Cristina termina su primer año al frente del Ejecutivo con la misma imagen que De la Rúa

La primera presidenta electa cumple esta semana doce meses al frente del Gobierno con un saldo deficitario: su imagen negativa alcanza el 38,7%, unas décimas más a lo que cosechó el entonces mandatario de la Alianza en 2000, un símbolo del fracaso en la administración. El dato surge de una encuesta exclusiva realizada para PERFIL por Managment & Fit. CFK perdió a lo largo del año 27 puntos en la percepción pública, fundamentalmente a partir del conflicto con el campo. El Valijagate, la influencia de su esposo y los adulterados índices del INDEC fueron los aspectos más criticados.
A poco de dejar el poder, Néstor Kirchner se jactaba de haber logrado sacar a la Argentina del infierno para depositarlo en el purgatorio. A los dos días del traspaso del poder, el 12 de diciembre de 2007, las llamas alcanzaron a la incipiente gestión de su mujer, Cristina Fernández de Kirchner. El escándalo del valijero Guido Alejandro Antonini Wilson fue el preludio de una sucesión de golpes al corazón oficialista, cuyo pico de tensión social se alcanzó con el extenso paro agrario.

El miércoles se cumple el primer año de CFK al frente del Gobierno, o el quinto de la era kirchnerista, según bajo qué prisma se mire. Y los números preocupan: su imagen negativa sobrepasa por un escaso margen el nivel de desaprobación con el que terminó sus primeros 365 días Fernando de la Rúa, un símbolo de fracaso en la gestión.

Según una encuesta exclusiva de PERFIL, realizada por Management & Fit, la Presidenta culminó noviembre con un 38,7% de imagen negativa. El mandatario aliancista finalizó 2000 con una evaluación negativa de 38,2% según Opinión Autenticada, y del 36% para la encuestadora Gallup.

En enero, Cristina Kirchner comenzó con un 56,5% de aprobación, un arrastre de su contundente triunfo electoral. A partir de mayo, su imagen positiva nunca más volvió a ser mayor que la negativa. La caída fue del 27% entre los albores y el final de su primer año.

Los primeros meses estuvieron signados por las críticas a las cifras del INDEC y su mentor, el polémico Guillermo Moreno. Hasta que sobrevino la pelea con el campo, que se llevó cinco de sus doce meses de gobierno y la hizo tocar un piso de 20,3% de aprobación cuando derogó la polémica Resolución 125. “Apenas asume, la sorprende Antonini y después vino lo del campo, donde Néstor se metió y no se despegó más. Recién en la segunda mitad del año, Cristina pudo comenzar a mostrar su impronta”, opinó una importante voz kirchnerista de la Cámara baja.

Después de que se anunciaron las retenciones móviles, el 11 de marzo, volvieron a sonar con fuerza algunos de los puntos centrales de su campaña electoral: Pacto del Bicentenario y redistribución de la riqueza. El Gobierno soñaba con un 25 de Mayo histórico para lanzar el pacto social. Con una masiva concentración a favor del campo en Rosario, archivaron la iniciativa. También la redistribución de la riqueza, que cobró fuerza como justificativo de las retenciones, quedó fuera del discurso K.

En la guerra oficialista contra Clarín, la mandataria acusó al humorista gráfico Hermenegildo Sábat de enviarle un “mensaje cuasi mafioso” a través de una caricatura. Luego, CFK intentó retomar el diálogo con la prensa con una inédita conferencia de prensa en la Quinta de Olivos, en agosto.

El autismo durante la crisis agraria concluyó con la salida de Alberto Fernández, que decantó en expulsiones de funcionarios de su riñón, en medio de denuncias judiciales, como el ex superintendente de Servicios de Salud Héctor Capaccioli, y la ex secretaria de Medio Ambiente Romina Picolotti. Las idas de Martín Lousteau de Economía, Alberto Abad de la AFIP y Javier de Urquiza de Agricultura completan el abanico de renuncias. Algunos de los díscolos K que dejó el agro regresaron y otros dieron el portazo definitivo. El núcleo íntimo de toma de decisiones se cerró aún más.

Esfumada la Concertación Plural de Cobos, el Gobierno se replegó dentro del peronismo tradicional. Así, en los puntos más difíciles de la disputa con el agro, el PJ se ocupó de llenar de militantes la Plaza de Mayo y la Plaza de los Dos Congresos para denunciar un supuesto “ánimo destituyente”.

La prometida “apertura al mundo” también rápidamente sufrió un revés con la denuncia presidencial de “operaciones basura” orquestada desde Washington, en el segundo estallido del Valijagate. Hicieron falta 10 meses para que desde el exterior llegaran buenas señales, gracias a la reapertura del canje de la deuda con los hold-outs y la cancelación del pago al Club de París, anunciados en septiembre pero congelados más tarde. Igual, sólo permitieron una leve suba de la imagen positiva de CFK. Otro miembro del gabinete nacional apeló a la mala suerte: “Cada vez que hubo un intento por mostrar la iniciativa política, la Presidenta sufrió el revés de la coyuntura. Discutimos el pago a los socios del Club de París y se desató la crisis financiera en los Estados Unidos”.

El derrumbe de los mercados promete repercutir en el país. Pero el oficialismo se muestra confiado. “La política macroeconómica impulsada desde el año 2003 nos permite afrontar las turbulencias internacionales con mayor tranquilidad”, consideró el jefe de Gabinete, Sergio Massa en un positivo balance anual difundido por la agencia DyN.

La estatización de Aerolíneas Argentinas, la prórroga de la emergencia económica y el fin de las AFJP fueron las batallas que el oficialismo logró ganar en el Congreso. A pesar de que la Presidenta, en Nueva York, aseguró que la Argentina no precisaba una “Plan B”, éste ya se puso en marcha con la repatriación de capitales y una moratoria impositiva que prometen un duro debate legislativo. Así, Cristina Kirchner comienza su segundo año de mandato esperando no volver a caer en el infierno.

Comentá la nota