Con Cristina, el Napia reapareció en público.

El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, estaba escondido a pedido de Néstor Kirchner. Pero ayer compartió el escenario con la Presidenta y el gobernador Daniel Scioli. Pidió apoyo para el proyecto pingüino.
Llegó una hora antes que Cristina Kirchner para hacer lo que más le gusta: predicar la práctica peronista entre los obreros. Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior, que había sido prolijamente apartado de los actos de campaña, reapareció ayer en escena a quince días de las elecciones legislativas en un acto de la Presidenta y el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, con trabajadores de fábricas recuperadas de todo el país. Lejos de esconderse, Moreno ocupó un asiento en el escenario y aplaudió cada palabra del discurso de Cristina.

Hasta ayer, el secretario de Comercio había cumplido el mandato de Néstor Kirchner y había desaparecido del alcance de las cámaras.

En Villa Martelli, partido de Vicente López, los 22 micros con obreros de todo el país, llegaron temprano para armar los puestos con sus productos a lo largo del galpón de la cooperativa "La Constituyente", una metalúrgica administrada por sus empleados desde el 2001 que produce siete mil toneladas al mes de tubos de acero. Cuando la Presidenta recién estaba aterrizando con su helicóptero en una cancha de rugby a dos cuadras del lugar, Moreno ya había saludado uno a uno a los obreros de la fábrica, preguntándoles por su tarea y arengándolos a seguir adelante en su apoyo al kirchnerismo. Lo mismo hizo con cada uno de los puesteros que mostraban salames, cueros, zapatillas, heladeras y hasta servicios de cartelería producidos con el sistema cooperativista.

Afuera, un enorme operativo de seguridad de la guardia de Infantería esperó la llegada de Cristina a esta metalúrgica ubicada sobre Constituyentes, una avenida que divide el partido de Vicente López –donde gobierna el radical K, Enrique "el japonés" García– del partido de San Martín. De ese lado de la vereda, los vecinos se quejaban de que la obra pública y las viviendas sólo tenían como destino a la vereda de enfrente, que comanda uno de los pocos radicales K que le quedan al oficialismo. Agradecido, cuando le tocó hablar en el escenario, el "japonés" García no le temió a la obsecuencia y aseguró haber recibido "infernales cantidades de obra pública" de la gestión presidencial.

Después de recibir un diploma honorífico por su apoyo a las fábricas, Cristina siguió una promesa de campaña que Néstor Kirchner había hecho el miércoles en una curtiembre recuperada en Hurlingham: anunció que van "a estudiar el proyecto de modificación de ley de quiebras", un pedido que acababa de reclamarle el presidente de este movimiento, Luis Caro. Este abogado nació en una villa miseria, pero estudió Derecho en la Universidad pública y ahora es especialista en quiebras "pero desde el lado de los trabajadores", como le gustó decir a Cristina. La multitud que llenó el galpón ovacionó a este hombre, que no sólo se animó a pedirle cambios en ley a Cristina sino que también lo hizo ante Scioli por la ejecución de las expropiaciones de las fábricas.

A pesar de que no habló de las elecciones, la Presidenta volvió sobre los temas de campaña de su marido. "Los ejes de este gobierno son el trabajo y la producción. Las dos políticas distintivas desde que se inició este proceso electoral", dijo frente a la multitud. Cuando terminó su discurso recorrió uno a uno los puestos donde la esperaban para mostrarle sus productos. En ese camino, Crítica de la Argentina le preguntó por el tema más importante de su día, la autorización de Cuba para Hilda Molina. La Presidenta prefirió remitirse a las palabras que dijo en la conferencia de prensa y seguir el recorrido. Detrás suyo, la seguía Moreno, que a pesar de su reaparición pública, eligió seguir hablando personalmente con cada trabajador pero evitó, como es su costumbre, cualquier palabra con la prensa.

Kirchner hace campaña y escribe las memorias: "Mis errores"

Néstor Kirchner dio ayer una nueva entrevista. Esta vez, frente a un grupo de viejos conocidos que comandan un curioso programa de tevé llamado "Café Las Palabras": sus conductores son el ex canciller Rafael Bielsa, su ex jefe de Gabinete, Eduardo Valdez y el encuestador Artemio López, que suele trabajar para el oficialismo. Kirchner empezó la entrevista con una confesión literaria. Contó que está escribiendo su libro llamado "Mis errores". Bielsa quiso saber si podía enumerarle tres de sus desaciertos, a lo que Kirchner respondió con una evasiva. "Qué tres, trescientos", rió, aunque no especificó ninguno. Como suele hacer en cada una presentación, el santacruceño criticó a su adversario Francisco de Narváez. Después de grabar la entrevista que se emitirá por un canal de cable, regresó al conurbano. En Avellaneda inauguró un centro odontológico, una plaza y una escuela y se arrojó sobre el público.

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