Cristina renovó pacto con CGT ampliada, que reclamó fondos para obras sociales

El Gobierno también deslizó un pedido para superar las disputas dentro de la central. No hubo anuncios oficiales, pero Cristina escuchó pedidos de algunos dirigentes
"Esta es la reunión más importante de todas". Con ese mimo especial y varios gestos de gratitud y elogios, la presidenta Cristina Fernández recibió ayer en la residencia de Olivos a los referentes de la primera línea de la CGT, encabezados por Hugo Moyano, ante quienes reivindicó la profundidad de la alianza política que une a su administración con el gremialismo ortodoxo y realizó una enfática defensa del monopolio sindical que ejerce la central obrera frente a la multiplicación de fallos judiciales que pusieron en jaque ese modelo de representación gremial. El almuerzo en Olivos, que se extendió por casi tres horas y del también participó Néstor Kirchner, fue –además– una cuidadosa puesta en escena por parte del Gobierno en su afán por calmar las disputas entre los sectores moyanistas y antimoyanistas de la CGT y garantizar la unidad de la entidad de cara a los próximos desafíos políticos del matrimonio Kirchner. Ese objetivo fue evidente en el propio mensaje que pronunció Cristina como en la pluralidad de sectores cegetistas que estuvieron representados en la mesa que ocupó la Presidenta: desde Hugo Moyano y sus aliados Antonio Caló, Héctor Recalde y Jorge Pérez Tamayo, los gordos Oscar Lescano y Armando Cavalieri y los independientes Gerardo Martínez y José Luis Lingeri.

"Fue un gesto a todo la CGT, una señal de que más allá del vínculo particular con Moyano, el Gobierno necesita interactuar con todos como una garantía de gobernabilidad", resumió uno de los dirigentes que compartió la mesa con Cristina sobre el sentido de las señales ofrecidas por la mandataria.

Durante el encuentro, que sumó la participación de los ministros Julio de Vido, Amado Boudou, Carlos Tomada, Debora Giorgi, Juan Manzur, Julián Domínguez y Florencio Randazzo, además del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, no hubo anuncios por parte de la Presidenta ni reclamos formales de los sindicalistas que, sin embargo, reservadamente acercaron algunos pedidos a la jefa de Estado, en especial por la situación financiera de las obras sociales y el impacto del mínimo no imponible de Ganancias sobre los salarios (Ver aparte).

Cristina inició su discurso formal con palabras de elogio a los sindicalistas por, según dijo, haber "acompañado y apoyado" el modelo impulsado por el kirchnerismo desde 2003. "Este es un homenaje a ustedes", afirmó. A continuación, destacó las dificultades que el país enfrentó en 2009 por efecto de la crisis financiera internacional, vaticinó que todas las expectativas para 2010 anticipan que será "un año muy bueno" e incluso subrayó que algunas actividades como la industria automotriz, la metalúrgica y la construcción ya muestran signos importantes de recuperación. Sin embargo, no hizo ninguna referencia sobre las próximas paritarias, donde los gremios ya proyectan subas salariales superiores al 20%, ni mencionó la pretensión del Gobierno de retomar la postergada creación del Consejo Económico y Social, como anticipan algunos sindicalistas incluido el propio Moyano.

En cambio, los jefes sindicales se fueron de Olivos festejando la férrea defensa presidencial del monopolio cegetista, un modelo que Cristina juzgó como un "ejemplo para el mundo" por los beneficios que –dijo– aseguró para los trabajadores.

"La reunión fue muy protocolar, pero excelente. Quedó ratificada la alianza entre el Gobierno y todo el sindicalismo, no solo Moyano", describió un dirigente de los gordos. Desde otro sector cegetista no descartaron que el llamado de Cristina a la unidad sindical sirva como puntapié para encarar un nuevo proceso de pacificación puertas adentro de la central gremial.

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