Cruces, negociaciones e internas para el regreso de Cuba a la OEA

Un repaso de todas las posturas de los países que integran el organismo.
Semanas atrás, en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, el presidente Barack Obama logró frenar el debate sobre el reingreso de Cuba al sistema interamericanos que venía teniendo lugar en la región gracias a su carisma y a su gran popularidad. En San Pedro de Sula, Honduras, donde tendrá lugar la Asamblea General de la OEA, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, no podrá evitar el tema.

Lo que está en juego no es sólo el reingreso de Cuba a la OEA (pese a que la isla hizo saber esta semana que no tiene intenciones de regresar al "pestilente cadáver" de la OEA) sino también los cambios en las relaciones hemisféricas que prometió Obama. Para muchos países de la región, Cuba sigue siendo uno de los tests principales de esos cambios. Los diplomáticos latinoamericanos más pesimistas creen que la Asamblea de la OEA terminará sin consenso y que no habrá ninguna resolución sobre Cuba. Argumentan que la posición de Nicaragua y de los países de ALBA -que piden el reingreso incondicional de Cuba- es incompatible con la posición de EE.UU.. El Departamento de Estado insiste con que antes de que la OEA le abra sus puertas, Cuba tiene que respetar los principios de la Carta Democrática (Ver Qué es...).

Algunos diplomáticos más optimistas dicen, sin embargo, que en los últimos días de negociaciones se ha comenzado ver una luz al final del túnel. "Después de muchas discusiones, el Departamento de Estado está dispuesto a aceptar que se levante la sanción impuesta a Cuba en 1962", dijo a Clarín un diplomático consultado. "Es decir, han dicho que están dispuestos a firmar una resolución que prevea la derogación de la resolución que suspendió a Cuba en aquel momento. Es un cambio significativo. Antes ni siquiera querían eso".

Sin embargo, según la fuente consultada, la lista de condiciones para levantar la sanción que quieren incluir en la resolución es tan larga que muchos países no están dispuestos a aceptarlas. "Ahora lo que se está discutiendo es cuáles deben ser las condiciones. El problema es que el Departamento de Estado no tiene mucho margen de maniobra. El otro día fueron convocados al Capitolio y, por el simple hecho de haberse puesto a negociar el reingreso de Cuba a la OEA con nosotros, los trataron de traidores a la patria. Hay diputados y senadores que están muy duros", explicó a Clarín la misma fuente.

En el otro extremo se encuentran Nicaragua, Venezuela y los países del ALBA, que no sólo quieren el reingreso de Cuba a la OEA sin ningún tipo de condiciones sino que además están presionando para que EE.UU. se disculpe ante el gobierno cubano.

En los últimos días, sin embargo, desde Managua comenzaron a enviar señales conciliatorias dejando trascender que el presidente Daniel Ortega, que la semana pasada anunció su presencia en la Asamblea con bombos y platillos, muy probablemente asista a la inauguración y después se vaya. El venezolano, Hugo Chávez, podría hacer lo mismo. Es decir, ambos estarían presentes para la ceremonia de apertura, utilizarían a los medios presentes para sentar posición para el frente interno y regresarían a sus países dejando las negociaciones en manos de sus cancilleres. Si eso ocurre, no hay duda de que el clima para negociar los últimos detalles de la resolución sería mas distendido.

Los países de ALADI (organismo de integración económica de Latinoamérica), incluyendo Brasil y Argentina, defienden una posición intermedia. Argumentan que habría que derogar la resolución que suspendió a Cuba, pero que luego es necesario iniciar un proceso de negociación con Cuba en el marco de la Carta Democrática.

Brasil está bajo fuerte presión de los países del ALBA para que en la resolución de ALADI -que es la que más consenso tiene- no figure como condición la Carta Democrática. Tratando de hacer equilibrio, los diplomáticos brasileños dicen que la resolución no debe incluir nada que sea una imposición para Cuba. Saben, sin embargo, que EE.UU. difícilmente pueda firmar una resolución de ese tipo. Aún hay tres días para seguir negociando, pero si las negociaciones fracasan, las voces que vienen criticando a la OEA se verán reforzadas. Y la nueva era iniciada por Obama en Trinidad, que prometía una gran mejora en las relaciones interamericanas, habrá sido el sueño de una noche de verano en el Caribe. Todos habrán perdido una excelente oportunidad.

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