Las críticas que más le duelen a Chávez, las de sus ex aliados.

Las críticas que más le duelen a Chávez, las de sus ex aliados.
Ministros que dejaron el gobierno y referentes socialistas lo acusan de autoritario y apoyan el no.
Karl Marx y Simón Bolívar sólo tienen un nexo en común: Hugo Chávez. El pensador alemán escribió, a mediados del siglo XIX, un artículo en que denigraba la figura del libertador. Lo llamó "hipócrita, cobarde y miserable" y lo describió como un "aristócrata con ínfulas republicanas".

Pero en el abigarrado ideario político del presidente venezolano, se cruzan sin orden ni concierto las enseñanzas socialistas de Marx y la semilla nacionalista de Bolívar.

Desde la llegada de Chávez al poder, hace diez años, figuras destacadas de la izquierda venezolana, como Teodoro Petkoff, Luis Miquilena o Douglas Bravo, han dado progresivamente la espalda al ex teniente coronel que un día de 1977 comprendió cuál iba a ser su destino.

Ese año, Chávez descubrió un libro abandonado por un comando guerrillero en fuga por el acoso de su unidad militar. El título del libro era definitorio: El papel del individuo en la historia ", del teórico del marxismo ruso Gueorgui Plejanov.

"Chávez ahora se declara socialista, pero hace diez años no lo era", asegura a LA NACION Teodoro Petkoff, histórico dirigente de la izquierda venezolana, fundador del Movimiento al Socialismo (MAS), en 1971, y candidato presidencial en dos ocasiones. "Yo nunca me ilusioné con Chávez", explica este viejo luchador de 76 años en su despacho del diario caraqueño Tal Cual , que dirige desde hace nueve años.

Economista de formación, Petkoff abandonó las filas del MAS en junio de 1998, cuando el partido apoyó a Chávez para las elecciones de ese año: "Si alguien tiene una fe de bautismo antichavista soy yo; fui uno de los pocos que no se deslumbró ante la figura de Chávez, aunque mi postura nunca fue muy visceral frente a él; traté de darle siempre el beneficio de la duda, pero en un contexto claramente crítico".

De verbo florido y pluma incendiaria, Petkoff rompió con el comunismo hace décadas y vio en el líder bolivariano "una carencia de proyecto y un autoritarismo" que no le gustó. Ahora, desde las páginas de su periódico abandera el voto por el no a la enmienda constitucional sobre la reelección presidencial indefinida que se vota mañana en Venezuela.

Para el veterano opositor, el único legado válido de Chávez es "haber colocado la cuestión social, la pobreza en primer plano, un asunto que había desaparecido de la agenda de los partidos tradicionales".

Pero el ex dirigente político no cree que Chávez le haya dado voz a esos millones de desheredados que lo votan: "Si entendemos que es el vocero de los invisibles, sí les ha dado voz, pero nadie más habla sino él; el pueblo tiene ahora una voz altisonante". Petkoff no cree en los datos oficiales que hablan de una reducción sustancial de la pobreza: "Sólo hay que darse una vuelta por Caracas para ver que eso es mentira".

El excesivo personalismo del líder bolivariano ha generado, según Petkoff, "un daño en la psique colectiva de Venezuela". "Chávez ha conseguido enfermar a este país, que sufre una patología muy grave en su alma nacional, dividida en dos bandos hiperpolitizados. Ellos [los chavistas] creen que son la encarnación de la verdad y la justicia, y cualquiera que los critique se convierte en un enemigo que debe ser eliminado", asegura.

El nonagenario Luis Miquilena es toda una institución en el espectro de la izquierda venezolana. Militante del Partido Comunista de Venezuela en la década del 40, se batió en el cobre contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-58) y fue encarcelado por su activismo político. A Miquilena se le considera el mentor político de Chávez, en quien creyó ver una nueva y vibrante llama revolucionaria para alcanzar el poder.

En los primeros años del chavismo, Miquilena ocupó varios cargos institucionales, llegó a ser ministro de Interior y Justicia durante tres años, pero en 2002 rompió con su discípulo por el sesgo "autoritario" que fue percibiendo en él.

Quizás el caso más sangrante para Chávez haya sido la disidencia de Raúl Isaías Baduel, compañero de armas del comandante desde 1972.

Aunque Baduel no participó en el intento de golpe de Estado frustrado que protagonizó Chávez en 1992, lo acompañó más tarde en su gobierno. Su papel fue decisivo para revertir el golpe que intentó derrocar al presidente venezolano en abril de 2002.

Efímero ministro de Defensa, en 2007, en noviembre de ese mismo año, ya retirado del gobierno, causó un terremoto político en las filas del chavismo al pronunciarse en contra de la reforma constitucional que se votaría un mes más tarde. Una reforma que ya incluía, entre otros puntos, la reelección indefinida. Chávez perdió ese referéndum.

"El país se enfrenta a la reedición del intento de golpe a la Constitución que se pretendió perpetrar el 2 de diciembre de 2007 [fecha del referéndum anterior]; no podemos ser indiferentes ni dejarnos amedrentar", afirmó Baduel esta semana en Caracas, en referencia a la consulta popular de mañana.

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