Crónica del imposible pacto de Barú Budú Budía

Crónica del imposible pacto de Barú Budú Budía
Durante el juicio oral que el ex presidente inició contra la líder de la Coalición Cívica, los dirigentes hablaron a solas sobre la estrategia política de sus partidos para enfrentar al matrimonio Kirchner.
Nunca nadie sabrá, exactamente, qué ocurrió ayer durante la media hora en que, después de casi seis años Eduardo Duhalde y Elisa Carrió, a solas, se vieron las caras. La chaqueña se había retractado y el ex presidente le había tendido un puente de plata a su rectificación: sus palabras –dijo Carrió– aludían a la "responsabilidad política" de Duhalde, responsabilidad que ella como legisladora también compartía. Duhalde tenía claro que el juzgado de María Romilda Servini de Cubría era un terreno difícil para él: la jueza tiene los ojos de Néstor Kirchner clavados en sus movimientos, pero además de autoridad electoral, la titular del federal 1 y la líder de la Coalición Cívica fueron alguna vez íntimas amigas. Los abogados se habían encargado de arreglar antes de la audiencia los detalles del acuerdo: querellante y querellada sabían que, más allá de quién resultara triunfante, la continuación de la demanda los lastimaría a ambos. Por otra parte, la judicialización de la vida pública es ajena al imaginario de Duhalde. Sin embargo, después facilitar una salida elegante, el ofendido quiso ajustar cuentas. Sin espectadores. El diálogo que a retazos pudo reconstruirse fue, con todo, el de dos dirigentes de fuste.

–Usted es un escollo para la reconstrucción del radicalismo –reprochó Duhalde.

La reunificación de la UCR, y la institucionalización de la conducción de Julio Cobos, son pilares fundamentales del plan que el ex presidente se imagina para enfrentar a Kirchner en 2011. Carrió no disimula su fastidio con el mendocino, a quien todavía llama "el vicepresidente del Frente para la Victoria". Tampoco con el propio Duhalde.

–Y usted es un escollo para los jóvenes –respondió ella.

El bonaerense es paciente y tiene la piel curtida. Su mujer, Hilda "Chiche" González tuvo menos resistencia. Había tirado la toalla hacía rato porque la ironía de Carrió, que había abundado en elogios a su trabajo de campo, le destrozaba los nervios. Por eso insistió:

–A los Kirchner se les gana con un acuerdo de unidad nacional. Usted es funcional a su estrategia: es la piedra en el zapato para un pacto de gobernabilidad.

–El pacto en el que usted piensa representa el statu quo.

No es un secreto: para Carrió, la Argentina es presa de la interna del PJ, donde el poder siempre se transfiere entre los mismos nombres.

–Usted es incapaz de dialogar –acusó él.

Duhalde está convencido de que un amplio acuerdo interpartidario es la única manera de romper el esquema de poder hegemónico que representa el matrimonio presidencial. Incluso, prevé un escenario de derrota peronista que posibilite la alternancia y el regreso del bipartidismo. Un tiempo para el radicalismo, que le permitiría al PJ aggiornarse sobre nuevos conceptos. Repite hasta el cansancio el "peronismo no ha sido republicano".

–Es su oportunidad. La de los radicales. Pero con usted es imposible.

–Yo dialogo. Con Felipe Solá, con Carlos Reutemann, con Francisco de Narváez. No pacto con usted.

Fue una confesión extraña, dadas las circunstancias. Entre esas cuatro paredes, sonó a provocación: el PJ disidente tiene autonomías que Duhalde ignora, podría haberle querido decir. Había sido un encuentro duro, entre dos concepciones de la política.

–Usted y yo nunca nos vamos a poner de acuerdo –concluyó Duhalde.

–No. Nunca.

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