De Cristina a Milagro: "Seguí trabajando así"

La piquetera jujeña aplaudió en primera fila
En fila, a medida que la veían, los ministros se acercaban a saludarla. Ella se paraba, daba besos y un apretón de manos. Fue un día de reivindicación para Milagro Sala, la dirigente social que saltó a la fama por las denuncias del senador radical Gerardo Morales, que la acusó de ser violenta y tener un ejército con 500 armas en Jujuy.

El broche de oro al pomposo recibimiento oficial a la líder del movimiento Tupac Amaru se lo dio la propia Cristina Kirchner. Fue con un extenso abrazo, caricias maternales por la cara y el pelo y una dedicatoria especial. Corta. Pero contundente. "Fuerza, seguí trabajando así", le susurró al oído la Presidenta.

Milagro fue una de las tantas referentes de organizaciones sociales que ayer fueron especialmente invitadas por la Casa Rosada para la presentación del nuevo plan de asignaciones para niños. Y fue también la figura más buscada en un mediodía atípico en los pasillos gubernamentales, con cientos de jóvenes entusiastas de la agrupación JP y de La Cámpora, que mezclaron cantos en defensa de los "pingüinos", contra el Grupo Clarín y hasta le dedicaron sus elogios a Diego Armando Maradona.

Milagro contó que había llegado anoche a Buenos Aires. Tenía previsto participar hoy de un seminario en el Senado. Pero apenas arribó le avisaron desde ceremonial de la Casa Rosada que la esperaban para presenciar un "gran anuncio".

La ubicaron en la segunda fila, a un costado, sobre la izquierda. Imposible que pasara inadvertida. Ella se mostró dispuesta al diálogo con los medios, volvió a negar las acusaciones de Morales y defendió el nuevo plan social. Eso sí: estuvo siempre custodiada de cerca por dos muchachos robustos que siguieron sus pasos con recelo por el Salón Mujeres del Bicentenario.

En medio de los cantos de los jóvenes kirchneristas, autodenominados "soldados", que coreaban a los gritos sus gracias a Maradona por haber clasificado a la selección para el mundial, pasó inadvertido el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, que suele levantar todas las miradas. Igual, fue el primero en vivar a la jefa del Estado, sentado en la tercera final, y levantar sus dedos en V.

Más atrás se ubicó otro controvertido aliado del oficialismo, Emilio Pérsico, que debió renunciar al Ministerio de Desarrollo Social después de que su hijo quedó detenido por transportar plantas de marihuana en una camioneta oficial. "¡Los trajimos a todos!", se reía un kirchnerista moderado. Para colmo, Luis D´Elía se enteraba por los medios -cuando estiraba el cuello para saludar a Cristina- de que la Justicia lo había procesado.

Todo el plantel habitual oficialista se instaló desde el mediodía en las primeras filas. Madres y Abuelas de Plaza de Mayo; dirigentes sindicales como Hugo Moyano o Julio Piumato, y los legisladores fieles como Agustín Rossi y Carlos Kunkel.

La convocatoria había dejado sorprendido a más de uno. La mayoría de los legisladores se enteró anteanoche de la reunión, pero imaginaron que sería una arenga presidencial para aprobar cuanto antes la reforma política. Resultó que Cristina les sacaba un peso de encima en un fin de año cargado de actividad legislativa: las asignaciones salieron por decreto.

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