A Cristina sólo las buenas noticias

Por Diego Schurman.

¿Cuál sería el propósito de blindar a Cristina? En los momentos más álgidos de su gestión, la mandataria mostró quiebres emocionales. Kirchner muchas veces tiró de la cuerda más de lo que su esposa consideraba prudente.

Néstor Kirchner se lo pidió café de por medio.

–Hablale a Cristina. Pero no le des malas noticias.

Alberto Fernández le sonrió, poco convencido.

El sol calentaba la Residencia de Olivos y los ex compañeros de gobierno se rindieron a un arduo debate sobre el escenario electoral.

La frase más desopilante fue cuando abordaron la puja entre las distintas vertientes del kirchnerismo porteño.

–No nos estamos peleando por una torta, nos estamos peleando por una tortita negra –fue el sincericidio del ex jefe de Gabinete.

En la despedida, el santacruceño insistió con el tema que lo desvela.

–En serio, Alberto, llamala. Pero no le des malas noticias.

Fernández creyó que se trataba de una exageración. Hasta que supo que el pedido de misericordia comenzó a ser una constante en boca de Kirchner. ¿Cuál sería el propósito de blindar a Cristina? ¿Acaso los cuestionamientos traspasarían los muros de la Quinta Presidencial?

Hay una respuesta que aquellos que acceden a la intimidad del poder recién ahora se animan a dar: en los momentos más álgidos de su gestión, la mandataria mostró quiebres emocionales producto del estrés. El propio Kirchner muchas veces tiró de la cuerda más de lo que su esposa consideraba prudente.

Ser la máxima autoridad de la Argentina es una tarea insalubre. La "guerra gaucha" hizo perder capital a la pareja y terminó por eyectar a Fernández. La mandataria nunca lo perdonó y desde entonces no se hablan.

Solapadamente, el ex jefe de Gabinete está trabajando en la campaña y tiene vocación de conversar con Cristina aunque únicamente si es a calzón quitado. La solicitud de Kirchner de cuidar las formas le indica que todavía no es el momento.

Otro Fernández, Aníbal, dio cuenta de la sensibilidad imperante en el poder cuando pidió que el personaje de la Presidenta en "Gran Cuñado" no siguiera al aire. A los que creyeron ver allí un arrebato del ministro de Justicia, simplemente hay que recordarles que se trata de uno de los voceros más experimentados del Gobierno y, sobre todo, que al matrimonio K le disgustan las imitaciones.

En Olivos no saben que Marcelo Tinelli está a punto de provocar nuevos dolores de cabeza con la incorporación de Carlos Menem. El riojano ya habría aceptado un convite para participar de un sketch del programa, para el cual también pensaron en Eduardo Duhalde.

¿Cómo les caería a los Kirchner que sus personajes compartan escenas con quien en cada acto de campaña rotulan como "el innombrable"? En Ideas del Sur hicieron saber que además del Menem real habría otro personificado por uno de los humoristas del staff.

"Gran Cuñado" es la comidilla de la Casa Rosada. A Sergio Massa lo tortura verse con un secador y una planchita en mano, siempre bien pegadito a Cristina. De nada le sirvió al jefe de Gabinete mostrar un perfil propio ante el matrimonio. Terminó representado como un correveidile que hace conocer al público las buenas noticias.

Kirchner es un cultor del optimismo. No admite los malos augurios ni en la intimidad. Llegó a vaticinar un triunfo por 15 puntos de ventaja en la provincia de Buenos Aires.

–Ganamos, quedate tranquilo, Alberto, ganamos caminando –censuró la preocupación de Fernández en una conversación telefónica posterior al encuentro de Olivos.

–Yo veo los números, si te querés mentir, mentite vos –le subió la apuesta el ex funcionario.

–Vamos bien, vamos bien –insistió K.

–Escuchame, Néstor, las encuestas que veo yo son las mismas que ves vos y no dicen que ganamos caminando.

De acuerdo a esos sondeos, Kirchner está 2,7 puntos por encima de Francisco de Narváez. No más. Aunque el porcentaje de indecisos todavía es importante.

El candidato de Unión-PRO adjudica a esa tenue diferencia la difusión de la causa judicial donde aparece vinculado a Mario Segovia. De acuerdo a la investigación, de un número de la flota de sus celulares salieron cuatro llamados al rey de la efedrina. El hecho ocurrió hace tres años y el juez Federico Faggionatto Márquez no trepidó en difundirlo en medio de la campaña.

En las últimas horas De Narváez hizo una cabriola con su discurso.

Tras confiar en la versión judicial, dar por hecho que esas comunicaciones existieron y presentarse en los tribunales, ayer pasó a decir que probablemente todo haya sido un invento para perjudicarlo.

–¿Realmente cree que todo es una pantomima? –le preguntó este diario.

–Esto fue impulsado claramente desde Olivos. Kirchner les dijo a varios periodistas: "Síganlo al Colorado porque lo vamos a involucrar en una causa". Después apareció Faggionatto Márquez citándome y Aníbal Fernández diciendo que estaba bien lo que el juez hacía. Aún no hemos podido acceder al expediente, pero la verdad es que sospechamos que las llamadas fueron plantadas.

De Narváez no sólo desconfía del kirchnerismo sino también de su socio político Felipe Solá. Por eso lo desplazó hasta de los spots de TV. ¿Y el publicitado almuerzo que ambos compartieron con Mauricio Macri en un restaurante porteño? Una foto para transmitir armonía donde predominan los recelos.

Nadie sabe si el 29 de junio los encontrará juntos. El jefe de Gobierno porteño aspira a ser referente de un nuevo peronismo, De Narváez irá por la gobernación bonaerense y Solá orientará su mirada hacia un PJ federal que contenga a Jorge Busti, Juan Schiaretti y Carlos Reutemann.

¿Kirchner? Mantiene su sueño presidencial para 2011 pero tiene como candidato muletto a Daniel Scioli. Al ir como número dos de la boleta del Frente para la Victoria, el gobernador quedó atado a la dedocracia de Olivos.

Como se ve, las prácticas no cambiaron, sólo las formas. Pero ¿a quién sino a la debilidad se le puede atribuir la versión del Néstor cándido y susurrante que admite "errores" por los micrófonos de Radio Mitre?

El edulcorado ex presidente ahora percibe en los cuestionamientos a las candidaturas testimoniales un intento de proscripción. Ese papel de víctima resulta poco creíble, pero los escraches ruralistas del viernes lo terminaron validando.

El debate posterior sobre una presunta falta de espontaneidad en las protestas no debe eclipsar una realidad palpable: que vastos sectores de la sociedad plasmarán en las urnas su malestar con el Gobierno. Una de esas malas noticias que Kirchner no podrá evitar que lleguen a los oídos de Cristina.

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