Cristina y la Mesa de Enalce deben ir juntos a Roma

Por: Pedro Peretti.

Los próximos 15 y 16 de noviembre se realizará la cumbre mundial de la alimentación en Roma, que contará con la presencia de innumerables jefes de Estado, representantes de la sociedad civil y hasta el papa Benedicto XVI.

Sin embargo, se supo extraoficialmente en el Foro de Alto Nivel de Expertos realizado por la FAO en Italia esta semana que nuestra presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, que no iría a dicha cumbre, contradiciendo las declaraciones realizadas por su ministro de Agricultura, quien señaló que el Gobierno busca sostener y reforzar el liderazgo internacional en materia agroalimentaria.

Si es cierto que ésta es la postura de nuestra Presidenta, ella debería rever su decisión de no ir, pues luego de haber fatigado hasta el cansancio durante todo el conflicto agrario con "la mesa de los argentinos" sería inentendible que cuando se discuta la "mesa del mundo" –en la cual la Argentina representa un jugador de alto nivel– nuestro país no esté presente a través de su primera mandataria.

A esto se le suma el "agravante" de que la Embajada Argentina ante la FAO, el FIDA y el Consejo Mundial de Alimentos ha cumplido una excelente labor en el marco del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, donde la licenciada María Squeff ha jugado un rol activo y de vanguardia, muy valorado por el conjunto de las organizaciones de la sociedad civil y destacado por el director ejecutivo de la FAO, Jacques Diouf. En la misma línea que nuestra Presidenta, la Cancillería argentina todavía no se percató de esta situación, pues no prestó ni el apoyo ni la atención debidos ante esta remarcable acción.

La seguridad alimentaria mundial está ante retos excepcionales. En 1996, la Cumbre de la Seguridad Alimentaria; en 2000, la Cumbre del Milenio y en 2008 la Conferencia de Alto Nivel FAO plantearon como desafíos centrales reducir drásticamente el hambre en el mundo.

A pesar de todos estos alegatos, lamentablemente, el hambre reina con más fuerza y arrogancia que nunca antes, tanto en relación con la enorme cantidad de hambrientos como por la mala alimentación de los que tienen. Con tristeza vemos que, lejos de mejorar, se empeora y que en los últimos dos años, a partir de la crisis mundial 2007/2008, hoy hay 105 millones más de hambrientos que el año anterior, llevando el número a más de 1.000 millones de personas. Algunas cifras: uno de cada seis habitantes del planeta tiene hambre. Hay 53 millones de hambrientos en América Latina y el Caribe, y de ellos 5 millones son argentinos.

La crisis de la seguridad alimentaria no es sólo un problema de dinero, inversiones o producción. Es, además, un fenomenal problema político –los tailandeses dicen "el arroz es política"– que amenaza gravemente la paz mundial. El hambre es siempre consecuencia y tiene como causas principales la concentración y la inequitativa distribución de la riqueza, las políticas públicas permisivas que posibilitan que grandes corporaciones se apropien de territorios y rentas, impidiendo de ese modo que una gran parte de la sociedad satisfaga sus más elementales demandas: comida, salud, educación y trabajo.

El mundo debate hoy como tema central la soberanía y seguridad alimentaria. Y ese debate tomará lugar en Roma, por lo tanto Argentina, en tanto poseedora de la enorme oportunidad histórica de proveer los alimentos que el mundo necesita, no debe desperdiciar la oportunidad de formar parte de ese debate, por problemas internos o mezquindades. No sería lógico que allí esté ausente una voz unificada entre la Producción y el Estado.

Por ello, el Estado y la sociedad civil argentina deberían poder discutir, para llevar una representación unificada a la cumbre, en la que participe todo el espectro productivo, sin corporaciones agroalimentarias, que son las que amenazan la seguridad y la soberanía, al lucrar con los productores y los consumidores.

El Ejecutivo Nacional, en la persona de nuestra Presidenta, debería encabezar una delegación integrada junto a las organizaciones gremiales agrarias –que conforman la Comisión de Enlace–, el movimiento campesino e indígena y los partidos políticos de oposición, en la que cada uno aporte su visión e intereses al debate por la mesa del mundo y la soberanía argentina. El desafío no es poco y es suficientemente serio como para llegar divididos. O sin proyecto o estrategia. Cristina debe liderar esa delegación, pues hay mucho por hacer y ganar, luego de un debate que necesariamente debe darse fronteras adentro, con el claro objetivo de satisfacer todas las necesidades que existen en nuestro país, y a partir de ello ofrecer todos nuestros alimentos al mundo.

Comentá la nota