Cristina y Ramón, una historia de desencuentros, y de encuentros

Según publica la Revista El Parlamentario, "en el discurso en el que fundamentó su voto favorable a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, el senador catamarqueño se despachó contra los medios que, según él, lo habían atacado injustamente. Pero también fustigó a Carlos Ruckauf por haber frenado su ingreso al Senado. Le faltó por lo menos alguien más en su lista de reproche".
En la lista de enemigos políticos que traía el kirchnerismo al llegar al poder, Ramón Saadi tenía un lugar preferencial, a pesar de lo cual le ha sido funcional tantas veces como el Gobierno ha requerido.

Pruebas de ello podremos encontrarlas en estos párrafos del libro Cristina K. La dama rebelde, de José Angel Di Mauro, publicado en 2004.

Si ser rebelde significa decir lo que se piensa y manifestar el disenso democráticamente cuando no se está de acuerdo, entonces lo soy. Si plantear, por ejemplo, que el ministro Camilión debe renunciar o que la señora María Julia Alsogaray tiene responsabilidades institucionales concretas cuando por negligencia se produce el incendio en los bosques, o plantear que un senador no puede ingresar al Senado con un videopliego-por Ramón Saadi-, entonces soy rebelde", puntualizaba por esos días la senadora Kirchner ante la revista Parlamentario.

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Por esos días el ex gobernador catamarqueño pujaba por ingresar a la Cámara alta, avalado por un cuestionado pliego de la Legislatura de su provincia. Con el visto bueno del presidente Menem -como devolución de gentilezas a la poderosa familia catamarqueña por la colaboración de don Vicente Saadi durante la campaña presidencial del 89-, quien luego trató de despegarse de un tema que generaba un profundo rechazo de la sociedad, la Comisión de Asuntos Constitucionales había habilitado finalmente a Ramón Saadi a convertirse en senador. Se registró entonces la inédita reacción del titular del Senado, el vicepresidente Carlos Ruckauf, de negarse a tomarle juramento "por una cuestión de principios".

La actitud de Ruckauf -quien contó con el visto bueno del entonces gobernador Duhalde con el que estaba haciendo buenas migas- amplió las grietas en la bancada justicialista, alineándose ahora del lado del vicepresidente Eduardo Bauzá, José Luis Gioja, Emilio Cantarero, Carlos de la Rosa, Carlos Verna y Jorge Massat, quienes también presentaron objeciones para avalar el diploma del catamarqueño.

La ocasión sirvió para que Cristina Kirchner aplaudiera la actitud de Ruckauf, con quien en el futuro se enemistarían los Kirchner al límite de la impugnación. "Fue un gesto de salud institucional; más que una decisión política, es una decisión debida. Una bocanada de aire fresco", sintetizó la senadora a la hora de ponderar al vicepresidente.

Para ella, se trataba de una innegociable cuestión de principios: "Con el ingreso al Senado de personajes tan cuestionados por la sociedad, lo único que se lograría es perjudicar aún más la imagen del Parlamento, situación que les vendría muy bien a aquellos que están a favor de llevar adelante un fujimorazo".

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