Cuando Banfield jugó, ganó.

Cuando Banfield jugó, ganó.
BANFIELD 1- ESTUDIANTES 0: El equipo de Burruchaga apostó a la pelota y obtuvo tres puntos fundamentales para su promedio.
Banfield encontró, ya de noche en el Florencio Sola, un motivo para pasar una semana sin la incomodidad de mirar en detalle la tabla de los promedios, esa situación tan recurrente en sus últimos torneos: le ganó 1-0 a Estudiantes y quedó 11 puntos arriba de Rosario Central y 17 por encima de Gimnasia La Plata, los dos que hoy estarían jugando la Promoción. No fue puro brillo Banfield, pero mostró algunos indicios (sobre todo en el primer tiempo) de que para engordar promedios la mejor receta es intentar jugar.

Entre los lugares comunes más frecuentes del fútbol argentino hay uno según el cual para evitar el descenso lo más aconsejable es luchar antes que jugar, meter antes que pensar. Está claro que, a juzgar por lo que viene mostrando en este tramo inicial del Clausura, Banfield está empecinado en desmentir aquella presunción. No le escapa al roce, pero no es el rasgo que lo distingue al equipo de Jorge Burruchaga. Por el contrario: la impronta de Banfield tiene que ver con lo que ofrecen el impecable Walter Erviti y el audaz Nicolás Bertolo. Ellos son los que comandan un equipo despojado de especulaciones, siempre respetuoso de la pelota. Al menos, eso fue lo que exhibió en ese primer tiempo en el que se mostró superior al equipo platense y hasta se puso en ventaja.

El gol de la victoria, a los 9 minutos del primer tiempo, fue un buen ejemplo de lo que quiere Burruchaga: mucha presión, mediocampistas con llegada y la precisión como mandato. Bertolo se aprovechó de una salida incómoda de Matías Sánchez, recuperó la pelota, tiró una pared con Sebastián Fernández, picó al vació, fue a buscar la devolución y definió fuerte y cruzado. Mariano Andújar no pudo y nació el 1-0.

Es cierto que, ya en el segundo tiempo, tuvo algunas dificultades para sostener su voluntad de protagonismo. Porque Estudiantes, impulsado básicamente por su propia necesidad, fue a buscar. Metió mucha gente en campo ajeno. Tiró centros, pateó desde afuera, chocó, intentó. A esa altura, el Banfield de los aplausos iniciales se había desdibujado un poco.

Lo de Estudiantes fue desencantador, más allá del resultado: candidato por riqueza individual, no mostró --en los 180 minutos que se llevan del Clausura-- razones para sostener su condición. Hay un atenuante: la prioridad del equipo es su viejo e intenso amor de fines de los años 60, la Copa Libertadores. Y en función de eso, Leonardo Astrada planificó el partido. Con Juan Sebastián Verón recuperándose de una lesión y con Marcos Angeleri y Rodrigo Braña en el banco como parte del Plan Rotación, se quedó sin tres grandes referentes. La idea es que ellos estén el jueves frente a Cruzeiro, en Belo Horizonte.

Entonces, quedaron al desnudo algunas particularidades poco agradables para Astrada y los suyos: Gastón Fernández puede ser un estupendo acompañante, pero no parece tener la espalda para ponerse a Estudiantes al hombro. En consecuencia, no hubo conductor y por eso el fútbol de Estudiantes terminó siendo una sucesión de pelotazos con destino incierto. La única excepción fueron algunos destellos del debutante Cristian Sánchez Prette, ya en el segundo tiempo. Demasiado poco ante un Banfield que se animó a jugar, a contracara de los mandatos para equipos en la maldita cornisa de los promedios.

Comentá la nota