La Cruz Roja advierte que aumentan en Haití la violencia y los saqueos

En un comunicado, el organismo internacional aseguró que "crece la desesperación" de los sobrevivientes. Ayer, un hombre fue asesinado a palazos porque había saqueado un comercio. El agua y la comida se demoran en llegar a la gente y hay una gran falta de coordinación.
"Los incidentes violentos y los saqueos aumentan en Haití, al tiempo que crece la desesperación" de los sobrevivientes. Con esas palabras sintetizó hoy el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) la situación que se vive en estas horas en Puerto Príncipe, la capital de la devastada y desesperante Haití, a seis días del tremendo terremoto.

Cossy Roosevelt, del comité de ayuda a las víctimas del terremoto en Delmas 93, una de las vías importantes de esta capital, ya había advertido ante esta enviada que "si se demora la llegada de alimentos y agua, en una semana tenemos un levantamiento". Es un periodista haitiano que trata, con su esfuerzo personal, recuperar un mínimo de acción colectiva para enfrentar el caos.

Cossy habla desde su propia tragedia: su casa se mantuvo en pie y su familia está bien. Pero el resto de las edificaciones que lo rodean de gente de clase media profesional, se derrumbó. Todos admiten ya que la crisis humanitaria, a la que habrá que calificar de genocidio si no hay una respuesta urgente internacional, llevará inexorablemente a un aumento de la violencia y de la inseguridad.

Proliferan los síntomas que indican la inminencia de explosión social. Ayer en Cité Soleil, la barriada más pobre de las inmediaciones de Puerto Príncipe, se asistió a un episodio patético: los habitantes lincharon a un saqueador de alimentos. Amarraron sus brazos delante de su cuerpo, lo ataron con dos cuerdas y comenzaron a darle palos hasta matarlo. Luego lo arrastraron por encima de las ruinas.

El embajador de Venezuela en la capital haitiana, Pedro Antonio Canino, fue gráfico respecto del temor que existe en las representaciones diplomáticas. Durante la conversación que mantuvo con la enviada de Clarín, frente al destruido Palacio de Gobierno, subrayó: "Hemos traído 94 toneladas de alimentos pero no vamos a repartirlas nosotros. Se las vamos a entregar al presidente Preval".

-¿Por qué no ayudar en la logística de la distribución al gobierno haitiano?

-Mire, si yo tengo que guardar esos alimentos en la embajada corremos un serio riesgo de vida. Nuestra residencia puede ser invadida. No tenemos aquí personal militar armado. Nuestros soldados y oficiales vinieron sin armas porque esa es nuestra política.

En Washington tienen el mismo diagnóstico que Caracas. "Los brotes de violencia representan un problema de seguridad para las tareas humanitarias", declaró el número dos del Comando Sur P.K. Keen. Para él es preciso "establecer un ambiente seguro para tener éxito con la asistencia". Consistente con esa evaluación, el gobierno de Barack Obama envió víveres y 12.000 soldados a Puerto Príncipe que acaban de llegar pertrechados con todo tipo de armas. Además, acaba de anunciar que convocará incluso a estadounidenses reservistas para enviar a socorrer a los haitianos.

Frente a este drama que va en aumento, recién hoy se reúne el Consejo de Seguridad de la ONU para tratar de coordinar la ayuda. La cita ocurre una semana después del desastre humano que dejó paralizada a las Naciones Unidas.

Ayer, su titular Ban Ki-moon, aterrizó en el aeropuerto Toussaint Louverture, manejado desde el jueves pasado por personal de los Estados Unidos. Y reconoció que la situación de caos puede volverse incontrolable, después de una reunión con el presidente René Preval donde este le indicó que se había quedado sin sus ministros.

Los edificios céntricos, que formaban un hermoso conjunto arquitectónico, quedaron absolutamente destruidos. Fue la parte más afectada de la ciudad. Pero hasta ahora nadie ha removido los cadáveres que se encuentran bajo los escombros. En una recorrida, Clarín pudo ver cadáveres en las edificaciones de la zona. Más precisamente vio asomar debajo de las ruinas piernas que parecían petrificadas. Y sin embargo, las tareas de rescate y de remoción no avanzan.

Domingo, quinto día del desastre provocado por el temblor 7,3 de la escala Richter, apenas se veían dos equipos profesionales operando en la zona en búsqueda de vivos y muertos. En la Legislatura y en el Senado haitiano no se veían rescatistas y sin embargo se sabe que bajo las ruinas de ambos edificios quedaron enterrados centenas de personas, entre legisladores y funcionarios.

Las cifras hablan por sí solas: apenas se rescataron 70 personas con vida desde el terremoto cuando las víctimas se cuentan por decenas de miles. Y en esa situación sólo se vieron dos equipos de rescate en un recorrido de más de 3 horas por la zona.

Pero nada más dramático que las escenas en el Hospital General, la única institución del Estado haitiano. A la entrada, un patio de 150 metros de largo y 60 de ancho cobija camas improvisadas donde yacen heridos al aire libre. Están cubiertos apenas por un techo de sábanas amarradas a cuatro estacas. Muchas personas adultas permanecen tiradas sobre lienzos en el piso y apenas vestidas con una camiseta.

Al llegar al lugar, Clarín vio una mujer que yacía en un colchón al pie de la escalera de la recepción. Estaba con suero en su brazo y emitía quejidos de tanto en tanto. Se salvó por poco de ser aplastada por una camioneta que traía otros heridos y que no había visto la camilla ocupada. Unos médicos extranjeros se mesaban sus cabellos, un claro indicio de desesperación y desborde psicológico.

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