Cuando el sol calienta de más

Por: Osvaldo Pepe

No es novedad que la degradación planetaria se ha transformado en el siglo XXI en una bomba de tiempo para la humanidad. Los científicos lo vienen advirtiendo desde hace al menos dos décadas; en todo el mundo, los políticos lo recitan en sus promesas de campaña, pero lo ignoraron e ignoran con obstinación cada vez que deben "hacer" y "asumir".

Ahora mismo están actuando en la cumbre de Copenhague una comedia que sabemos terminará con algún gesto simbólico y más dudas que realidades

Que el hombre modifica su entorno con la voracidad de un depredador y que esa mutación ambiental altera desde el clima hasta las vidas lo saben los escolares desde la primaria. En Copenhague los expertos acaban de decir que esta década es la más calurosa en 150 años, pero por acá ya lo estábamos viviendo sin darnos casi cuenta, con una sequía que en su momento asoló al 90% del país, con térmica y temperaturas récords para octubre y noviembre, con aguaceros de virulenta brevedad, más propios del trópico que de estas tierras del borde sur de la vida humana. Que no cuidamos el ambiente no es noticia, pero que no nos cuidamos a nosotros mismos, acaso lo sea. Vemos así que por los malos hábitos para tomar sol (ese sol que junto a los gases contaminantes están convirtiendo al planeta en una brasa) siguen aumentando los casos de cáncer de piel

Según el Ministerio de Salud bonaerense, los casos de melanoma crecieron 6% entre 1996 y 2008, aunque no hay datos nacionales: nos encanta maltratar las estadísticas. Quienes heredarán esta tierra, los jóvenes, son los que más sufren el cáncer de piel. Alguna pedagogía de los adultos los inspiró para que ellos tomen sol en horas prohibidas, no recurran a los protectores o rindan culto a las camas solares.

Comentá la nota