Cromañón debe ser la lección para un país diferente

Por Fernando Gonzalez

No hay ni habrá remedio que pueda curar el dolor de cada familiar o cada amigo de los 194 muertos durante la noche maldita de Cromañón.

El fallo del Tribunal Oral 24, que a primera vista asoma desparejo, no ha colmado las expectativas de muchos de aquellos que perdieron a un ser querido en medio de las llamas. Hay quienes hubieran deseado penas aún más fuertes que los 20 años para Omar Chabán, o las que tuvieron los funcionarios porteños involucrados o los policías. Y la absolución a los músicos de Callejeros fue sin duda la mecha que encendió la polémica que terminó en incidentes. Nada puede justificar, de todos modos, esos gritos desgarrados pidiendo "hacer justicia por mano propia y matar a los jueces".

Porque, a cuatro años y medio de aquel recital que debió terminar en fiesta, las condenas son una realidad que castigará (cuando queden firmes) delitos por incendio, muertes, lesiones, coimas y sobre todo irresponsabilidad. Una cadena que conformó el escenario propicio para la tragedia y que debe servir como lección para todos: empresarios inescrupulosos, funcionarios sin compromiso, artistas irresponsables. Cromañón debe ser el pedazo de memoria que nos ayude a construir un país más previsible y más seguro.

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