Crítica privada, apoyo público

Por: Ricardo Kirschbaum

La imagen negativa de Néstor Kirchner ha crecido de manera sostenida este año. Su candidatura fue derrotada en Buenos Aires por el novato Francisco de Narváez por un margen un poco mayor que el que se conoció en el escrutinio provisorio.

Su último registro de imagen negativa está cercano al 55 %, ha crecido desde el 42,60% de inicio de año y lo pone primero en la percepción negativa de la sociedad con sus dirigentes. Estos datos de Management & Fit no difieren de otras encuestas, que han medido el impacto del contrato del fútbol y de la ley de medios, aunque es previa a la sanción de Diputados.

Esta situación habría pesado en otros dirigentes políticos pero no en Kirchner quien, al parecer, ha resuelto "desconocer" esos datos de rechazo social y concentrarse en el control y acumulación de poder, sin que le importe el precio que pueda pagar en cada lance que libra.

Su convicción es que mientras mantenga con mano de hierro las herramientas del poder, mantendrá la disciplina del peronismo y de los gobernadores, cuyas rebeldías se limitan a sordas críticas en privado y apoyos públicos de viva voz.

Así encuadrado, por ahora, el peronismo y ratificada la alianza con el sindicalismo de Hugo Moyano, Kirchner ha decidido presentar con menos timidez sus acciones como de izquierda. La Presidenta ha dicho, nada inocentemente, que las críticas a la ley de medios eran de derecha, pavimentando el camino para que, engañosamente, la centroizquierda y los socialistas deban arrimarse al Gobierno, bajo el riesgo de ser estigmatizados, algo que para esa franja es insoportable.

Es decir, Kirchner ajusta sus fuerzas, gobierna sólo para su sector, sin importarle el rechazo de la sociedad: piensa que, ahora, no es una cuestión por la que deba preocuparse. Y seguirá adelante.

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