maradona.

–¿Cómo se ubica Solá en la oposición?

–Hubiera sido digno que cuando terminó su mandato no hubiera aceptado el cargo en la lista de Cristina y de Daniel Scioli. Ahí tenía las condiciones de ser un opositor genuino. Después no le ofrecieron lo que él quería, pero es una cuestión de precio. Y ser opositor no es una cuestión de precio. Es la diferencia entre el oportunismo y la convicción.

–Si se lanza a diputado, ¿es un problema para usted?

–No. Y la política no puede ser un mete-gol-entra: “Voy como diputado con este equipo; no me gusta, cambio a este otro”. Estamos todos grandes.

–¿La alianza con Mauricio Macri está rota definitivamente?

–Para nada. Está intacta. Se basa en una relación de amistad y de respeto con Mauricio, que hoy tiene una tarea compleja en la Capital. La va sorteando, con dificultades. Pero estoy convencido que al fin de su mandato los porteños van a estar orgullosos.

–¿Qué puntaje le pondría al primer año de Macri?

–Por ser el primer año... le pondría un 6,50.

–Si la relación no está rota, ¿por qué está distanciado con Jorge Macri?

–Algunos dirigentes creen que crear conflictos que no existen es una forma de tener protagonismo. Pero no hay que confundir los apellidos con los espacios. El entendimiento lo haremos con Mauricio. Nos sentaremos Francisco y Mauricio y conversaremos lo que haya que conversar.

–¿Alguna vez tuvo un encuentro con Carrió?

–En la Cámara de Diputados, únicamente, nos saludamos. Tengo respeto por muchas de sus opiniones y otras me causan más gracia.

–¿Qué le pareció la presencia de Jorge Macri, Carrió y Solá en el corte de los ruralistas en Mar Chiquita?

–Soy muy respetuoso de los reclamos del campo, pero creo que tenemos que ser muy cautos y acompañar como legisladores. Es equivocado caerles como peludo de regalo a las asambleas.

–Scioli ahora se muestra comprensivo con “el campo”.

–Es oportunista, zigzagueante. Scioli puede salir de un teatro de revistas o estar frente a un campo de ganado muerto y siempre declara lo mismo: “Fe, esperanza, vocación, compromiso”. Sos un gobernador, no podés.

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