Por las críticas, Kirchner apunta al jefe del bloque K en la Provincia

Es Raúl Pérez. Lo acusa de deslealtad. Le bajan el tono a los cuestionamientos.
Néstor Kirchner se enteró ayer lo que intuía desde el martes: que buena parte de los diputados bonaerenses del peronismo se habían reunido en Pinamar, lo habían criticado de manera feroz a él y a Daniel Scioli, y además se habían ocupado de hacerlo trascender a los medios, ese era el dato que más lo inquietaba. Con la lectura de los diarios del miércoles confirmó aquel temor inicial, que había comunicado a algunos asesores de confianza antes de que todo saliera en los medios, y entonces enfureció. Tomó el teléfono y se ocupó de que la gran mayoría de la veintena de diputados presentes en el asado intrigante de la costa sepan de su enojo, contaron fuentes del gubernamentales. Ahora quiere que Raúl Pérez, el jefe de ese bloque peronista, bonaerense, rebelde y pícaro, renuncie a su cargo. Sí o sí.

"¿Pero qué le pasó a los muchachos?", se preguntaba ayer el ex presidente desde la Quinta de Olivos, según pudo reconstruir este diario. Estaba superinformado. A la mañana sabía qué diputados habían estado en el asado y cuáles no, y evaluaba el impacto político que la incipiente rebelión peronista puede tener dentro del partido. "Todo lo que publicó es verdad, no me digan que se habló de otras cosas", repetía, enojado, contaron fuentes del Gobierno.

Lo que más lo enfureció no fue que en una reunión de Pinamar se lo haya criticado a él y a Scioli (el más mencionado en el asado), sino que algunos dirigentes se hayan ocupado prolijamente de que esos diálogos trascendieran a la prensa. El ultrakirchnerismo cree que Pérez es responsable de esa actitud que consideran desleal, a pesar de que efectivamente en ese asado se haya hablado de Kirchner como luego se publicó: "Nos lleva a la derrota", había sido la conclusión de la mayoría de los diputados presentes en ese encuentro de la discordia.

Para peor, Kirchner se convenció que fue Pérez quien dejó trascender que este movimiento crítico de legisladores bonaerenses analizaba encolumnarse bajo el liderazgo de Eduardo Duhalde, Francisco De Narváez, o el de los intendentes más jóvenes y con buena imagen de la provincia, como el de Tigre, Sergio Massa, o el de La Plata, Pablo Bruera. Demasiado para él. Es por eso que ahora exige su renuncia, aseguraron fuentes del oficialismo. El ex presidente habría filtrado su enojo hacia el bloque rebelde a través de un llamado a uno de sus miembros, el diputado Fernando "El Chino" Navarro, pero éste lo negó de manera enfática cuando Clarín lo consultó.

Frente a este escenario, los dirigentes peronistas que estuvieron en el asado de Pinamar intentaron, sin éxito, bajarle el tono al encuentro. El organizador de ese almuerzo, Horacio González, presidente de la Cámara de Diputados de Buenos Aires, negó que sus muchachos hayan iniciado una "rebelión", pero admitió que los legisladores expresaron sus disidencias hacia algunas políticas K: "Hubo una reunión de trabajo y se juntó un equipo. Cuando uno emite opiniones es para mejorar algo, pero no se puede hablar, como dicen algunos titulares, de rebelión", dijo en declaraciones radiales.

El propio Raúl Pérez, ahora señalado por el ultrakirchnerismo, siguió el mismo camino: "Como todos los años, nos comemos un asadito y hacemos una charla política. No fue así el tono que le da la tapa de Clarín", se enojó, aunque el día anterior le había dicho a este diario que en la reunión "se habló con ciertas libertades".

En sincronía con Olivos, otro grupo de diputados bonaerenses desmintió la supuesta rebelión que de otra manera los hubiera tenido como protagonistas: Guido Lorenzino, Franco La Porta, Jorge Varela y Juan de Jesús también dijeron que nada de eso existió, nunca, jamás.

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