Cristina volvió a la actividad: "Soy presidenta los 365 días"

Cristina volvió a la actividad:
Encabezó un acto en Olivos con anuncios para los productores rurales. Confirmó que sufrió un cuadro de deshidratación y dijo que es una "hipotensa crónica". "Soy una pingüina: el calor me afectó, además de la mucha actividad", aseguró.
Fue un testimonio silencioso pero visible de la "lipotimia" y de los consejos médicos para su recuperación. En lugar de la clásica botellita de agua mineral, tuvo al alcance una bebida saborizada para reponer sales, como las que beben los deportistas. Ayer, después de seis días, la presidenta Cristina Kirchner reapareció encendida como siempre y abundó en explicaciones sobre su salud. "Soy una hipotensa crónica, pueden dar fe los enfermeros que me toman la presión", sostuvo tras agradecer a todos aquellos que "se preocuparon" por su estado en los últimos días.

Ocurrió al mediodía en la residencia de Olivos, donde Cristina encabezó un acto de anuncios para el campo que había sido postergado el viernes pasado a raíz de su descompensación.

Contra las versiones que salieron de Olivos, aseguró que no tuvo "ningún desmayo" y explicó que la deshidratación por el calor -"soy una pingüina, no se olviden"- y la mucha actividad, hicieron que "no me pudieran levantar unos días la tensión y tuviera que mantener reposo".

Además, añadió que ella no puede descansar ni "desenchufarse" porque "realmente soy presidenta las 24 horas del día y los 365 días del año, y eso en algún momento repercute en la salud".

Muchas cámaras y periodistas acudieron al quincho del salón de convenciones para registrar su regreso. Una mesa "ecuménica" presidió el acto: de derecha a izquierda, el gobernador socialista de Santa Fe, Hermes Binner; el de Buenos Aires, Daniel Scioli; el presidente provisional del Senado, José Pampuro; la Presidenta, en el centro; el jefe de Gabinete, Sergio Massa; el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti y el de Santiago del Estero, el radical K Gerardo Zamora.

A la Presidenta se la veía con buen semblante, aunque al lado de Massa, con su color pinamarense, estaba mucho más pálida. No se podía atribuir a asuntos de salud: el mismo efecto causaba Scioli, conocido deportista y amante del sol, sobre sus vecinos de rostros invernales Pampuro y Binner.

Los anuncios se refirieron a créditos a tasas bajas para la compra de maquinaria agrícola; un convenio para que el precio de los fertilizantes tenga proporción con el de los granos y la suspensión por 180 días de la resolución que establece peso mínimo para faenar novillos. Por la tarde, las medidas fueron criticadas por la Mesa de Enlace -cuyos representantes no fueron invitados al acto- que volvió a insistir en que problema del sector es la "rentabilidad" (ver pág. 4).

Al final, la Presidenta quedó rodeada de decenas de periodistas. Precisó que "mi tensión mínima es de 7-9, 7-10" y que esta vez se complicó por la deshidratación cuando le bajó a 6 y 5. Bromeó sobre la bebida con sales, a la que se había sacado la etiqueta. "Si quieren que la deje, que me paguen".

"Lo único que les pido chicos, es que no me peguen", dijo Cristina porque a cada paso que daba se producían empujones en el denso pack de periodistas. En el tumulto, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, exhibió su polifuncionalidad al querer sumarse al anillo de protección de los custodios.

Consultada sobre el viaje a Cuba, una posible reunión con Fidel Castro y el caso Hilda Molina, Cristina evitó precisiones y apuntó a bajar expectativas a la visita: "Se va a dar en el marco que le dan (a las visitas) a la isla todos los mandatarios extranjeros", dijo.

Si bien habló sobre su salud, pareció molestarse con la pregunta inicial de una periodista: "Estamos hablando de los terneros overos y ella me dice 'el episodio (de salud) Presidenta'", dijo, buscando imitar el tono de la cronista.

-¿Cómo se siente ahora? -se le preguntó.

-¿Y vos cómo me ves?

- Se la ve bien...

- Bueno, así estoy, ¡gracias!, -se despidió antes de desaparecer por los jardines de la residencia.

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