¿Cuál será la estrategia de la oposición provincial en 2010?

En la actualidad, los dirigentes políticos de mayor peso en la oposición no parecen estar en condiciones de encolumnarse en un mismo proyecto.
Durante las últimas décadas, la oposición provincial ha cumplido un papel, quizás sin proponérselo, funcional a los intereses del Movimiento Popular Neuquino, que ganó todas las elecciones para gobernador.

Si bien es cierto que el caudal electoral del MPN cayó en los últimos años, también es una realidad que los sectores opositores no lograron aprovechar la situación, en la mayoría de los casos por impericia propia.

Como en todo proceso en que está en juego la carrera hacia la Gobernación, el año anterior a los comicios se perfilan los candidatos y cómo se conformarán las alianzas.

En la actualidad en la provincia de Neuquén la oposición al MPN está representada en tres sectores: los intendentes kirchneristas, el diputado nacional radical Horacio Quiroga y Unión de los Neuquinos.

Si bien no es impensado que pueda existir algún frente que esté integrado por referentes de esos sectores (muy heterogéneos, por cierto), también es un hecho que hay dirigentes que es imposible que puedan encolumnarse detrás de otro. Sería como juntar el Lanín y el Tromen.

Y en ese contexto, Quiroga juega un rol protagónico porque de la misma forma que el candidato opositor con mayor proyección hacia el 2011 (hasta el hartazgo insiste que irá por la Gobernación), también es el que más resistencia genera entre los otros dirigentes de mayor peso.

Un aspecto que cobra vital importancia es que al tener el gobernador Jorge Sapag una relación estrecha con el matrimonio de Cristina y Néstor Kirchner, la estrategia que tomen los jefes comunales K de la provincia -que precisamente conducen los municipios más importantes- no podrá estar aislada de ese vínculo.

En cambio, Quiroga parece caminar por una vereda paralela, tan separada que hoy por hoy se lo ve muy lejos de alcanzar acuerdos con los otros sectores opositores con peso electoral.

Además, la relación del intendente Martín Farizano con su antecesor dista de ser la ideal y sus diferencias se profundizan cada vez más, y las de sus colaboradores y laderos, también. En rigor, la gran mayoría de quienes apoyaron en 2007 al legislador nacional hoy acompañan el proceso que encabeza Farizano.

Por su parte, el UNE asoma como agazapado. Con una relación de amor y odio constante con sus socios del municipio capitalino, este partido seguramente planteará una estrategia en forma independiente y existen muchas posibilidades de que tengan su propio candidato en 2011 a nivel provincial.

Distinta es la situación en la capital porque es de imaginar que sus líderes, con Mariano Mansilla a la cabeza, no querrán poner en riesgo los espacios de poder que ganaron, máxime teniendo la gran elección que hicieron cuando se renovó la mitad del Concejo Deliberante el año pasado, donde obtuvieron el segundo lugar por sólo 200 votos.

Por último, habrá que esperar qué camino toma la relación entre Farizano y Sapag porque hay quienes afirman que ambos estarían dispuestos a ser reelectos y que, pese a pertenecer a partidos distintos, podrían hacerse un guiño positivo para que cada uno mantenga la actual conducción.

Culpas repartidas

Un clásico del verano es la falta de agua y también se tornó como tradicional las explicaciones forzadas de los encargados de brindar respuestas que siempre son coyunturales. Es un hecho que la solución a largo plazo es el canal Marí Menuco pero aún habrá que aguardar a que las obras se terminen, aunque es verdad también que el sistema de distribución domiciliario adolece de serias fallas que requieren reparaciones constantes como el acueducto subterráneo de la avenida Argentina en Neuquén. Es saludable (hay que reconocerlo) el trabajo conjunto entre Provincia y Municipio cuando hace poco tiempo atrás se desgranaban en mirar la paja en el ojo ajeno, llevando respuestas rápidas a los vecinos del oeste, el sector poblacional más desfavorecido por los servicios.

Fue tal vez el primer síntoma de un problema social que no entró en el vidrioso terreno de la pirotécnia verbal y política que los vecinos ya conocen y saben, perfectamente, que nunca se refleja en soluciones. Esta vez alguien golpeó la puerta con un poco de agua, mientras se espera por una solución definitiva.

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