Cristy, la nueva muñeca del poder

Desde Paty te quiero hasta el querido Viagra, pasando por Avon, Coca-Cola, Pepsi, el Alto Palermo, Falabella y Garbarino, hay una lista enorme de productos y empresas cuyas acciones el Gobierno heredará de las AFJP.

Cristy country. Acciones por $223 millones en Nordelta.

Esa cartera es mía. Y ésas también. Y aquella otra, con el sombrero y los guantes de cuero. Y el saco. Y el shopping. Me quedo con el shopping. Ahh, qué rico perfume, qué fragancia... La fábrica es mía. ¿Pepsi o Coca-Cola? Las dos. ¡Canillita, el diario! Y la imprenta, el papel y sus periodistas. Todo. Y el Mickey, con la Minnie y la montaña rusa y de paso el subte, con la línea H. ¿Es nueva? El televisor digital: el Philips y el General Electric. Y ya que estamos, la casa de electrodomésticos. Todo. Le pago con tarjeta. Que es mi tarjeta. Como el banco. El chalet en el Delta es mío. Y Nordelta. Y ese yuyito, ¿es soja? También es mío. Todo es mío. Mío.

Si prospera, el proyecto de Cristina Fernández de Kirchner para eliminar las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones supondrá la nacionalización de más de 23 mil millones de pesos en acciones y cuotas parte de empresas privadas argentinas y extranjeras que las AFJP tienen en sus carteras de inversión. De ahora en más, el Estado pasará a ser socio de 221 empresas, por ejemplo, del Alto Palermo Shopping, de las multinacionales Pepsi y The Coca-Cola Corporation, de la cadena de fast food McDonald’s, de Metrovías, del exclusivo barrio privado Nordelta, del diario Clarín o de America on line Time Warner, la cadena de medios de comunicación más grande del mundo. Incluso, el Gobierno será inversor de los principales fondos de inversión agropecuaria: los endemoniados pools sojeros.

De shopping con Elsztain. En el verano pasado, las autoridades de la Administración Nacional de la Seguridad Social establecieron que para el Estado era prioritario colocar el dinero de los futuros jubilados y pensionados en proyectos productivos. Argumentaron que al mismo tiempo se estimulaban la economía y la actividad de las pymes y se preservaban los ahorros. Decidieron que como mínimo el 5% de los fondos debía destinarse a ese fin. Las AFJP, en cambio, tienen colocado apenas el 0,56% de sus inversiones en proyectos productivos o de infraestructura.

Las administradoras tienen otras prioridades. Por ejemplo, más de 100 millones de pesos en acciones del Grupo IRSA, propietario de los shopping centers Alto Palermo, Patio Bullrich, Alto Avellaneda, Paseo Alcorta y Abasto. El holding de la familia Elsztain también posee varios edificios de Puerto Madero y algunas torres emblemáticas, como el Rulero de las avenidas del Libertador y 9 de Julio. Ahora, una porción de las acciones de esa compañía pasará a estar bajo el control del Estado.

Además de los paseos de compra de IRSA, también la chilena Falabella quedará en la órbita de los interesas oficiales. Unos 10 millones de pesos en cuota parte del fideicomiso de la tarjeta de crédito de esas tiendas están en poder de las AFJP. ¿Será compatible la última oferta de splits de aire acondicionado con la estrategia gubernamental de ahorrar energía?

¡Todos a La Rural! La guerra gaucha marcó la primera etapa del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Comenzó el 11 de marzo con el dictado de la resolución 125, que estableció el sistema de retenciones móviles para la exportación de granos. Dos semanas más tarde, ante las protestas de los productores, se modificó el régimen. En un discurso en la Casa Rosada distinguió a los pequeños (“son el 85%”) de los grandes productores de soja. En el segundo grupo situó a los pools sojeros, “especuladores” que sólo persiguen la extraordinaria renta agropecuaria. Ahora el enemigo está en casa: las AFJP tienen invertidos más de 60 millones de pesos en fondos fiduciarios destinados al sector agropecuario. El Estado se asociará con los principales productores del “yuyo” –como llamó la Presidenta al cultivo– a través del Fondo Agrícola de Inversión Directa Chacarero II, Fideiagro, Faid, Fondo Forestal I UBS Brinson, Fondo Común Cerrado de Inversión Chacarero y Fondo Agrícola y el Fondo Agrícola de Inversión Directa. Además, las administradoras adquirieron más de 40 millones de pesos en obligaciones negociables (deuda) de Los Grobo Agropecuaria, el principal emprendimiento sojero del país. ¿Participará ahora el director de la ANSES, Amado Boudou, en los “piquetes de la abundancia” para defender la rentabilidad del campo? Lo contrario sería atacar el ahorro de los jubilados. También tendrá el Gobierno un rincón entre los “generales multimediáticos”, como calificó la Presidenta a los monopolios de la comunicación. Las AFJP tienen más de 185 millones de pesos en el Grupo Clarín.

Pianista del “efecto jazz”. El 23 de septiembre, la jefa de Estado debutó como disertante ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Al mundo le dijo: “La otra reforma que siempre hemos impulsado es la de los organismos multilaterales de crédito, pero fundamentalmente la de un modelo económico que centró en la economía de ficción y en el mundo de las finanzas el centro de la generación de riqueza”.

Más de 5 mil millones de pesos del “mundo de las finanzas” tienen las AFJP invertidos en la “economía de ficción”. Ahora el Estado argentino será socio minoritario de American Express ($1.553.446), Bank of America ($29.256.009), The Bank of New York ($525.683), Citigroup ($23.977.223), HSBC Holdings ($22.901), J. P. Morgan Chase ($22.189.368), ING Group ($5.114.689) o de Merrill Lynch & Co ($11.905.047).

Las inversiones de las AFJP en el sector privado, entre acciones y fondos comunes, representan más de una cuarta parte de su cartera de colocaciones, que al 15 de octubre totalizaba 86.225 millones de pesos. La participación en el sector privado llega al 48% si computa la tenencia de deudas corporativas. En cambio, según la normativa vigente, hasta el 35% de los fondos que administra la ANSES puede ir a esos mercados. El resto debe destinarse a títulos de deuda soberana.

La prueba de la blancura. El sueño del secretario de Comercio Interior y mandamás del INDEC, Guillermo “Patota” Moreno, se hizo realidad. Ahora podrá sentirse parte de los empresarios cuando negocie o imponga sus habituales “acuerdos de precios”. Si el Congreso nacionaliza las AFJP, pasarán al control del Estado argentino acciones de las multinacionales que fabrican las marcas del mercado minorista más vendidas del mundo: Procter & Gamble (Pampers, Magistral Ultra, Head & Shoulders, Old Spice, Koleston, Wella y Gillette) y Unilever (Suave, Vívere, Sedal, Savora, Rexona, Knorr, Impulse, Maizena, Dove, Cif, Hellmann’s, Ades o Axe). Además tienen valores en Colgate, Palmolive, Avon y Johnson & Johnson.

A través de la ANSES, el Gobierno también tendrá incidencia en el paquete accionario de Molinos Río de la Plata. Las administradoras acumulan valores en ese grupo por más de 440 millones de pesos. Molinos comercializa Granja del Sol, Vienísima, Exquisita, Matarazzo, harinas Blancaflor y Favorita, aceite Cocinero, Nobleza Gaucha y las hamburguesas Good Mark. Y si fuera necesario empardar algún valor, el secretario de Comercio Interior tendrá 12 millones de pesos en acciones del frigorífico Quickfood, que produce las hamburguesas Paty.

En la pelea de los precios, Moreno tendrá mucho margen para jugar a dos puntas. Procter & Gamble es propietario de los jabones en polvo para lavar ropa Ala y Skip, y Unilever de las marcas Ace y Ariel. ¿La prueba de la blancura estará en el plan de gobierno K?

Víctima de su propia torpeza e imprevisión, el Gobierno quedó enroscado en un complejo dilema. Si se desprende compulsivamente de esos activos, causará daños a muchas de esas empresas y, con ellas, a la economía del país. La desaceleración del ritmo del crecimiento en más de tres puntos del PBI que ya se anticipa para 2009 será aún más profunda si las compañías líderes pierden impulso. Incluso una “venta organizada y programada” de esos activos –como ahora hace trascender el Ejecutivo– generará una depreciación “organizada y programada” de las firmas afectadas. Por su necesidad estructural de participar en el mercado financiero, las AFJP eran hasta el viernes pasado el principal actor de la plaza.

En cambio, si la Casa Rosada instruye a Boudou para que mantenga intacta la cartera de inversiones de las AFJP, tendrá que convivir con la contradicción de financiar a sus presuntos enemigos ideológicos, los promotores de la especulación y de la obtención de rentas extraordinarias: los egoístas hacedores de la injusticia social.

Crear lo creado

“Se va a crear una comisión para controlar los fondos.” El principal argumento oficial para defender la transparencia del destino de los recursos que pasarán de las AFJP al sistema de reparto es la creación de un “comité de seguimiento”, que en realidad ya fue creado por un decreto de Kirchner. Pero nunca se reunió ni designó a sus integrantes. La única función que el presidente había previsto para esa comisión era la de informar sobre el estado y la evolución de los fondos que invierte la ANSES. Con la sola excepción de las colocaciones de deuda donde participa –en un año la Secretaría de Hacienda tomó 6.350 millones de pesos de los jubilados–, la cartera de inversiones de la ANSES es un misterio.

OPINIÓN

Quiero mi remera Lenin

Ignacio Miri

Nunca quise irme del sistema estatal de jubilaciones. Desde 1994 recibí decenas de llamados telefónicos, tackles de promotoras en las empresas en las que trabajaba, ofrecimientos de compañías de medicina prepaga y bancos que, en cuanto descubrían que mis recibos de sueldo eran 100 % libres de AFJP, veían en lo más hondo de mí una conejita de Playboy, pero virgen. Dije no decenas de veces. No, gracias. Pero mirá que tu jubilación va a ser basura. No, gracias. Pero usted debe pensar en el futuro de sus hijos. No, gracias. En algún momento me tomé el trabajo de dar algunas explicaciones a los oferentes acerca del costado solidario de los sistemas de jubilaciones o sobre lo que yo pienso que debe hacer el Estado. Esa segunda tanda de explicaciones cambiaron mi apariencia de conejita y me transformaron –vi la extrañeza en el fondo de los ojos de una promotora de OSDE- en un embajador tardío del leninismo.

Los llamados pararon hace un tiempo. Con candidez sospeché que se habían cansado. Cuando la inocencia me abandonó, intuí que tal vez tener una AFJP ya no era un negocio tan voluminoso y que los bancos no deseaban capturar más clientes.

Todo cambió esta semana. Ahora tengo –en realidad tienen “mis aportes” o “El Estado”, para los que prefieren mayores niveles de abstracción- terrenos en Nordelta. Tengo un cachito de Alto Palermo. Mi dinero financia las compras con la tarjeta de Falabella de los que fueron a mi último cumpleaños. Favorezco los planes de financiación de los plasmas en Garbarino. Mi plata queda en riesgo cuando Coca Cola, o Pepsi, o la zapatería Grimoldi, emprenden una aventura. Y no quiero. No me parece bien que el Estado pague las apuestas del Banco Macro. Prefiero que le aumenten la jubilación a mi mamá, o que se tomen la educación en serio. Devuélvanme mis orejas de conejita, o mi remera de Lenin. Cualquiera de las dos opciones me deja más tranquilo.

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