Cristina vuelve a China por los millones que nunca llegaron

Está previsto que a fines de enero o principios de febrero, todo el Gabinete, más un grupo de empresarios y la cúpula de la CGT integren la comitiva. Los chinos están interesados en los activos de YPF y en la riqueza minera argentina.
La presidenta Cristina Fernández viajará a China entre fines de enero y principios de febrero próximo, junto con todo su Gabinete, un batallón de empresarios y la plana mayor de la CGT, dijeron a Crítica de la Argentina fuentes oficiales. El viaje tendrá como objetivo central obtener inversiones y financiamiento que le permitan al Gobierno completar su gestión sin mayores sofocones, y revertir el papelón que representó cinco años atrás el anuncio –fallido– de una lluvia de recursos chinos en la economía argentina durante la gestión de Néstor Kirchner.

La primera visita de Cristina como jefa de Estado a la potencia económica más pujante tendrá un eje: el interés de la China National Petroleum Company (una de las dos petroleras estatales del gigante asiático) en los activos que Repsol tiene de YPF. También, las potenciales inversiones en infraestructura de transportes y en la industria minera. Y la búsqueda de espacios para las empresas argentinas en un mercado de 1.300 millones de habitantes.

Pero no todas son rosas. Las autoridades chinas le pasarán factura al Gobierno por no haber avanzado en el reconocimiento de su país como economía de mercado (según los parámetros internacionales), un trámite que está pendiente de tratamiento en el Congreso nacional. Otro punto de discordia serán las trabas impuestas por la Aduana argentina a las importaciones de origen chino. La posibilidad de una mayor flexibilidad en este último aspecto, a cambio de inversiones y financiamiento, puso en alerta a los pocos industriales locales que se enteraron del viaje de Cristina.

La apertura del mercado chino se visualiza como un oasis para la Argentina con vistas al año próximo, en que seguirán las restricciones para el acceso al crédito externo. De hecho, el ministro de Economía, Amado Boudou, confirmó que un eventual acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no implicará un nuevo endeudamiento con el organismo. Esta semana, el Premio Nobel de Economía Paul Krugman le recordó a la Argentina que no está en el mapa de los Estados Unidos.

El viaje comenzó a gestarse en forma reservada a fines de septiembre durante una visita a China del canciller Jorge Taiana y el secretario de Comercio Internacional, Alfredo Chiaradía. Los funcionarios se reunieron con el ministro de Relaciones Exteriores, Yang Jiechi, y acordaron que la visita incluirá convenios económicos y una misión de empresarios locales en búsqueda de negocios. Esta semana el Gobierno le avisó al jefe de la CGT, Hugo Moyano, que le reservará ocho lugares en el avión presidencial para llevarlo junto con dirigentes de la central obrera.

Incluso se especulaba con una avanzada de funcionarios de segunda línea el mes próximo para preparar la llegada de la jefa de Estado y las seguras entrevistas que mantendrá con el presidente, Hu Jintao, y el primer ministro, Wen Jiabao. Fuentes diplomáticas reconocieron que Cristina tuvo la oportunidad de concretar el viaje a China este mismo mes, pero que debió declinar la invitación porque implicaba superponerla con su gira por la India, que culminó hace dos semanas.

La República Popular China es el segundo mayor comprador de productos argentinos (el primero es Brasil) y el tercer proveedor (detrás del vecino del Mercosur y de Estados Unidos). La relación de los Kirchner con la potencia asiática fue sinuosa. Más allá de los gestos mutuos de buena voluntad, el punto de inflexión fueron las nunca concretadas inversiones por u$s 20 mil millones que se suponía el gigante haría en 2005. Desde el año pasado, además, el Gobierno intensificó sus controles aduaneros para frenar el arribo de importaciones chinas a pedido de industrias locales sensibles, como la textil y la del calzado.

"Una gira presidencial tiene la máxima importancia. China tiene 1.320 millones de habitantes y un mercado de consumo que cada año incorpora a 350 millones de personas", explicó Ernesto Fernández Taboada, director ejecutivo de la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China. El directivo destacó que la potencia "está saliendo bastante bien de la crisis. Es una gran oportunidad para nuestro país", pronosticó.

El fiasco de los u$s 20 mil millones

"Un cuento chino". La definición no fue de un dirigente de la oposición sino del viceministro de Comunicaciones del gigante asiático, Qian Xiaoqian, cuando en marzo de 2006 le preguntaron por el presunto aluvión de inversiones de su país en la Argentina, que había trascendido en 2004 pero que nunca se concretó. En aquella ocasión circuló con mucha fuerza, a través de información que funcionarios dieron a los periodistas, la versión de que el presidente chino, Hu Jintao, traería en su visita a la Argentina inversiones por 20 mil millones de dólares, con los que hasta se especuló con pagar parte de la deuda externa.

A pocos días de la llegada de Jintao, en noviembre de 2004, el entonces presidente Néstor Kirchner debió salir a desmentir esos rumores. La visita del mandatario terminó por saldarse con promesas de inversiones por un monto similar al que había trascendido pero a diez años de plazo, a cambio del reconocimiento del estatus de economía de mercado por parte de la Argentina.

OPINIÓN

Las dos caras del milagro

Alejandro Bercovich

El milagro chino tiene dos caras. Una es la de los millones de campesinos pobres que lograron emigrar a las ciudades y consumir algo más que dos platos de arroz diarios gracias al espectacular crecimiento industrial de los últimos 20 años. Ahí está también la "nueva clase media" de burócratas y profesionales, con la que sueña cualquier exportador europeo o estadounidense a la pesca de nuevos mercados. La otra cara es la de las megafábricas instaladas o subcontratadas por las multinacionales de Occidente, donde se apiñan ejércitos de obreros sin los más elementales derechos laborales. Sólo en el primer trimestre de 2009, la agencia de noticias oficial Xinhua dio cuenta de 18.501 muertos en accidentes de trabajo. Pese a tratarse del país más poblado del mundo, la tasa supera con creces la de cualquier nación occidental.

El Estado chino y sus socios empresarios sólo invierten sumas significativas en emprendimientos que les garanticen un acceso sostenido a recursos naturales estratégicos. Por eso África se convirtió con el cambio de siglo en su nueva tierra prometida. Según la división de estudios de The Economist, sus inversiones en el continente negro se multiplicaron por 23 entre 2003 y 2008. Beijing también condonó las deudas que les reclamaba a 33 Estados africanos. Y le prestó hace dos años a la República del Congo 5 mil millones de dólares para que desarrollara su infraestructura. A cambio obtuvo derechos de explotación sobre sus minerales y acceso irrestricto de sus productos industriales baratos al mercado congoleño. Aunque todavía está lejos de Estados Unidos, China se coló en el podio de las potencias mundiales y pelea el segundo puesto con Japón. Brasil, un ejemplo más cercano dentro de los apodados "emergentes", acaba de entrar en el top 10. Pero no lo hizo entregando sus recursos naturales sino potenciando su entramado industrial, de la mano de un empresariado que –a diferencia del argentino– arriesga e invierte.

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