Cruje pacto Moyano-Kirchner, la última muralla del poder K

Por: Pablo Ibáñez

Básico y elemental, Hugo Moyano manoteó la figura de Eduardo Duhalde para despachar un mensaje envenenado a Néstor Kirchner. Reveló diálogos ultrasecretos con el bonaerense, lo postuló para comandar el PJ y mutó, a destiempo, en vindicador del interinato duhaldista.

Ni una pizca de encantamiento hacia Duhalde motivó el puñado de frases ponzoñosas que ayer masticó el jefe de la CGT. Esta vez, el caudillo otoñal de Banfield fue, apenas, la daga que eligió Moyano para clavar en la puerta de Olivos a modo de ultimátum o carta de despedida.

En las últimas 72 horas, el camionero sufrió el revés más oprobioso desde que gobierna Cristina de Kirchner. En una gambeta, el ministro de Salud, Juan Manzur, echó al gerente general del APE, Hugo Sola, y ratificó en la Superintendencia de Seguros de Salud a Juan Rinaldi.

El doctor Sola es, además de tocayo, un aplicado soldado del titular de la CGT; Rinaldi lo fue hasta que tejió una sociedad de supervivencia con Graciela Ocaña para resistir al camionero. Con plenos poderes, Manzur sacó al moyanista y confirmó al antimoyanista.

No fue todo: al soltar a Sola, Manzur dejó que trasciendan expedientes de la APE donde consta que en estos meses las obras sociales de Camioneros y de Taxistas, que capitanea el ultramoyanista Omar Viviani, gozaron de una inusual celeridad en el envío de giros especiales.

Mientras la CGT, a coro, reclamaba que se destraben fondos por 2.500 millones que corresponden a las obras sociales sindicales, Sola agilizaba los trámites para que los pagos por prestaciones especiales a Camioneros y Taxistas no sufran ningún tipo de demoras.

Ahora, con ese dato en la mano, los «gordos» y «los independientes» entienden por qué Moyano nunca levantó la voz con ímpetu para pedir que se normalicen los pagos para evitar el desfinanciamiento de las obras sociales.

Segmentado

Ayer, en UPCN, Armado Cavalieri, doctorado en esos asuntos, se descargó con un informe sobre cómo segmentó Sola el reparto de fondos en beneficio de Moyano y Viviani. Lo escucharon el estatal Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez de UOCRA y Oscar Lescano de Luz y Fuerza.

La caída de Sola es, en una semana, la segunda derrota del camionero. Cuando se fue Ricardo Jaime imaginó que Julio De Vido le permitiría designar a Jorge González, segundo de Transporte. El ministro optó por un hombre propio: Juan Pablo Schiavi.

Se redobla, además, porque el viernes pasado Rinaldi presentó su renuncia a «La Super» y casi sin consulta previa, Manzur le pidió que se quedara.

El toque final es doble: el ministro de Salud, que se reconoce discípulo de Ginés González García, tiene su sindicalista preferido: Carlos West Ocampo, tiernamente apodado «Carlín», un cruzado full time contra Moyano.

Formó, de hecho, parte del staff de Isalud, instituto que apadrina G.G.G., quien constituye con West Ocampo una especie de unidad simbiótica.

Hasta en las formas, Manzur marcó la diferencia. Cuando reunió a los popes el viernes, hizo la convocatoria uno por uno e ignoró el habitual método de comunicar a través del camionero.

Por Sola, en tanto, entrará Mario Koltan, hasta el viernes funcionario de José Alperovich en Tucumán, que fue durante 4 años interventor de Subsidios de Salud, la obra social que cubre a los estatales tucumanos.

Koltan, que como Alperovich se afilió al peronismo en su adultez, tiene un currículum político que en otros tiempos hubiera inquietado a los gremialistas: se formó en la Federación Juvenil Comunista, «La Fede» -que llegó a presidir-, desde donde combatió la burocracia sindical.

La respuesta primaria de Moyano ante esas derrotas fue llevar el clima hostil a las calles. Para empezar, envió a Pablo, su hijo, a amagar con un paro brutal e indefinido; y ayer, con el mismo objetivo agitador, los taxistas bloquearon durante 7 horas la terminal de Retiro.

En simultáneo, puso a funcionar en plenitud su sociedad con Gerónimo Venegas, jefe de UATRE y de Las 62 Organizaciones, ganador del 28-J como cabeza del PJ disidente que colocó en las listas a Claudia Rucci y postula a Duhalde como presidente para 2011.

Venegas encarna, con el guiño de Duhalde -podrían mostrarse juntos hoy en una reunión de peronistas anti-K- la ofensiva más impiadosa para desplazar a Kirchner del PJ. Sin embargo, Venegas se convirtió en un férreo defensor de la continuidad de Moyano en la CGT.

La intervención del «Momo», a través de contactos telefónicos con Martínez y Rodríguez -que también dialogaron con Antonio Caló de la UOM- fue clave para desactivar la maniobra para limitar el mando del camionero en la CGT con la incorporación de Luis Barrionuevo y su Azul y Blanca.

Los «gordos», encabezados por Cavalieri y Lescano, promovían el regreso del gastronómico para que opere, en Azopardo al 800, como contrapeso de Moyano. No prosperó: por un lado, porque no hay certezas de que la movida pueda ser exitosa; por el otro, por temor a que el camionero rompa todo y arme su propia CGT.

«Luisito es pendular: pone muchas condiciones y nunca se sabe qué va a hacer al final. Y con el Negro nunca se sabe: por ahí queremos unificar y terminamos con tres CGT», redondeó una fuente sindical que siguió las negociaciones entre «los gordos» y «los independientes».

Como parte de esa tregua se evaluaba, anoche, suspender la reunión de mesa chica convocada para este mediodía en la sede de los metalúrgicos en Lugano. En su propio juego, Barrionuevo reunió a su gente y respondió a la invitación para volver a la CGT con un pedido: «Nosotros volvemos si se va Moyano».

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