Cristina reina, pero no gobierna

Por Fernando Laborda

A la presidenta de la Nación le sigue importando más la construcción del relato y la posibilidad de dar clases de ética y técnica periodística que brindar señales claras sobre su gestión gubernamental. Como si se empeñara en reinar más que en gobernar.

Néstor Kirchner, en cambio, resolvió abandonar la conducción del PJ, del que tarde o temprano iba a ser eyectado, para concentrarse en el gobierno y en los duros desafíos que esperan al matrimonio gobernante.

Durante la conferencia de prensa ofrecida ayer en la Casa Rosada, Cristina Kirchner no dio respuestas precisas a la mayoría de las preguntas. Pero consumió la mayor parte del tiempo intentando explicar que el revés electoral del oficialismo fue casi un triunfo, y que la victoria de la lista macrista en la Capital Federal fue equivalente a una derrota por la disminución de su caudal electoral entre 2007 y el domingo pasado. Una interpretación mucho más propia de un jefe de campaña partidario que de la presidenta de todos los argentinos.

Las primeras declaraciones de los Kirchner tras las elecciones dieron cuenta de que ambos se resisten a admitir la realidad del veredicto emanado de las urnas.

La explicación de la Presidenta acerca del sorpresivo traspié en el distrito santacruceño llamó también la atención: "Algo tuvo que ver nuestra ausencia en el territorio". Mas no se amilanó: "En El Calafate ganamos con el 60 por ciento de los votos", subrayó, haciendo recordar la tristemente célebre intervención de Alberto Rodríguez Saá durante el escrutinio de las elecciones presidenciales de 2003, jactándose del triunfo de su hermano en una mesa de la "emblemática" Necochea.

La lenta ceremonia del adiós

El matrimonio presidencial ha comenzado a despedirse, lentamente, del poder que llegó a tener. La definición más clara en ese sentido estuvo a cargo de la Presidenta, cuando reconoció que se necesitarán acuerdos para asegurar la gobernabilidad.

El segundo indicador fue la renuncia de Néstor Kirchner a la presidencia del PJ, que quedó en manos de un dirigente dialoguista como Daniel Scioli. Desde Olivos, el ex presidente pilotará cualquier negociación para arrimar los apoyos políticos y parlamentarios que, desde ahora, requerirá el Poder Ejecutivo para llevar adelante sus políticas.

A eso han quedado reducidos sus objetivos por el momento. Con escasas fichas para sentarse con chances de éxito a la mesa donde se discutirá la sucesión de su esposa, la tarea de Néstor Kirchner pasará por rearmar el esquema de poder K.

No está claro cómo lo hará. Carecerá de los votos y de la caja que solía ostentar.

Concluida la fiesta preelectoral, caracterizada por el aumento del gasto público a niveles récord, gobernadores e intendentes de vastas zonas del país se encuentran frente a la posibilidad de que no sólo escaseen los fondos para financiar obras públicas, sino también para abonar sueldos en la administración pública.

El líder de la CGT, Hugo Moyano, ya ha anticipado que, finalizado el proceso electoral, volvería a la carga en busca de aumentos salariales, sin descartar acciones de protesta. Y, desde ya, buscará recobrar a través de gente de su confianza una parte del manejo presupuestario del Ministerio de Salud, con la idea de relegar al futuro titular de la cartera, Juan Luis Manzur, al manejo sanitario.

La Presidenta expresó que no debería pensarse en más cambios en su gabinete. No obstante, los Kirchner saben que ésa es una de las pocas cartas de las que disponen para una negociación que les otorgue algo de aire parlamentario.

Todo lo que venga será más difícil, sin duda, para el matrimonio Kirchner. El tiempo de la cosecha ha quedado atrás para el kirchnerismo. Y no es fácil encontrar campos fértiles para iniciar un nuevo período de siembra.

Con todo, la Presidenta no oculta su admiración por la excelente elección de Fernando "Pino" Solanas en el distrito porteño. No es que profese devoción por el cineasta, que no dudó en criticar duramente al Gobierno, sino cierta envidia por el espacio que pudo construir el líder de Proyecto Sur. Es allí donde surge una de los pocos indicios de autocrítica. Concretamente, cuando, no sin cierta melancolía, Cristina Kirchner deja trascender: "Si hubiéramos ido a fondo con la profundización del cambio...".

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